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Noticias de España - Nacional |
Fernández de la Vega aboga por preservar la capacidad 'unificadora' del Estado frente al 'fraccionamiento identitario'
BARCELONA, 5 (EUROPA PRESS)
La vicepresidenta del Gobierno y presidenta en funciones, María Teresa Fernández de la Vega, abogó hoy en Barcelona por preservar la capacidad "unificadora" del Estado frente a los peligros que suponen el "fraccionamiento identitario interno" o "la quiebra del principio solidario que sostenía la cohesión social".
Según Fernández de la Vega, la función del Estado como "instrumento de simbolización y gestión de los intereses generales por encima de los intereses particulares" es el "aspecto más amenazado" y por ello consideró "imprescindible" y un "objetivo fundamental" el "luchar" para preservar esa capacidad unificadora del Estado.
En la conferencia inaugural de los cursos de verano de la Universitat Ramon Llull (URLl) en Barcelona, la vicepresidenta del Gobierno admitió que hay que hacer "ajustes" en el Estado para afrontar los problemas de "gobernabilidad y eficacia" y consideró "irrenunciable" entrar en una etapa "marcada por una renovada atención a lo público, de defensa de la decisivia importancia que tiene el sector público para una sociedad decente y justa".
No obstante, consideró que "el éxito de un Estado pasa por su capacidad para seguir funcionando como referente fundamental a partir del cual pueda concebirse la unidad política de la sociedad" y añadió que, esta sociedad, "por muy fragmentaria que sea", debe poder "seguir encontrando" en el Estado "una referencia colectiva".
Se trata, según De la Vega, de garantizar la existencia de un "ámbito institucional permanente que vele por la defensa de los intereses generales y establezca las reglas y actuaciones fundamentales que a estos efectos es necesario articular". Todo ello, hace del Estado "una pieza impresncindible en la nueva arquitectura de la globalización y en momentos de fraccionamiento y pluralización de las sociedades actuales".
Según De la Vega, "los peligros" del Estado provienen de la "lenta pero constante evaporación de sus fronteras, de su propio fraccionamiento identitario interno, del constante movimiento hacia lo local, de la tendencia a subvertir los intereses públicos en nombre de los privados y de la quiebra del principio solidario que sostenía la cohesión social".
La vicepresidenta señaló que la solución "no es más o menos Estado, sino otro Estado", uno "más proclive a valerse de sus instrumentos del modo más eficaz posible según las circunstancias particulares y la diferente capacidad de su liderazgo político". Así, planteó una "readaptación o ajuste permanente" para afrontar los nuevos desafíos y seañló que "las transformaciones de la forma estatal generan cambios en los modos, el estilo y los instrumentos del Gobierno, pero no un rechazo de su responsabilidad".
Para De la Vega, un Gobierno socialista "no puede darse por satisfecho con una mera gestión eficaz", sino que debe ser también "justa", algo que debe "prevalecer sobre otros criterios de organización de la sociedad como la eficacia o la estabilidad". Una combinación de "Estado fuerte y sociedad civil fuerte" ofrece como resultado una "extraordinaria capacidad competitiva" y permite un funcionamiento "más autónomo y soberano".
FATIGA CIVIL.
En este sentido, apostó por conseguir una mayor implicación ciudadana en la gobernanza general de la sociedad y sostuvo que el Gobierno "es plenamente consciente" de que si los ciudadanos se apartan del sistema político como instrumento de cambio social, "se desvanece la capacidad de la política para influenciar la sociedad y transformarla en una dirección progresista".
Atribuyó la "fatiga civil" de la ciudadanía respecto a la política a la "sobrecarga cognitiva que muchas veces se exige a la ciudadanía" a la hora de poder evaluar las cuestiones que se someten a debate público, al "enfrentamiento muchas veces cainita y cargado de furia y ruido" entre Gobierno y oposición o "simplemente a nuestra incapacidad para sabernos acercar a los problemas".
Para atajar esta tendencia y avanzar en una "democracia de calidad", reivindicó buscar "una nueva ruta para recobrar la confianza en la política y en la legitimidad de la acción pública" y defendió la importancia de contar con un gobierno "próximo, responsable y transparente, que no sea sólo del pueblo, sino que también gobierne para él", algo en lo que el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero está realizando "sus mayores esfuerzos".
La vicepresidenta hubicó todos estos problemas en el marco de los desafíos de la gobernabilidad en el siglo XXI donde "el conflicto ideológico pasa a ser secundario frente a un paulatino incremento de los conflictos identitarios" y donde se da un "reverdecimiento de lo cultural e identitario".
RENOVAR EL PROYECTO EUROPEO.
También abogó por cambios en el proceso de unificación europea, en "fase de incertidumbre". Según la vicepresidenta, la actual crisis europea "debe invitar a reprensar el proyecto europeo", aunque "no para mutilarlo o hacerlo retroceder, sino, más bien al contrario, para renovarlo y profundizarlo a partir de una relegitimización popular de todo el proceso".
Según dijo, uno de los puntos esenciales del debate podría ser el "famoso déficit democrático que siempre se ha imputado a la UE, pero defendió una "más intensa cooperación" entre sus miembros "en defensa del modelo social europeo y de una más activa política común de justicia y seguridad". Sólo una Europa "más unida y fuerte que nunca" haría que la política estuviera a la altura de los mercados.
Junto a las medidas a tomar en el ámbito estatal y europeo, Fernández de la Vega citó medidas en la acción internacional. Según la vicepresidenta, "la cooperación no es algo opcional. Es una necesidad irrenunciable en una situación en la que existe un sistema global único, pero una realidad social y política fragmentada".
De la Vega esgrimió la "alianza de civilizaciones" que propugna Zapatero para "calmar la tensión creada entre la creciente interdependencia económico y tecnológica global, por un lado, y la heterogeneidad cultural y la fragmentación política", de otro.
Para De la Vega, "no podermos darnos por satisfechos con las actuales políticas de desarrollo y cooperación internacional" ni con las "aún más deficientes" políticas de seguridad y concluyó que "la promoción de una nueva política no es algo opcional, sino una necesidad ineludible. El mundo no aguanta así".
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