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Published On: Dom, Feb 22nd, 2004

¿Dónde está Bin Laden?

Ya parece que las cosas van volviendo a su cauce en Afganistán y aquel
lejano país vuelve a verse en las internimables luchas entre señores
cuasifeudales dedicados al innoble arte de la guerra y del contrabando de
estupefacientes. El golpe asestado por Estados Unidos parece haber debilitado
hasta la pura supervivencia a la otrora poderosa red de Al-Qaeda pero
Bin Laden sigue sin aparecer.

Es posible que en estas fechas el líder terrorista esté recuperándose de
las heridas sufridas en algún bombardeo estadounidense a cualquiera de sus
posibles refugios, es posible que viva tan ricamente en alguna apartadísima
aldea paquistaní. Tampoco hay que descartar que haya muerto por efecto de
las armas o por alguna enfermedad contraída en su ya larga huida.

En cualquiera de los casos es incomprensible la incapacidad de la nación
más poderosa de la tierra para localizar a un simple hombre.
En el fondo de esta incapacidad está la falta de comprensión de la realidad
del medio oriente por parte de las autoridades norteamericanas. De nada sirve
crear una megared de virus-espía en Internet para detectar comunicados
sospechosos entre las células del Al-Qaeda cuando tres cuartas partes de
Afganistán no tienen luz eléctrica; igual de inútiles resultan los satélites
espía que detectan movimientos de tropas con una precisión pasmosa cuando de
lo que se trata es de localizar una comitiva de diez o quince personas que
se desplazan en burro, al igual que docenas de miles de familias afganas o
paquistaníes.

Si quieren localizar a su enemigo público nº1 tendrán que echar pie a tierra
y andarse todos y cada uno de los caminos de montaña de la región pero,
claro, eso no se puede hacer con agentes de la CIA altos y rubios cubiertos
con una impecable gabardina, para eso es necesario montar una red de agentes
locales a quienes no les de miedo beber agua de pozos salobres, comer
gachas, tener diarreas o ser atacados por salteadores de caminos, de la
misma manera que vive el 99 por ciento del pueblo afgano.
Sin embargo, por razones humanitarias y para no someter a sus agentes a
semejantes torturas, la opción es enviar sucesivas escuadrillas de B-52 a
hacer bombardeos de alfombra, caiga quien caiga.

Seguramente pasarán los años y el título de este artículo pasará a ser un
clásico a la altura de la famosa pieza de Manolo Escobar ¿Dónde estará mi
carro?

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