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Noticias de sociedad - ONGs |
Formación, inserción de combatientes, comercio justo y mujeres: cuatro proyectos para Colombia
BARCELONA, 25 (EUROPA PRESS)
Guerrillas, narcos, paramilitares y Ejército. El de Colombia es el conflicto armado más antiguo de América Latina. Sólo durante el año 2001, la violencia obligó a desplazarse a 300.000 personas dentro del propio país, donde quienes se han visto obligados a cambiar de residencia suman dos millones; más de 3.000 personas fueron secuestradas y, diariamente, se producen 100 asesinatos, 20 de ellos por motivos políticos. Uno de los últimos episodios: 34 campesinos muertos por las FARC.
Sin embargo, a pesar de este contexto, o quizás como oposición a él, surgen múltiples iniciativas de construcción de la paz entre la propia sociedad civil colombiana. Una de ellas es la Fundación Escuelas de Paz, liderada por Amada Benavides, que, para poner las cifras en su justo punto, recordó en una entrevista a Europa Press que "el 90 por ciento de la violencia en Colombia es de origen común o familiar".
Para tratar estos otros conflictos surgió la Fundación en 1997, con la idea de que la educación para el respeto de los derechos humanos "ha de ser el eje transformador de una cultura de guerra en una de paz", un proceso que "se aprende, porque las personas no somos violentas genéticamente".
Los colegios que forman parte de la Fundación "intercambian experiencias con otros docentes" sobre las ideas puestas en práctica en sus aulas para lidiar con los conflictos cotidianos. "Talleres de resolución de conflictos, manejo del cuerpo y de la palabra", todo sirve para visibilizar el trabajo de los docentes. La Fundación apadrina también la Red de Jóvenes por la Paz, alumnos a punto de graduarse que trasladan lo aprendido en la resolución pacífica de conflictos a su propio entorno, su barrio o su grupo.
RESCATAR A UN EX COMBATIENTE.
Carlos Mario Arenas es un ex combatiente del Movimiento Independiente Revolucionario de Comandos Armados, una organización "insurgente" de implantación urbana. El, junto con otros 174 compañeros, ingresó en la lucha armada tras constatar "la marcada desigualdad" social de Medellín en un momento "muy romántico, donde los profesores e incluso tus padres te hablaban de la revolución".
Con 13 años militaba en organizaciones de jóvenes y , aunque se planteó "ser sacerdote", acabó empuñando un arma con responsabilidades "por todo el país", aunque el Movimiento acabó replegado en Medellín. "No queríamos desmovilizarnos porque veíamos que no había existido ninguna transformación, social, económica o política", aunque en 1991 llegó la Constitución, que consagró "el Estado social demócrata y los derechos de la gente, al menos por escrito".
Actualmente, presiden la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (CORPADES) en Medellín y fue uno de los portavoces del segundo proceso de paz urbano firmado en 1998 --de los 10 acuerdos de paz alcanzados hasta la fecha en Colombia, siete lo fueron con guerrillas rurales--.
CORPADES impulsa varias líneas de trabajo social y cultural, entre ellas un Centro de Investigaciones Urbanas, que pretende vigilar "los macroproyectos urbanos que afectan a los sectores más pobres", como los desalojos de viviendas y zonas ocupadas que, como ejemplo, afectaron a más de 1.260 familias entre 2001 y 2003.
La entidad ofrece también la Escuelas de Artes Integradas, donde los cinco años de "música, danza y teatro" sirven a los chicos para "aprender a manejar su tiempo libre", alejándolos de la calle, y mejorando "su atención, sensibilización y sus capacidades de reflexión".
CORPADES trabaja con la premisa, según Arenas, de "no expropiar al líder nato de su comunidad", sino implicarlo en procesos de pacificación. Para ello cuentan con el programa de "Actores Juveniles para la Convivencia en la Ciudad", que pretende dar "formación política" a futuros "líderes comunitarios".
El hecho de poseer acciones en una empresa eléctrica y de material de pintura ha permitido también que el 95 por ciento de los ex combatientes tengan empleo, en una ciudad con una tasa de paro del 17,5 por ciento. El último proyecto de esta entidad es la construcción, con el apoyo de otras asociaciones, de 120 viviendas "dignas" para los ex combatientes.
RECUPERAR EL SENTIMIENTO.
La perspectiva del conflicto colombiano es muy diferente para el indígena Antonino Torres, del norteño departamento de Arauca. Para él, "el conflicto ha existido siempre, pero ahora es por el control territorial, económico y social", así como "con la naturaleza", por la explotación de los recursos.
Este conflicto está haciendo que "perdamos la confianza entre las personas y también los sentimientos", por lo que trabajan para "crear un acercamiento, que gente se vuelva sentimental por la vida y por la naturaleza".
En su caso, la labor se centra en la capacitación profesional de los jóvenes, en darles también "información del mundo", al tiempo que han conseguido agrupar a 180 productores de café. Las 400 toneladas anuales que salen de sus cultivos esperan poder canalizarlas a través del Comercio Justo.
LAS MUJERES EN EL CONFLICTO.
Las mujeres y los niños son "uno de los sectores más vulnerables" en cualquier conflicto, pero hay asociaciones que intentan que "pasemos de ser víctimas pasivas a constructoras de paz". Una de estas organizaciones es la Ruta Pacífica de Mujeres Colombianas, de la que forma parte Sandra Liliana Luna, y que agrupa a 3.500 mujeres de ocho regiones. Todas ellas persiguen la presencia de las mujeres en la negociación de una salida al conflicto, aportando su experiencia como "sostenedoras del tejido social" y garantes "de lo sagrado de la vida". Juntas, buscan también romper el muro del silencio y "visibilizar los efectos de la guerra en las mujeres, cuyo cuerpo se usa como botín".
Su última marcha fue el pasado mes de noviembre de 2003 en la región del Putamayo, donde las fumigaciones con herbicidas tóxicos, en el marco del Plan Colombia, están acabando no sólo con los cultivos de coca, sino con la agricultura tradicional. "Los campos tardan dos años en poder ser cultivados de nuevo y surgen enfermedades de la piel y oculares, provocando desplazados". "Nosotras vamos a decirle a las mujeres que no están solas", afirmó.
LA COMUNIDAD INTERNACIONAL COMO TESTIGO.
Los cuatro activistas coinciden en considerar que la intervención de la comunidad internacional en caso de conflicto ha de limitarse a dar apoyo y a actuar como testigo para controlar al cumplimiento de los acuerdos de paz que se tomen, sin llegar a suponer una "injerencia" en el propio tejido social del país.
En palabras de Benavides, "sentimos mucho temor por la gestión del post conflicto", para que "no pase como en Irak", que comporta "una fuerte injerencia interna y una apropiación de los recursos naturales".
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