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Noticias del mundo - Europa |
Crónica Chechenia.- Cinco años después de comenzar su operación en Chechenia, Moscú no ha acabado con el 'terrorismo'
Los rebeldes han evolucionado desde el movimiento puramente independentista hacia una vertiente islamista terrorista
MOSCU, 30 (EUROPA PRESS)
El objetivo "del poder ruso es poner fin al terrorismo y a las condiciones susceptibles de permitir su desarrollo", afirmó Vladimir Putin hace justo cinco años, en octubre de 1999, cuando era primer ministro, justificando así la entrada en Chechenia del Ejército ruso. El 1 de octubre de 1999 las tropas federales volvían a Chechenia (después de la primera guerra entre diciembre de 1994 y agosto de 1996), para una "operación antiterrorista" que debía durar unos meses.
Cinco años después, el conflicto no sólo continúa en la república rebelde del Cáucaso, sino que además los independentistas más radicales han optado abiertamente por el terrorismo, los separatistas moderados están marginados o han abandonado el país, las mujeres han derivado hacia la acción violenta y los jóvenes sólo conocen el odio y el horror de los combates, las "limpiezas", las detenciones arbitrarias y las ejecuciones sumarias.
La guerra comienza incluso a extenderse hacia la vecina Ingushetia, donde una incursión rebelde provocó 90 muertos el pasado mes de junio, y a Osetia del Norte, donde la toma de rehenes a principios de septiembre en una escuela culminó en al menos 344 muertos, la mitad de ellos niños, y cientos de heridos.
Aunque a finales de 1999 la firmeza de Vladimir Putin frente a los "bandidos chechenos" fue saludada por un aumento espectacular de su popularidad que le llevó a una fácil victoria en las elecciones presidenciales de marzo de 2000, cinco años después, los rusos están cansados de una guerra que ha sumido a todo el país en la inseguridad.
Para no reconocer que se equivocó, el jefe de Estado ruso invoca con insistencia el "terrorismo internacional" y rechaza ver un vínculo entre su política chechena y la multiplicación de los atentados contra Rusia. Putin "sabe perfectamente que la raíz está en Chechenia", destaca sin embargio Alexei Malashenko, especialista del Cáucaso en la Fundación Carnegie.
Cabe preguntarse si Putin puede aún encontrar una solución que le permita salir del atolladero. El presidente ruso ha prometido la puesta en marcha de una política de reestructuración económica en el Cáucaso, una de las regiones más pobres del país. Una intención que tendrá que hacer realidad teniendo en cuenta que desde hace cinco años no se ha hecho casi nada para reconstruir Chechenia, reducir la corrupción y mostrar que la vida bajo el control ruso podría tener sus ventajas.
Una intervención de fuerzas de paz internacionales, como lo reclama el presidente independentista checheno Aslan Masjadov, parece totalmente inaceptable para Putin. "Sería reconocer el fracaso total de su política y lo haría aparecer como un jefe de Estado frágil", opina Malashenko.
NEGOCIACIONES
En cuanto a eventuales negociaciones, hasta ahora oficialmente rechazadas por el Kremlin, algunos expertos temen que ya sea demasiado tarde. La idea no ha sido completamente descartada por los políticos rusos, según el citado analista, aunque las tentativas secretas precedentes, sobre todo en 2002, fracasaron.
El problema fundamental que se plantea es con quién negociar. El caudillo Shamil Basayev ha derivado al terrorismo más extremo. Y las conversaciones con separatistas "moderados", sea cual fuere su representante, tienen pocas posibilidades de ser aceptadas por los radicales.
Por otro lado, nada asegura que las poderosas milicias de Ramzan Kadyrov, 'número dos' del Gobierno checheno pro ruso e hijo del asesinado presidente checheno Ajmad Kadyrov, que han ido ganando cada vez más poder en la región, no se opondrían.
Según estadísticas oficiales, desde 1999 han muerto más de 5.300 soldados rusos. Por su parte, las organizaciones no gubernamentales señalan más de 13.000 militares muertos. En cambio, no existe ningún dato oficial sobre el número de muertos entre la población chechena y los organismos de defensa de los Derechos Humanos adelantan cifras que van de 15.000 a 25.000 muertos.
EVOLUCION DE LA RESISTENCIA
Lo cierto es que en estos cinco años la "resistencia chechena" ha evolucionado pasando de ser un movimiento independentista y prácticamente laico en sus orígenes en 1991, danto paso a una guerrilla animada sobre todo por el odio a los rusos y cuyos componentes religiosos y terroristas han tomado una posición importante.
La batalla de Grozni, un asedio de más de dos meses el invierno de 1999-2000 con el recurso a la aviación y a la artillería de lado ruso, y la toma de rehenes de Beslan en septiembre, pueden servir de ejemplos para medir esta evolución sobre el terreno. Ciertamente, una incursión de combatientes miembros del Islam radical (wahabí) encabezados por Shamil Basayev en Daguestán en el otoño de 1999 precedió la intervención de las tropas rusas, y los primeros atentados suicidas comenzaron a producirse a partir de julio de 2000.
Pero entonces, muchos chechenos acusaban a los wahabíes de haber desencadenado la guerra. Tras el 11 de septiembre de 2001, los independentistas comprendieron rápido que el apoyo, esencialmente verbal, de Occidente, queda en entredicho tras el reconocimiento a Moscú por su ayuda en la operación en Afganistán.
A ellos se suma el impacto del firme rechazo del Kremlin de entrablar negociaciones con el presidente independentista Aslan Masjadov, a quien Rusia niega cualquier legitimidad y al que asimila constantemente con el radical Basayev. Los incontables llamamientos a negociar de Masjadov y su condena del terrorismo son rechazados y calificados de propaganda carente de sentido.
"Nosotros mismos hemos empujado a los separatistas chechenos hacia el terrorismo internacional", declaró a principios de 2004 la candidata liberal a la presidencia rusa Irina Jakamada. "Los voluntarios islamistas del Golfo, el norte de Africa, Turquía y otras partes del Cáucaso representan la única ayuda real que los chechenos han recibido del mundo islámico", afirma un experto canadiense, Andrew McGregor, jefe de una agencia de análisis especializada en el mundo musulmán.
Según este experto, estos muyahidines extranjeros "vienen con todo un programa para después de la independencia" y "no es exactamente lo que los chechenos necesitan", pero aceptan su apyo.
MUJERES KAMIKAZE
De golpe, el movimiento independentista checheno comienza a parecerse al modelo palestino: las mujeres kamikaze con cinturones explosivos entran en escena y Shamil Basayev aparece como el jefe de facto de los separatistas, reivindicando la toma de rehenes del teatro Dubrovka, en 2002 en Moscú.
Para Alexandre Cherkassov, de la organización de Derechos Humanos Memorial, esta toma de rehenes anula cualquier esperanza de negociación y marca el inicio del periodo "terrorista" de la guerra chechena, tras un periodo "militar" y el de las "minas y las bombas" contra los militares y los "colaboradores" pro rusos.
La guerrilla ordinaria no se detiene sin embargo, con operaciones bien preparadas, como el ataque en junio pasado contra la ciudad ingushetia de Nazran. A los que Moscú califica como "bandidos" reclutan ya entre la nueva generación de jóvenes chechenos que sólo han conocido la guerra desde hace una década y están movidos principalmente por el odio a los rusos.
En el plano de la estrategia, los más radicales parecen buscar una ampliación del conflicto al conjunto de la región del Cáucaso, como indican sus operaciones en Ingushetia, Daguestán y Osetia del Norte. Una perspectiva que Moscú encuentra lo bastante inquietante como para incluir la toma de rehenes de Beslan en el saco del "terrorismo internacional", sin acusar a los chechenos o los ingushetios.
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