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Greenpeace pide a los gobiernos español y turco colaboración para recuperar la carga tóxica del MV Ulla
MADRID, 7 (EUROPA PRESS)
La organización ecologista Greenpeace pidió a los gobiernos español y turco colaboración para recuperar la carga tóxica del MV Ulla, barco hundido ayer en el puerto de Iskenderum --donde llevaba cuatro años atracado por problemas administrativos-- con 2.000 toneladas de cenizas procedentes de centrales térmicas españolas que amenazan con provocar una catástrofe medioambiental.
Greenpeace considera que ahora es prioritario y urgente que se recupere la carga antes de que lacontaminación sea irreversible y se gestione de forma adecuada.
Juan López de Uralde, director Ejecutivo de Greenpeace España, ha declarado que "este lamentable caso es un claro ejemplo de irresponsabilidad empresarial y de incumplimiento de los tratados internacionales cuando los Gobiernos no controlan debidamente que se cumplan. Los residuos tóxicos del MV Ulla debían haber sido devueltos hace años a España, su lugar de origen,y gestionados correctamente antes de que resultaran una amenaza para el Mediterráneo".
Greenpeace expuso el problema por primera vez en febrero de 2000, cuando el barco atracó en el puerto de Isdemir. El Gobierno turco precintó e inmovilizó el MV Ulla al comprobar que su carga contenían Cromo, VI, cuya entrada está prohibida en Turquía. Desde entonoces, el barco y su carga, ha estado esperando resoluciones deambos gobiernos. Según la organización ecologista, los documentos indican que España es el país de origen dela carga. Y por tanto la responsabilidad de su retorno pertenece a España, según el Convenio de Basilea, del que Turquía y España son parte.
Greenpeace asegura que los residuos se transportaban desde tres centrales térmicas españolas y fueron enviados a otra empresa española, Dragados, enArgelia. Las cenizas pretendían ser utilizadas para construir una presa enArgelia. La empresa cementera Asland actuó de intermediaria, comprando las cenizas para posteriormente vendérselas a Dragados. Sin embargo, misteriosamente el barco acabó en Turquía en mayo de 2000 después de que lacarga fuera rechazada en Argelia.
Las negociaciones entre los dos países comenzaron a nivel diplomático como resultado de las presiones de Greenpeace y otras ONGs locales turcas. España envió en octubre de 2001 una carta al Ministerio turco de Asuntos Exteriores comunicándoles que Lafarge-Asland había sido multado con 50.000 euros por transporte ilegal y abandono de la carga. El Gobierno español también comunicó que había obligado a la empresa a preparar un plan de acción para el retorno y gestión de los residuos. Al mismo tiempo un juez turco decidió que los residuos podían ser retirados del barco.
Sin embargo, siempre según el testimonio e Greenpeace el Ministerio de Medio Ambiente turco decidió esperar a que España se hiciese cargo ya que eran los responsables de esta gestión. A pesar de que Greenpeace España lleva años solicitando al Ministerio de Medio Ambiente información sobre la resolución de este caso --la última carta se envió en junio de 2003--, el ministerio no ha contestado, según la organización ecologista.
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