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José Miguel Marín Marín
Creía que esta iba a ser mi noche más triste..., sin duda me equivocaba.
Esta noche... será mi fin. Me voy a ahorcar..., me voy a suicidar.
Ahora mi pequeña habitación se me hacía inmensa...
Creo que estaba sufriendo taquicardias, sería la excitación del aquel momento...
Pensar que todo esto ya lo tenía planeado...

Abrí el altillo del armario. Allí en un hueco escondía una cuerda vieja, una soga... más bien una maroma. Una maroma austera...
Con solo un leve salto la pude coger. La llevé arrastrando hasta la otra esquina de mi cuarto. Una vez allí, la pasé por encima de la lámpara.
Sé que me arriesgaba a qué se desplomara... pero no aguantaba más este sufrimiento.
Cogí la silla de mi escritorio, y la puse aproximadamente debajo de la lámpara. Me subí en ella, y empecé a atar la cuerda.

Por fin llegó mi hora..., me pasé el nudo corredizo por el cuello..., en este momento se me venían a la memoria todas aquellas escenas de películas de Jesucristo, esa escena donde Judas se ahorca...
Ya no había vuelta atrás, no se podía pensar dos veces. Diciéndome esto, le propicié un puntapié al respaldo de la silla, dejando, por tanto, actuar la gravedad sobre mi cuerpo.
Sabía que no me rompería el cuello, sabía que mi muerte tendría que ser por asfixia, tendría que ser más dolorosa. Sobretodo para que no desentonara con mi vida...
Estos amargos minutos, en estos, en que me asfixiaba, empecé a recordar todo sobre ella. Todas las imágenes, se me pasaban por la cabeza como flashes en microsegundos.
Todos mis sueños empecé ha recordarlos. Que ironía, mi despertar lo haría soñando


...Sabes, estoy en la clase de química, y cuarto con ocho en el examen, aunque más o menos me lo esperaba, no me lo he creído hasta verlo. Es, como pasó contigo.
Cuando te conocí, empecé a subir una montaña, más tarde la coroné, y, fui en busca del único istmo, y me desplacé hasta el filo. Sabía que se rompería, además veía como se estaba resquebrajando poco a poco, sin pausa... pero miraba hacia abajo y veía el vacío infinito de la realidad, sin embargo me arriesgué a estar allí.
Apareces tú, andando hacia mí, descalza, enseñándome el envés de tu mano derecha. Te acercas más y más. Me miras, absorta, inmóvil, fría..., el istmo cae..., tu flotas, levitas, eres un ser superior.
Mis ojos inertes te miran mientras caigo hacia el Hades, el infinito, lo desconocido.
Veo tu cara triste, y tu voz intenta ayudarme, pero mi alma está herida de muerte, y no puede escucharte.
Mi dolor es eterno, intento imponerme a mi destino, pero es inútil. Viendo que es imposible, relajo mi cuerpo y lo dejo a placer de la gravedad. Sabes, es una sensación bonita mientras caes. Pero mi mente sabía, que en algún momento, mi cuerpo iba a impactar sobre el suelo..., la realidad.
Mi alma agonizaba, y no se podía permitir pensar esas cosas. Aunque al principio mi velocidad aumentaba exponencialmente, ahora se había estabilizado.
Aún te veo, y mi alma se revuelca en mi dolor, que abrasa mi cuerpo.
Sabes, la sensación de caída, se refugia en mi estómago.
Sé, que tú desde allí arriba te arrepientes de haberme mirado, pero no habías visto mi rostro, y la curiosidad te llevó ha hacerlo.
Sé, que te duele mi caída, por eso, mi alma aun tiene fuerzas, sigue creyendo, que hay sentimientos...
Intento aguantar las lágrimas..., era inútil, dos lágrimas empezaron a descender por mi rostro, en una trayectoria infinita. Su camino enfrió mis pómulos. Gracias a la inercia, y a las distintas velocidades, subieron las brillantes perlas. Yo mientras las observaba, dos brillantes en medio de la oscura noche. Tú intentabas cogerlas, pero se hacían infinitas y se extendían por todo aquel mar de melancolía.
Infinitas microgotas de aquel sentimiento, caían como rocío en el alba del día, el rozamiento con aquellas partículas me producía escalofríos.
Ahora divisaba el suelo, la realidad, era tan bonita. Tantos colores, muchas luces, ¿tal vez la realidad fuera París, Tokyo, Nueva York o Cieza?.
Aún te veo, aunque deseo que no veas mi caída..., encuentro con mi realidad. No puedo hablar, sigo cayendo, altos edificios en la superficie, todo inundado por las luces...
¡¡¡¡No mires!!!!- Al fin pude gritar.
Tú volviste la cabeza, observé como tu largo, negro, pelo, giraba sobre tu torso perfecto.
Conseguí mi objetivo, y pude esbozar una sonrisa.
Miro hacía abajo y observo mi fin, giro mi cabeza hacía arriba, pero tú no estás...,tu voz y tu rostro me acompañan en mi final, sé que de un momento a otro, terminará mi viaje, pero mientras tanto sigo pensando, y mi dolor aumenta. Sé que cuando toque la realidad, mi sufrimiento desaparecerá.
Estas son mis últimas palabras, ya puedo respirar la realidad, la puedo sentir. La verdad es que no quiero girar la cabeza, quiero que me coja por sorpresa.
Tus palabras me acompañan y tu...
...
...
... Sabes, he caído, ya no siento tu presencia, mi alma ha muerto, ya no tengo sufrimientos, no siento dolor, no me acuerdo de ti.
Intento abrir los ojos, ¡¡¡¡no puedo!!!!, sigo intentándolo, pero es inútil...
Tras muchos esfuerzos consigo mover un párpado y abro un ojo. Observo como la gente se aglomera sobre mí, pero no escucho nada...
...Estoy confuso, mi visión empieza a volverse de color magenta, y empieza a fundir la imagen, mi campo de visión se reduce...
...Ambulancias...hombres... de verde... intentan llevarme a la realidad...
pero mi alma revive y infunde tu pensamiento de nuevo...
...Cuando mi razón abandona...
no quiero vivir con esta sensación, este sufrimiento...
estoy contento, aunque muero..., muero con tu recuerdo...
...aunque sufro con tu pensamiento, sin él mi existencia no tendría sentido...
...Sabes, el fundido es total, lo veo todo magenta, per...
...per...pero...pero tu...
pero tu voz...
pero tu voz y tu cara...
...las ve...
...las ve...veía... ... ... ... .


... Creo que estoy sufriendo demasiado..., noto como el aire apenas fluye por mi cuerpo. Empiezo a patalear, empiezo a tiritar..., tiritar..., ¡sí!, como los astros de Neruda..., creo que estoy pagando todo el mal que hice en este mundo efímero de sueños. Esta continua pesadilla que se nos mezcla con la agonía, manteniéndose en simbiosis con la realidad. Este infinito mar de sueños, ¡me está ahogando!... ahora sufro por ti... sufro por ella...
... Sabes, últimamente la noche es oscura...
Yo la miro, y ruego que mimetice, pero apaga sus astros y me ignora...
Imploro a la luna, ella es indulgente...
Lágrimas corren por mi gesto, deslumbrando su sentimiento. Me inclino e imploro, y la luna accede...
Apaga sus hijos y me muestra tu imagen.
Cada noche que te veo me resultas más bella. Tu perfil es perfecto, tu rostro es idílico, tu cuerpo es utópico...
Cuando todo el mundo duerme, yo levántome e imploro a los astros del infinito...
Pero cuando la luna decrece, ya no se acuerda de mí...
Esas noches de sentimiento..., puedo ver a los tres hermanos tristes encerrados, y gimiendo...
Por más que pedí al cielo, no me prestaban favor. El sol va haciendo acto de presencia, y desterrando a sus hijos y esposa al vacío espacial...
El día es mi noche, la luz apaga mi corazón. Me encierro en mi manto y cuando el crepúsculo actúa, salgo de mi encierro y me arrodillo ante las tinieblas...
Estas noches son infinitas de suplicias...
El amor entra por mis venas y me hincha el corazón.
Necesito oxígeno...
Te necesito...

Mi cuerpo es una pira...
Mi corazón arde por tus ojos...
Mi alma arde por tu cuerpo...
Mi mente arde por tu sonrisa...

Esta noche la luna no aparece...
Mi cuerpo al ver esto se vuelve loco...
Empieza a tiritar, tirita como los astros de Neruda.
Puedo pasar toda la noche leyendo el último poema de Neruda...
¡Sí!, esta puede ser la noche más triste...
Pensar que un día te vi, y ahora no te veo...
Puede ser la noche más triste...
Pensar que te olí, y ahora no te huelo...
Puede ser la noche más triste...
Pensar que te oí, y ahora no te oigo...

Mis lagrimas ahogan mi alma, pero no entristecen a la noche...
A veces no puedo llorar..., mi alma no puede llorar más, pero, lloro... lloro sangre...
Esta sangre no me pertenece, es tuya...
Yo vivo para ti, tú eres mi dama...
Y juro que no podré pasar otra noche así...
Intento tranquilizar mi espíritu con tu efímera imagen en mi pensamiento...
Intento suavizar mi recuerdo con el perfume que envuelve tu alma...
Intento recordar tu tacto..., intento recrearlo en mi pensamiento...
Pero esto es inútil, solo sufro más...
Recordar esto, me hace ponerme más triste...
Puedo pensar que, si es estuvieras a mi lado, sería el hombre más feliz del mundo...
Solo pido ver tu cara, no pido nada más...
Mi obsesión es poder observarte, pero me es imposible...
Todo se me pone en contra...
A veces, me llamas de forma inocente, y crees que por mi voz, mi espíritu, puedo pasar sin tu presencia...
Sabes, cuando hablo contigo, intento hacerme fuerte, interpreto un papel, no es mi papel, ¡Qué ironía de la vida, ¡¿verdad?!...
Mi alma inerte, yace en tu pensamiento. Intento incorporarla a mi cuerpo, pero no desea alejarse de tu lado...
Cuando por fin llegó la luna, lenta, infinita, llena...
Le imploré, le rogué, no perderte jamás de mi vista...
Me enseñó de nuevo tu rostro, tu dulce sonrisa, tu dulce sueño...
Al terminar de ver tu figura, ella díjome que me podía hacer astro...
Entones, a la luna se le escapó una lagrima, llovió una estrella y la precipitó al infinito. Aquella estrella se apagó...
Y dijo que me veía triste y desesperado...
Me dijo, que yo podía ser la nueva estrella, el nuevo astro...
Siempre estaría junto a ella, cerca de la luna...
Me prometió que siempre te vería...
Cada noche te vería...
Cuando me dijo esto, se me escapó una lágrima. Esta no era de pena, sino de alegría, y pude esbozar una sonrisa, accedí al trato...
Yo a cambio, sólo tenía que dejar este mundo terrenal, materialista...
Dijo que me precipitara desde mi balcón hacía el vacío, ella me cogería antes de que cayera y me incorporaría a sus infinitos astros...
Así lo hice, me apoyé en el marco de la ventana, abrí los brazos y me lancé al infinito. Lo último que dejé en este mundo fue la única lágrima, que me fue producida de alegría y no de dolor...
Ahora todas las noches te veo, y soy el más feliz del cosmos...

Tú me podrás ver...
Cuando anochezca busca la luna...
Cuando anochezca busca la luna...
...busca a la estrella más próxima a ella...
...busca a la más próxima y a la que más brilla...
Ese seré yo...
Seré astro por ti...
Podrás decir; Esa estrella es mía...
Esa estrella me ama...
Ese seré yo...
Podrás decir; Esa estrella es mía...
Esa estrella me ama... ...
... Ahora si noto mi fin, ahora respiro, respiro este aire benigno, este aire piadoso. Pero no podía continuar con esto... todavía estoy vivo... ¡¡pero que egoísta!!... y mi madre, y mi padre... y ¡¡mi familia!!, si me quito la vida se la quitaré a ellos también.
Con este pensamiento, hice fuerza con mis manos y empecé a tirar de la parte de la cuerda que me estaba apretando la garganta... después de hacer un gran esfuerzo, conseguí separarla un poco de mi cuello, lo suficiente para introducir una mano entre la cuerda y el cuello. Metí la mano, y tiré con fuerzas. La lámpara se rompió y caí al suelo. Me quité la soga, y seguidamente me palpé el cuello con ambas manos. Tenía una marca abultada que lo recorría por completo.
El problema ahora era explicarle a mi madre que había pasado con la lámpara... no consigo que ella se vaya de mi cabeza... aún sigo pensando en ella...

El viento monótono, soplaba pesado del norte. Las perezosas nubes, se iban arrastrando lentamente por el campo, movíanse alegres, derrocando la crepuscular melancolía. Se balanceaba el trigo ondulando, imitando a las dulces y cristalinas aguas del mar. Mientras las nubes con recelo, desde el cielo, observaban el paisaje majestuoso. Su camino era lento, era largo, era infinito...
Condenadas a vagar por la tierra, por el mundo... Eran como yo, un triste melancólico ser, lleno de amor no correspondido, lleno de espinas. Era un pobre diablo, un hipócrita, a veces cínico y oportunista.
Allí yacía, en el campo de margaritas. Miraba al cielo, observando su dulce azul, sus tonos anaranjados, violetas, magentas...
El crepúsculo me hacía feliz, rompía mi monotonía y ponía color en mi alma.
Veía como las ornamentales nubes, marchaban hacía el oeste, como el viento doblaba las margaritas y me rozaban en la cara. Era una sensación tan bonita... rodeado de margaritas.
El viento soplaba, y yo allí, en medio camuflado, recibía besos de cada una de ellas.
Ese día, el viento, venía extraño, revoltoso, juguetón, soplaba de forma heterogénea.
El viento olía a ti. Noté una extraña sensación, un olor dulce, femenino, sutil, claro, turbio...
Salí de mi éxtasis, y me incorporé de un salto.
Observé a lo lejos, cómo una figura se desplazaba, a lo largo del camino antiguo. El trigo y las margaritas seguían el ritmo de tus andares.
Empecé a caminar, correr, volar, pero el viento se enfrentaba a mí, y las margaritas se aliaron a él. Tanto viento recibí y tanta margarita me saludó, que me despisté y te perdí. Pero mi corazón sabía que no estabas lejos. Cerré los ojos y lo seguí.
Fue una sensación muy extraña, miles de imágenes caleidoscópicas, de distintas formas y colores, pasaron por mi mente.
Abrí los ojos... y allí estabas...
Sabes, no se me olvidará en la vida...
Tu largo pelo se movía ondulando a ritmo del viento. Tu mirada se fijó en mí, de forma que lo haría un depredador.
Tus labios, para mí sonrieron...
Tus ojos, para mí brillaron...
Tu voz, para mí, se pronunció...
Nunca nos habíamos visto, pero nos contamos todo lo que deberíamos saber uno del otro...
Pero cuando marchabas, no se me ocurrió otra cosa, que decirte:
¡Mañana estaré aquí...!
¡Te lo prometo...!
¡En el campo de margaritas...!
Giraste el rostro, vi tu sonrisa, y tu pelo alborotado, que se desplazaba en todos los sentidos.
Marchabas hacía el infinito, y yo, allí clavado, en el camino antiguo.
Me temblaba todo el cuerpo, el alma y la mente. Solo podía pensar en ti...
Pero decidí seguirte..., y vi como mi amor, en la vida podría ser correspondido... Tú, ya tenías tu corazón ocupado, pero no me lo dijiste...
Mi corazón se partió en dos, y mi alma se desvaneció...
Con andares pesados, retomé el camino antiguo. Me encaminé sórdido, lento, mortalmente herido, al campo de margaritas. Allí me tiré y empecé a llorar. Las horas pasaron como decenio infinito...
Quería perderte de vista, pero en realidad no lo deseaba, quería enfadarme contigo, y decírtelo en la cara, pero no podía.
Ahora mi vida no tenía sentido, no tenía salida...
Así que me encaminé a mi nueva aventura, mi ultima aventura...
Mi nueva vida...
Era la única opción de estar contigo siempre...
No te pongas triste..., porque en realidad no existe dolor. El dolor es subjetivo. Existe la sensación..., es la que te produce cuando despiertas de un sueño, esa es la única sensación.
Mi amor había aumentado, y mi capacidad también, ahora me parecía más a ti...; Me acercaba más a la perfección.
Siempre estaré a tu lado...
Siempre te protegeré...
Seré una margarita, de las miles de mi campo...
Mi presencia te será satisfactoria.
Mi amor ya no será terrenal, material. Mi amor es idílico, platónico, utópico, quimero, onírico...
En realidad, el amor es el único sentimiento que puedo experimentar...
Soy etéreo, no tengo cuerpo, mi alma es amor...
Mi cuerpo yace en el campo, y mi alma en las margaritas...
Cada margarita cortada, será un trozo de mi alma en tu vida.
Cuando te acuerdes de mí, corta una margarita, mi alma estará allí y mi amor también...
Ya sé que tu corazón esta ocupado, y no le cabe más amor, pero, cuando despiertes de esta farsa, de esta pesadilla, tal vez sueño, no dudes lo que te dije...
Te lo prometo...
Aquí estaré...
Te estaré esperando...
En el campo de margaritas...
...Me encamino hacía el trastero, para ver si puedo encontrar cemento cola, o algo similar para colocar la lámpara. Creo que no lo tenía que haber hecho, soy un cobarde; al final me he rajado. Sigo por el pasillo penumbroso... ¿penumbroso?, creo recordar que mi padre se pasó todo el verano poniendo bombillas, para dejar de utilizar la linterna, pues este angosto pasillo era muy oscuro... era, y lo sigue siendo por lo que veo, mejor dicho, por lo que no veo.
- ¡Pfaaf!-, gran estruendo el que hizo mi cabeza al encontrarse con la puerta... ¿cómo es que está la puerta aquí?... creo recordar que estaba al volver este pasillo. Dirigí mi mano al pomo, y a la vez que lo giraba hice fuerza con todo mi brazo hacia el interior de la puerta... inútil... lo intentaba ahora con todo mi cuerpo... lo echaba todo hacia delante... cogí impulso hacía atrás... y en ese momento se abrió la puerta cayéndome de espaldas. La puerta abría hacía a fuera, y no al revés... “en fin” suspiré. Entré, busqué a tientas el interruptor de la luz... lo accioné... y ... no había ¡¡nada!!, la habitación vacía. Esto cada vez era más raro... ¡¡espera!!, hay un gran espejo en la habitación, me encamino hacia él, y observo mi figura durante un rato... mi camiseta del Atlético de Madrid... las letras “Marbella” se observaban en orden, y no estaban invertidas... el espejo invierte siempre el orden...
una luz se enciende en el pasillo... me dirijo hacia allí... pero todo me da vueltas, todo cambia... ¡otra vez no!...

... Estaba con mis amigos en la playa, y me empezaron a llegar mensajes tuyos...
Mensajes con fotos de un paisaje muy bonito, maravilloso; Me atrevería a decir utópico.
El día estaba plomizo, y no había mucha gente en la playa...
Las olas rompían más fuerte que nunca. Un inmenso olor a salitre llenaba nuestros pulmones.
Estaba pasando por los peligrosos adoquines del puerto. Era una zona complicada, ya que, el camino era muy estrecho, y en cualquier descuido, podías irte al agua de cabeza. Para colmo de males, el agua, con aquel gran levante, te rompía muy cerca y te impactaba en plena cara.
La mejor solución para pasar sin caer, era pegarte lo máximo a la pared del adoquín, y mantener el equilibrio, como un buen funambulista.
Estaba en ese difícil tramo cuando me sonó el móvil... era otro mensaje con una foto. Hice una maniobra malabarista para coger el móvil y no caer al agua en el intento. Pero estuve cerca de darle recuerdos a Poseidón...
Miré el agua por un momento, pensando, que me había librado de un buen chapuzón...
Mi corazón latía deprisa, la adrenalina fluía rápida por mis venas, y unos sudores fríos de terror recorrían mi cuerpo.
Subí la cabeza... y... y... estaba... ¡¡¡en el campo!!!. Todo ante mí cambió.
Lo extraño es que todo aquello me resultaba muy familiar... otro mensaje me estaba llegando... ¡¡CLARO!!, estas fotos... estaba en el mismo sitio donde fueron tomadas estas fotos.
Entonces empecé a mirar todos y cada uno de tus mensajes, y esas fotos las podía observar allí. La estaba viendo ahora, veía esos preciosos parajes al natural...
Empecé a correr. Cada paso que daba... todas aquellas imágenes se me venían a la cabeza, esto ya lo había vivido, pensaba...
Observé a lo lejos una gran casa. Una casa blanca, de un solo piso, pero muy extensa...
Corrí hacía ella. Cuando llegué, me di una gran sorpresa. Al pasar aquella casa, me encontré con un gran pueblo, bueno,... con una ciudad.
Una autovía podía observar a lo lejos... Tenía cuatro vías:
Dos con dirección norte, y otras dos con dirección sur.
Una rotonda se hallaba en medio. Ésta, servía para entrar en la ciudad.
Desde la colina, podía observar toda la ciudad y el horizonte. No es que fuera una gran ciudad, pero, tampoco era pequeña.
Empecé a correr colina abajo, como objetivo, dirigirme hacía la carretera.
Llegué hasta donde el monte me denegó el paso. Me separaba de la carretera un talud de unos veinte metros. Lo que estaba claro es que no iba a saltar.
Me senté, y empecé a observar... y me llevé la más grata sorpresa que me pude llevar ese día...
De todos los coches que vi pasar, el 90% eran de Murcia. Por lo tanto, deduje que estaba en Murcia. Esto me renovó. Me levanté, y fui en dirección al pueblo...
Sin duda, era un pueblo muy pintoresco. Me recordaba a San Enrique del Guadiaro...
Entré en el primer bar que vi. Sí, era uno de estos, con el gran cartel de Coca-Cola, y en pequeño el nombre del bar.
Aquí, me llevé la segunda y más gratas de mis alegrías. Estaba en Cieza.
Le pregunté al hombre como llegar a Ascoy. Él muy amablemente, me dijo que podía ir por la carretera, y tardaría aprox. una hora. O podía atravesar la colina y me pondría en un cuarto de hora.
Le di mis más sinceras gracias al hombre.
Me decanté por la segunda opción. Me fui en busca de la ruta de la colina.
Lo que aquel señor tan amable no me dijo es que me tenía que meter por una alcantarilla. Pero sinceramente, eso me daba igual. Porque ahora estaba más cerca que nunca de poder verte, tocarte, sentirte...
Me arrastraba por un lugar oscuro, apenas entraba la luz. Solo los pequeños agujeros producidos por la erosión de la roca, permitían el paso de la luz.
El hedor que se respiraba era inaguantable. Olía a “algo” que se estaba descomponiendo.
Pero... de pronto... ¿ladridos?... se escuchan ladridos detrás de mí. Creía que estaba loco, pero, estos, fueron aumentando, y fueron acompañados por un rasgar seco en la piedra de alcantarilla, que sin duda, me hacía deducir que estaba siendo perseguido por un perro...
Empecé a acelerar el ritmo del trayecto. Esto me produjo gran dolor de cabeza, pues, me pegaba “a cá porrazo” con los salientes de la alcantarilla que me estaba poniendo a tono...
Ni que decir tiene que el perro era “algo” más rápido que yo. Y que por mucho que corriera me iba a coger. Así que, fui observando(mejor dicho, palpando), y en unos de mis palpes, cogí una piedra.
Me paré. Con mucha sangre fría esperé al perro... ¡¡ya estaba aquí!!, era un “bicho” enorme. Con todas mis fuerzas le tiré la piedra.
Le impactó en el hocico del animal. Sin duda le dolió, ya que salió “pitando”, y dando muchos quejidos.
Después de esta pequeña aventura seguí mi trayecto. Cada vez olía peor. Pero, sin embargo, se observaba a lo lejos mucha claridad. Supuse que sería la salida...
Exactamente, por fin me pude incorporar. Estuve como unos veinte minutos agachado. Y otros diez corriendo de un perro asesino.
Todo esto se me pasó al ver que estaba enfrente de tu casa.
Me miré el vestuario, pero al contrarío de lo que creía estaba muy limpio.
Iba de negro. Al contrario que cuando empecé esta búsqueda.
Me palpé el bolsillo, y encontré mis Ray-Bans. Me las puse, y me encaminé hacia tu casa. Esta, se levantaba ante mí como un gran templo japonés, como una gran sala de Kempo. Se hacía inmensa ante mi diminuta presencia.
Miré el buzón. Efectivamente, era tu casa... pero una voz sonó en mi retaguardia.
¿Ha sido tú el que ha golpeado a mi perro?- me preguntó, un muchacho. De unos veinte años, quizás veinticinco. Era alto, muy fuerte, rubio. Y tenía el animal a lado. Le vi como le chorreaba un hilo de sangre por la boca. La verdad es que el pobre animal me dio lástima. Quizás no quería atacarme, quizás solo quería jugar conmigo.
Lo siento, pero creo que me quería atacar.- le contesté quitándome las gafas de sol.
Es demasiado tarde para arrepentirse.- me dijo metiéndose la mano bajo la chaqueta y sacando un arma. Creo que era una “Desert Eagle”, un águila del desierto. Este tipo de pistola es muy fácil de conseguir en el mercado negro.
Tranquilízate.- solo me dio tiempo a decir.
Cargó el arma apuntándome a la cabeza, cuando... la puerta de tu casa se abrió...
¡¡Cuidado!!.- fue mi última palabra.
Aquel muchacho disparó el arma... yo subí un escalón tirándome hacía atrás...
No te lo podrás creer, pero vi la trayectoria de la bala...
Me impactó en el corazón... el ruido fue estrepitoso. Se pudo apreciar como la bala quemaba la camisa, y me atravesaba la piel, hundiéndose en la dermis.
Mi trayectoria fue descendente. El impacto de la bala me hizo dar un gran retroceso... gracias a él pude verte.
Eras tú la que salías de la casa...
Creo que tú también me viste, pero no sé si me pudiste reconocer.
Al verte, en mi gesto, paró el dolor, y se pudo divisar como una sonrisa regaba las margaritas de tu jardín.
El estruendo que produjo el impacto de mi cabeza contra el escalón fue terrible.
Pero ahora ya podía morir en paz, te había visto... y tú me habías visto a mí.
Ahora ya lo veía todo en cámara lenta, las voces se volvieron muy bronca y las luces se fueron apagando...
Ahora te veo a ti. Te estás girando... te arrodillas ante mí, siento su suave mano que acaricia mi cara, veo como una lágrima se desliza por tu mejilla
Siento como esa lágrima bautiza mi muerte, y como resucita mi alma...
Ahora observo que si me quieres, por lo menos me aprecias...
Ahora me puedo ir en paz...
Mi visión se apaga, pero mi amor nun...
... Sigo la luz con gran dificultad, pues cada vez que me aproximo a ella, me siento más mareado... ¡¡oh, no!!, es la luz de la entradilla, ¡¡son mis padres!!, ¡¡Dios!!, cuando vean la lámpara en el suelo, cristales por todos lados, y el gran hueco en el techo... no voy a salir al menos en un año...
Un alarido se escucha desde mi cuarto, era mi madre. Ya lo habrán visto...empecé a caminar cabizbajo, e intentando imaginar el castigo, para poder empezar a mentalizarme... La puerta de mi cuarto estaba cerrada, pero a través de ella podía escuchar como tanto mi padre como mi madre estaban llorando. Una sensación de malestar empezó ha subir por mi estómago. Ahora, mi padre hablaba, no lo entendía bien. Me decidí entrar...
Mamá, papá, sé que lo que he hecho no tiene perdón, pero...- diciendo esto, miré en una perspectiva amplia mi cuarto, cual sería mi sorpresa... estaba todo intacto, pero mi madre estaba tirada en la cama llorando. Mi padre hablaba por el móvil también entre lágrimas, mientras miraba por la ventana. Pero lo más raro es que no me hicieron ni caso cuando hablé...
Me dirijo hacía mi padre para ver lo que estaba observado... ¡¡DIOS!!... me empezaron a repetir los mareos, puede sentir como la temperatura corporal me empezaba a disminuir, y una extraña fatiga me empezaba a invadir todo el cuerpo...

Allí a lo lejos... a bajo... había estrellado un cuerpo contra el suelo... ahora lo entendía todo... todos estos recuerdos, serían los últimos.
Saqué la cabeza del hueco de la ventana, mientras un lágrima regaba mi pómulo izquierdo... empecé a salir de la habitación, mientras mis padres se agarraban el uno al otro y seguían llorando...
Lo siento.- es lo único que se me ocurrió decir, mientras me secaba esa lágrima que se me había escapado.
Bueno, esto se acabó, tal como yo quería...


Este fue su último pensamiento... Seguidamente cayó al suelo, primero sobre las rodillas... Estuvo un buen rato así, mientras, se debilitaban sus músculos, sus ojos no veían, pero si lloraban, esta vez intensamente. La mente se le fue vaciando de pensamiento mientras el alma moría. Ya no aguantó más esta posición de súplica, y se desplomó completamente, el estruendo que provocó su cabeza al encontrase con el suelo fue bestial... Sus ojos se cerraban lentamente, y en su gesto se podía distinguir una leve sonrisa...

- Cariño... despierta.- dijo poniéndole una mano en la cara -, venga, que es tarde.- siguió diciendo con un tono muy dulce -. no sabes cuanto te quiero mi vida.- terminó diciendo, acercándose y besándolo con sus insinuantes labios.-
© José Miguel Marín Marín  

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