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La Real Academia de la Historia conmemora el V Centenario del fallecimiento de Felipe I el Hermoso
MADRID, 15 (EUROPA PRESS)
La Real Academia de la Historia conmemora el V Centenario de la muerte de Felipe I, el Hermoso, rey de Castilla, con una acto ene l que participaron los Académicos Miguel Ángel Ladero Quesada, Luis Suárez Fernández, Faustino Menéndez Pidal y Miguel Ochoa Brun. En sus intervenciones, los académicos hicieron una semblanza de la figura de Felipe I, rey de Castilla, que fue además, el primogénito del Emperador, Maximiliano I de Austria, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, esposo de Juana I de Castilla y padre del Emperador Carlos V.
Cuando el 20 de junio de 1478 nació en Brujas el que con el tiempo sería conocido como Felipe el Hermoso, nadie podía prever que llegaría a ser rey de Castilla. Primogénito de Maximiliano I de Austria, después emperador, y de la duquesa María de Borgoña, estaba llamado a regir los territorios de sus mayores.
La muerte de su madre le convirtió en duque de Borgoña con tan sólo cuatro años, y, aunque vivió su infancia bajo la tutela de las poderosas ciudades de los Países Bajos, fue Maximiliano quien dispuso el matrimonio de su hijo, decisión que a la postre tuvo una importancia extraordinaria. En realidad se trataba de un doble compromiso; Felipe desposaría a la infanta española Juana mientras que su hermana, Margarita de Austria, contraería matrimonio con el príncipe Juan, el heredero de los Reyes Católicos.
BODA Y ALIANZA
Esta doble boda sellaba una alianza entre España y el Imperio, pero no llegaba más allá, si bien las circunstancias posteriores trastocaron los primitivos planes. Cuando Juana viajó a los Países Bajos en 1496 no contaba en la sucesión a sus padres. El heredero era su hermano y, además, tenía una hermana mayor, pero la muerte hizo estragos en la familia real, de forma que Juana de Castilla y Aragón inopinadamente se convirtió en heredera de los Reyes Católicos, lo que afectaba a Felipe en cuanto su legítimo marido.
A comienzos de 1504 los príncipes llegaron a España para ser reconocidos por las Cortes de Castilla y Aragón. Felipe intercambió regalos con sus suegros y se celebraron continuas fiestas, pero el aparato formal no ocultaba los problemas que suponía la llegada al trono de un extranjero condicionado por los intereses de sus territorios patrimoniales. La política seguida por los Reyes Católicos se resquebrajaba por las grandes ambiciones de su yerno y, sobre todo, por la precaria salud mental de la legítima heredera, la princesa Juana, que pronto se vio que estaba incapacitada para gobernar.
Sabedora de que de hecho todo el poder quedaría en manos de Felipe, la reina Isabel dispuso en su testamento que si su hija "no quisiere o no pudiere" reinar, fuese Fernando el Católico el gobernador de Castilla. Tras la muerte de Isabel en noviembre de 1504, el rey de Aragón reconoció a su hija pero permaneció como gobernador de Castilla. Juana estaba en Flandes y ni quería ni podía reinar. Sin embargo, Felipe el Hermoso se negaba a perder un reino que veía a su alcance. Los duques de Borgoña habían acumulado territorios y un poder que superaba al de algunos monarcas, pero nunca consiguieron ceñirse una corona real, y ahora Felipe la tenía al alcance de la mano. La pugna entre suegro y yerno fue muy dura y sólo se solventó a favor del flamenco cuando la poderosa nobleza castellana, ganada gracias a continuas dádivas, se puso de su lado.
El 12 de julio de 1506 las Cortes juraron soberanos a Juana I "reina verdadera y legítima subçesora y señora natural propietaria destos dichos reinos, y al dicho señor don Phelipe, nuestro señor, por rey verdadero e legítimo señor como a su legítimo marido". Felipe se había convertido en rey y, de facto, en el único gobernante pues Juana I nunca intervino en negocios de Estado. Mas la fortuna es impredecible y dos meses después de ser coronado falleció, si bien durante los meses siguientes el rey Felipe continuó presente gracias a la determinación de su esposa, la reina Juana I, quien ordenó que el cadáver fuera con ella a todos los sitios, con la intención última de trasladarlo a Granada, algo que no se llevó a cabo hasta 1525. El rey había muerto pero no había desaparecido
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