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Published On: Lun, Ene 19th, 2004

La mezquita de Granada

Desde que en 1580 fueran definitivamente expulsados, los musulmanes no habían
vuelto a tener una mezquita “importante” en Al-Andalus y ya disponen de ella,
al haberse inaugurado la Mezquita del Albaicín, barrio típicamente árabe de la
capital granadina.

Desde mi punto de vista, para entender este fenómeno hay que tener en cuenta
tres factores:

Primero: la existencia de una cantidad significativa de inmigrantes procedentes
de países donde la musulmana es la religión mayoritaria. No se puede hablar de
países musulmanes como no se puede hablar de países cristianos, por más que las
jerarquías eclesiásticas tengan un peso determinante en la vida pública en casos
como los de Irán (musulmanes) o en los países centroamericanos (católicos). Aquí,
en España, hace décadas que nos hemos librado de la omnipresencia de los clérigos
en la vida civil, quienes podían impedir que una señorita saliese a la calle con
los hombros al descubierto o que se bailase un viernes santo. Los intentos del PP
y de algunos de sus máximos dirigentes (miembros de la secta Opus Dei) de
resacralizar la administración pública (empezando por la enseñanza) son cosa de
risa comparada con el efectivo poder que tenían los curas de los años 50 en España
que igual le podían partir la cara a un chaval en la escuela que condenar al
ostracismo a quien no comulgase con los principios de la fe nacionalcatólica.
Lo llamativo del caso es que esa misma situación que ya vivimos aquí hace medio
siglo es la que se mantiene en los países donde la religión musulmana es
mayoritaria; no se trata, por tanto, de un choque de culturas, de civilizaciones
o de religiones, se trata simplemente de un choque entre países socialmente
desarrollados y países atrasados.
Por mirarlo con un poco de perspectiva ¿se imagina Ud. la cara de los alemanes si
hubiesen visto llegar a los inmigrantes españoles de los años sesenta con sus
propios curas, obligando a todo el mundo a acudir a la misa del domingo e
imponiendo que las mujeres llevasen el velo negro para ir a misa? (si Ud. es joven
pregúntele a un mayor hasta que punto mandaban los curas en la España de los
años cincuenta y sesenta y verá lo parecido que es a la actual Arabia Saudí por
poner algún ejemplo).

Segundo: la confusión existente en el mundo entre las nociones de tolerancia,
multiculturalismo, derechos sociales, vida privada y todas esas palabras con las que
se llenan la boca los políticamente correctos.
El hecho de que la emigración vaya de los países donde la religión
mayoritaria/oficial es el Islam hacia los países donde la religión mayoritaria
es la cristiana, básicamente puede interpretarse como un movimiento económico, sin
más; todo lo demás es marear la perdiz. Lo importante es que esa riqueza se ha
conseguido a base de trabajo y de respeto de los derechos individuales y colectivos
que asisten a cada individuo. Por ejemplo, toda persona tiene derecho a no ser
castigada físicamente ni por el Estado, ni por otro ciudadano. ¿Vería Ud. bien que
el cura católico de su barrio mandara darle treinta azotes en una plaza pública
porque la hubieran pillado en el híper llevándose un par de calcetines en el
bolsillo? ¿Se imagina Ud. que que su hija no pudiese ir a la escuela si no es
con toca de monja? Seguramente, Ud. armaría un pollo gordísimo y por eso no se
entiende que cuando llega un imán musulmán y dice cuatro tropelías de esta calaña
haya que entenderlo en nombre de la tolerancia o de la multiculturalidad o de todas
esas palabras tan bonitas. Si tan buenas son todas esas prácticas ¿por qué son
pobres todos los países en las que se practican?
En el caso práctico de la inauguración de la mezquita de Granada, uno de los
peridistas vio como le era denegada la acreditación porque hace unos años escribió
un libro en el que criticaba este tipo de prácticas y una periodista fue obligada
a salir a comprarse una camisola que le cubriese los hombros que mostraban su
camiseta de tiranets (como deferencia, el chador lo prestan gratuitamente a la
entrada del templo, ya que es obligatorio para las mujeres).

Tercero: la existencia en España de un importante poder fáctico en manos de
sectas integradas en la Iglesia católica y las prácticas monopolísticas de la
Iglesia católica. Como en todo, los extremos se dan la mano. Desde hace bastantes
años existe una polémica en España acerca de la necesaria regulación de las
sectas destructivas que, inevitablemente, choca con el hecho de que el Opus Dei
simpre acaba encajando en las deficiones que legalmente habría que hacer para
promover su ilegalización. De la misma manera, cuando se piensa en adoptar medidas
legales contra determinadas personas o actitudes, como el uso obligatorio del
chador por las mujeres musulmanas, los musulmanes rápidamente alegan que no se
les puede prohibir a ellos imponer el chador a sus mujeres mientras la iglesia
católica obliga a las suyas a llevar toca de monja. Y como este caso, existen
muchos más.
En esta línea existe abierto en Francia un debate sobre el uso del chador por las
niñas francesas de padres musulmanes que tarde o temprano se acabará por
reproducir aquí. En uno de los primeros chispazos una niña, cuyos padres la
obligaban a llevar el pelo cubierto fue expulsada de un colegio de monjas en
Madrid (creo recordar) pagado
con fondos públicos y cuyas profesoras llevaban cubierto igualmente el pelo por
la toca monjil. Aquella noticia, el seguimiento de los medios de comunicación,
las opiniones de curas, monjas, padres de la niña, etc. fue un puro derroche de
hipocresía.
O, por ejemplo ¿quién le va a negar la subvención a un colegio musulmán donde se
enseñe el Corán cuando el 40% de los colegios en España están en manos de los
curas que enseñana la Biblia?

En resumen, mezquita no, curas tampoco.

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