Crónica UE/Constitución.- Los Veinticinco firman mañana en Roma la primera Constitución de la historia de la UE
La inclusión con carácter vinculante de la Carta de Derechos Fundamentales da a los europeos una protección sin precedentes
ROMA, 28 (De la enviada especial de EUROPA PRESS Carolina Pérez)
Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veinticinco firmarán mañana la primera Constitución de la historia de la Unión Europea, en la misma sala del Capitolio que albergó en 1957 la rúbrica del Tratado de Roma por el que se creó la Comunidad Económica Europea entre Alemania, Francia, Holanda, Luxemburgo, Bélgica e Italia.
Cuarenta y siete años después, y a pesar de que el proyecto se ha quintuplicado y engloba ya a más de 450 millones de ciudadanos, las máximas de "paz mundial", "solidaridad de hecho", "fusión de los intereses esenciales" y "destino compartido" de aquel texto siguen hoy plenamente vigentes en el nuevo 'Tratado de Roma', aunque hayan sido revisitadas a la luz de los nuevos desafíos.
Una vez lanzada la unión monetaria en 1999 y emprendida la creación del espacio de libertad, seguridad y justicia, la nueva Constitución consagra ahora el proyecto político con un claro refuerzo del Parlamento Europeo, la mayor expresión democrática de la Unión, y da a la luz a la "ciudadanía europea".
Además, la inclusión de la Carta de Derechos fundamentales en el Tratado envuelve el acontecimiento de un gran valor simbólico y le confiere su verdadero carácter constitucional, puesto que le añade importantes consecuencias jurídicas tales como el valor vinculante de los derechos que recoge.
DOS CONCEPCIONES
Como novedad, la nueva Constitución da cabida a dos concepciones enfrentadas a la hora de concebir la Unión Europea y su futuro, al satisfacer al mismo tiempo la posición "integracionista" y comunitaria de Francia y Alemania, frente a la "intergubernamental" de Reino Unido.
Muestra de ello fueron las primeras declaraciones, una vez terminada la negociación, del presidente francés, Jacques Chirac, cuando celebró que la Unión podrá ahora ir más lejos en la integración sin Reino Unido, mientras que el primer ministro británico, Tony Blair, se felicitó que la Carta Magna mantiene la unanimidad en las "áreas sensibles" para su país.
Y es que, Europa "no está destinada a hacer andar al mismo paso a todos los pueblos que la componen", aunque se verá impulsada por un "un espíritu común que se recoge en la Constitución", dijo Chirac.
Para hacer realidad las "dos velocidades", se flexibiliza la posibilidad de crear cooperaciones reforzadas, al estilo de la actual zona euro, dentro de la propia Unión. Se respetan así nuevamente las ideas del padre de la construcción europea Jean Monet, que decía que "la cooperación entre las naciones, por importante que sea, no resuelve nada". "Lo que es necesario buscar, es una fusión de los intereses de los pueblos europeos, y no simplemente el mantenimiento del equilibrio de estos intereses".
Por otra parte, la Constitución facilita la toma de decisiones dentro de la Unión a través de la eliminación de vetos, muy especialmente, en un futuro de más de 27 miembros. Cuarenta y cinco temas pasan por primera vez a decididirse por mayoría cualificada, aunque si bien es cierto la presión británica se percibe en los 70 casos que mantiene la regla de la unanimidad y por tanto la posibilidad de bloqueo. Para superar esos escollos, los Veinticinco han incluido 'pasarelas' que permiten eliminar la unanimidad sin una nueva modificación del Tratado con el voto a favor de todo el Consejo Europeo.
PROCESO DE RATIFICACIÓN
La Constitución europea, que se cerró definitivamente el pasado 18 de junio tras dos años de negociaciones, deberá después ser ratificada por cada uno de los Estados miembros, un procedimiento que debería durar unos dos años. Este será el mayor desafío, puesto que la entrada en vigor de la Carta Magna está subordinada a la ratificación por los Veinticinco de acuerdo con su reglas constitucionales, es decir, bien por vía parlamentaria o por referéndum.
En este último caso, la escandalosa abstención del 54,8 por ciento registrada en las pasadas elecciones europeas del mes de junio, la mayor en la historia del europeísmo, hacen vislumbrar problemas importantes. Y es que, a pesar de los intentos de parte de la Convención, el texto no prevé soluciones jurídicas para el caso en el que alguno de los Estados miembros no aprueben su ratificación.
Por ahora, han anunciado la celebración de referendos España, República Checa, Reino Unido, Dinamarca, Francia, Irlanda, Luxemburgo, Holanda y Portugal, y todavía lo están analizando Bélgica, Lituania y Polonia. Los trece países restantes optarán por la ratificación por la vía parlamentaria.
En una fórmula ambigua, establece que, si tras un plazo de dos años a contar desde la firma del Tratado, los cuatro quintos de los Estados miembros han ratificado este tratado pero uno o varios países tienen dificultades, "el Consejo Europeo se ocupará de la cuestión". Así las cosas, con tan sólo este compromiso político es imposible anticipar el tamaño y las consecuencias concretas del fracaso del proceso de ratificación.