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Derrumbe.- Los vecinos del edificio derribado en Barcelona tendrán que buscar sus pertenencias entre los escombros
BARCELONA, 1 (EUROPA PRESS)
Los vecinos del edificio derribado hoy en Barcelona por el socavón de las obras del Metro, el inmueble del número 10 del pasaje Calafell con el número 4 de la calle Conca de Tremp, no podrán recoger sus pertenencias, sino que los escombros se depositarán en un espacio municipal en Horta para la posterior identificación de objetos que se puedan recuperar, según informó hoy el conseller de Política Territorial y Obras Públicas, Joaquim Nadal, en una visita a la zona afectada del barrio del Carmel.
Una semana después del desprendimiento en el interior del túnel que se está construyendo por las obras de ampliación de la línea 5 del Metro y días después del desalojo de más de un millar de personas, decenas de vecinos se concentraron en las inmediaciones de la zona acordonada para ver cómo derruían el edificio afectado, después de que los técnicos desestimasen la posibilidad de apuntalarlo para que los vecinos pudieran entrar a recoger sus pertenencias.
Nadal destacó que el derribo, que comenzó a las 12.15 horas, será "relativamente rápido" y remarcó que esta operación es "una condición indispensable para el retorno de personas" a sus casas, ya que está previsto que más de 300 vecinos, los más alejados del socavón producido el jueves pasado, puedan volver a sus casas a partir de mañana por la tarde.
El edificio del pasaje de Calafell número 10 sufrió algún movimiento de tierra esta mañana que supuso el hundimiento de unos 20 metros de una biga, según explicó el alcalde de Barcelona, Joan Clos, que también se desplazó hasta el barrio. Una vez derrumbado el inmueble, los técnicos inspeccionarán los edificios de al lado para verificar su seguridad, en concreto los bloques de los números 6 y 8 de Conca de Tremp.
SIGUEN LAS INSPECCIONES EN VIVIENDAS.
Preguntado sobre las quejas de algunos vecinos fuera del radio de seguridad 100 metros por la aparición de grietas en sus casas, Nadal aseguró que "los técnicos de la Conselleria de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat y de la empresa pública Adigsa realizan todas las inspecciones necesarias en el perímetro de 100 metros y todas aquellas que hiciesen falta".
En este sentido, afirmó que "de momento, fuera de los 100 metros, no podemos acreditar que ninguna --grieta-- tenga vinculación" con el socavón provocado por las obras del metro. Según Nadal, el 99% de los pisos dentro del perímetro de 100 metros "está en situación estable" y los técnicos "continuarán la inspección para dar a todo el mundo la total garantía" de que sus casas y comercios son seguros.
ALGUNOS AFECTADOS ASISTEN AL DERRIBO.
Algunos de los afectados por el desalojo e incluso algunos de los residentes en el número 10 del pasaje Calafell, se encontraban en las cercanías del inmueble cuando comenzaron los trabajos de derribo. Así, el vecino del cuarto segunda, Oscar García, relató a los periodistas cómo "se te va al suelo toda una vida" ante una "impotencia total" por no poder remediarlo.
García, que vivía con sus padres y sus hermanos desde hacía años en el pasaje Calafell, comprendió que "la única solución" era el derribo del inmueble porque "es imposible apuntalarlo". Paralelamente, se lamentaba de que en el interior de la casa estaban "todos los recuerdos", entre los que mencionó una foto de su abuela y otra de su sobrina, que no podía recoger.
García, que ahora vive en un piso del barrio que había comprado hace poco, se quejaba de la falta de información y aseguró que "no sabemos nada" de los pisos del Ayuntamiento en la calle Llobregós, donde está previsto que los trasladen. Para García, el Metro era "un proyecto importante para el barrio, pero ahora la prioridad de la gente es qué pasa con los túneles y con las obras y si puede volver a ocurrir".
Algunas vecinas del barrio compartieron su opinión. Otra residente del edificio, decidió alejarse entre lágrimas de la calle Bernat Brasi, desde donde se veía el inmueble, porque no podía soportar la situación. Amigas y familiares de la zona explicaron que "no puede ver cómo se derrumba". "Cuando tienes una familia, una casa y ves crecer a tus hijos...No tiene precio", subrayaban.
LOS VECINOS TEMEN QUE VUELVA A SUCEDER.
Otra vecina afectada por el desalojo, que vive en el número 31 de Bernat Brasi, explicó que, en su caso, la vivienda no está afectada por el perímetro de 100 metros, sino que se encuentra "en el límite", pero su familia pasó tres días en un hotel hasta quedar restablecidos todos los servicios de agua, gas y electricidad. "Hemos estado sin teléfono esta mañana. Vuelves a casa, pero no vuelves tranquila, porque no sabes si va a repetirse", señalaba.
La misma vecina de Bernat Brasi explicó que "mis hijas van al colegio Santa Teresa", también afectado por el desalojo, donde todavía no se han reanudado las clases. "Ahora van a la escuela Piaget --como medida temporal--. Si la semana que viene dicen que hay que volver a Santa Teresa...Que nos lo garanticen, porque tenemos miedo", añadió. En su opinión, el Ayuntamiento y la Generalitat, "creo que están haciendo lo que pueden, pero nos podían haber informado más para estar más tranquilos".
HAY PERSONAS QUE SIGUEN SIN SABER CUANDO VOLVERAN.
Otras dos residentes del barrio, que se han conocido en las reuniones de vecinos con el Ayuntamiento, miraban desde la calle Llobregós las tareas de derrumbe y contemplaban las terrazas de sus casas, a las que no podían acceder por estar cercanas al edificio derribado, si bien entraron días antes para recoger objetos personales.
Isabel Moreno, que vive en el número 24 de la calle Sigüenza y tiene una peluquería, ambos en la zona afectada, explicaba que quienes viven en casas de familiares y amigos están más desinformados que los que se alojan en hoteles. "No hay información suficiente, además nos han dado dietas para los que vivimos aquí, pero no para los que tenemos locales".
Su "compañera de reuniones", Marta Castellà, que vive en el número 134 de la calle Llobregós, se encuentra en la misma situación y destacaba que, para obtener información "o te mueves o te tratan de pesado y te dicen que vayas a casa, ¿A qué casa?".
Castellà, que se empadronó en su domicilio el viernes anterior a la aparición del socavón, explicaba que "por suerte" decidió empadronarse después de cuatro años, lo que le da más facilidad para cobrar las dietas, de 15 euros por niño, 30 por adulto o 25 euros en caso de matrimonio.
Moreno y Castellà aseguraron que el barrio padecía vibraciones desde hacía dos años. "La dinamita fue horrible, en una ocasión salimos todos a la calle, hasta se nos caían las cosas de las casas", relató Moreno.
Por otro lado, el conseller 'en cap' de la Generalitat, Josep Bargalló, puso de manifiesto, en una entrevista a TV3, la posibilidad de accidentes y aseguró que "se tienen que extremar las medidas y si tiene que salir más caro porque se hace con pico y pala, saldrá más caro".
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