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Noticias del mundo - Europa |
Papa.- Varios actos protocolarios dictados por la tradición y las normas pontificias siguen a la muerte de un Papa
Tras vestirlo con los símbolos pontificios, se dispone una capilla ardiente en San Pedro y sus funerales deben celebrarse en tres días
ROMA, 1 (EUROPA PRESS)
Tras la muerte de un Papa en el Vaticano se llevan a cabo toda una serie de actos protocolarios, algunos de ellos dictados por la tradición religiosa, pero otros muchos resultado de las normas establecidas por los propios Pontífices a lo largo de la historia de la Iglesia católica.
Nada más recibir la noticia del fallecimiento, el camarlengo deberá confirmarla oficialmente con un viejo rito que consiste en golpear tres veces la frente del Pontífice con un martillo de plata, que figura en el escudo de armas pontificio, mientras llama al difunto por su nombre de pila. El acto debe realizarse en presencia del maestro de celebraciones litúrgicas y del secretario y canciller de la Cámara Apostólica. Este último, es el encargado de rellenar el acta de defunción del Pontífice. A continuación, el camarlengo deberá cerrar con llame la habitación del Papa y su estudio. Estos aposentos no podrán abrirse hasta que no se elija un nuevo Papa.
Hecho esto, el camarlengo, en esta ocasión el español Eduardo Martínez Somalo, notificará la muerte del Santo Padre al vicario de Roma, quien transmitirá a su vez la noticia al pueblo de Roma. En ese momento, se abrirá a medias la puerta de bronce del Vaticano y las campañas de la Basílica de San Pedro comenzarán a sonar.
Por otra parte, tras el anuncio oficial, comienzan los preparativos del cuerpo del Pontífice, quien tras ser preparado por los médicos, será vestido con los símbolos pontificios: la mitra blanca en la cabeza, la 'casulla', es decir, el manto que utiliza cuando celebra misa de color rojo, que es el color de luto de los Papas, y el palio, una faja de lana blanca con cruces negras, símbolo de dignidad.
Una vez concluídos estos preparativos, el cuerpo se expondrá para que los fieles puedan rendirle un último homenaje durante tres días en la Basílica de San Pedro. En cuanto a la capilla ardiente las normas son muy estrictas y aunque se podrá ver al Pontífice no se podrán tomar fotografías si no se cuenta con la autorización expresa del camarlengo, quien no obstante podrá autorizar fotografiar el cuerpo con fines de documentación.
Los solemnes funerales del Papa se celebran, por norma general, tres días después de la muerte. En ese periodo, el colegio cardenalicio, que debe dirigir la Iglesia mientras se designa a un sucesor, debe decidir el momento en el que se retira el 'anillo del pescador', que representa al Apóstol San Pedro, y el sello de plomo con el que se expiden las cartas apostólicas.
Hasta el momento de los funerales, los forenses del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Roma serán los encargados de velar por la buena conservación del cuerpo del Pontífice. Antiguamente, para su mejor conservación se retiraban los órganos internos que se introducían en ánforas especiales que se depositaban en las iglesias de los Santos Anastasio y Vincenzo, en la Fontana de Trevi. Todavía hoy se conservan las ánforas de 22 Papas entre 1390 y 1903, pero el Papa Pio X abolió esta tradición.
MISA Y SEPELIO
La "Missa poenitentialis", es decir, el funeral, se celebrará en San Pedro y a él se espera que acudan delegaciones de todo el mundo. Corresponde a la Santa Sede fijar el nivel de las delegaciones que acudirán a los actos. Terminada la misa, los restos mortales son introducidos en una triple caja --una de ciprés, otra de plomo y una de nogal--, y sepultado en las grutas vaticanas. En cuanto al modo en el que se les da sepultura, son los propios Pontífices los que eligen cómo quieren que se les entierre.
No obstante, han sido muchos los Papas que han sido enterrados fuera del Vaticano, algunos de ellos porque murieron lejos de allí. El último de ellos fue León XIII, Inocenzo Gioacchino dei conti Pecci, fallecido en 1903 y sepultado en la Basílica de San Juan in Laterano.
Por otra parte, si el Sumo Pontífice difunto ha hecho testamento de sus cosas, dejando cartas o documentos privados, y ha designado un ejecutor testamentario, corresponde a éste establecer y ejecutar, según el mandato recibido del testador, lo que concierne a los bienes privados y a los escritos del difunto Pontífice. Dicho ejecutor dará cuenta de su labor únicamente al nuevo Papa.
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