Pamplona homenajea a sus mayores en el penúltimo día de los Sanfermines
PAMPLONA, 13 (EUROPA PRESS)
Pamplona homenajeó hoy a los mayores de la capital en el penúltimo día de los Sanfermines de 2005. Cientos de personas mayores, acompañadas de sus familiares y vecinos de Pamplona, abarrotaron la capilla de San Fermín durante la celebración del primer acto oficial del 'Día de los Mayores'.
Junto con la misa de esta mañana, el Ayuntamiento rindió homenaje en la Casa Consistorial a cuatro centenarios de la capital navarra. La alcaldesa, Yolanda Barcina, recibió a Hipólita Echauri, Jesusa Ciriza, Miguel Larraza y Clotilde Estolaza.
A mediodía, en el Paseo de Sarasate, cientos de mayores se congregaron para escuchar el tradicional recital de jotas a cargo de las rondallas de Yoar y Jus la Rocha.
Antes de las celebraciones del 'Día de los Mayores' el protagonismo de la jornada recayó en seis toros de la ganadería de Fuente Ymbro, que se estrenó en los Sanfermines con una carrera rápida y limpia.
El encierro dejó dos heridos por traumatismos que permanecen ingresados en el Hospital de Navarra. Se trata de David Rodríguez, de 32 años, vecino de Valdetorres del Jarama (Madrid) y corredor habitual en Pamplona, que sufrió un traumatismo craneal banal en la Estafeta; y de Miguel Ángel Redón Larios, de 27 años y vecino de Castellón, que sufrió un traumatismo torácico con rotura bronquial y fue intervenido quirúrgicamente e ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos. Este mozo resultó herido en el tramo Callejón-Plaza de Toros.
Los astados tardaron dos minutos y 33 segundos en llegar a los chiqueros de la plaza de toros. La carrera se inició con la manada agrupada en la cuesta de Santo Domingo y, aunque varios toros cabecearon, no perdieron su ritmo ni se acercaron peligrosamente a los mozos.
Los momentos más peligrosos se vivieron en la curva de Mercaderes, donde los cuatro primeros astados, acompañados por dos cabestros, resbalaron y tardaron unos segundos en reaccionar y reanudar su marcha, al tiempo que un mozo caía junto a sus lomos.
Sin embargo, al llegar los dos últimos toros, que venían un poco rezagados de sus hermanos y chocar también contra el vallado de Mercaderes, el sexto de los morlacos emprendió su marcha hacia la calle Estafeta pero hizo un amago de volverse, observando peligrosamente a todos los mozos que tenía detrás hasta que los cabestros de cola llegaron y lo condujeron hacia delante.
Con los seis toros ya en la Estafeta se vivieron las carreras más bonitas. Los mozos acompañaron a la manada disgregada en tres grupos, encabezada por cuatro bureles, seguida por otro astado y, de cerca, por otro toro bien llevado por los mozos.
Una vez en la plaza, los cinco primeros toros entraron sin problemas en los corrales, mientras que el sexto necesitó de la ayuda de los dobladores para ser conducido hasta los chiqueros.