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Published On: Mie, Sep 22nd, 2004

El mundo que le gustaría a Zapatero

La intervención del Presidente del Gobierno ante el Foro Mundial sobre Pobreza y en la Asamblea general de la ONU, nos ha mostrado la que parece ser la línea que inspira la política exterior de Rodríguez Zapatero: primero vamos a definir los principios y luego se hará lo que se pueda.

Sus propuestas sobre la ayuda que los gobiernos deben destinar a los países pobres, la condonación de la deuda, la lucha contra el hambre y demás propuestas no son nuevas, es lo que vienen reclmando muchas de las organizaciones que se desenvuelven en ese maremagnum conocido como ONG”s. Ni siquiera es nuevo en el ámbito de la política exterior, en donde esos mismos principios se han formulado una y otra vez desde hace más de treinta años.
Sin embargo, aunque está bien partir de principios claros, el esfuerzo del Presidente del Gobierno parece un tanto baldío por cuanto cuesta creer que toda esa batería de buenas voluntades se vayan a poner en práctica, no ya a nivel global sino ni siquiera desde el propio Gobierno español. A todos nos conmueven las escenas de los niños muriéndose de hambre, las escenas de los cuerpos arrastrados por las olas desde una naufragada patera y todos esos desastres humanitarios que tan bien nos sirven las cadenas de televisión a la hora de comer. Pero una vezz que se empiezan a nalizar las propuestas y su traslación a la práctica de gobierno empiezan a aparecer los problemas.

Efectivamente hay que promover un comercio internacional justo en donde cada país pueda poner en el mercado lo mejor de sus capacidades pero cada vez que se abre un resquicio para las importaciones de productos de países pobres hacia los países ricos se produce una revuelta de los agricultores; por ejemplo, los tomates marroquíes en la Unión Europea o el maíz mejicano en los EE.UU.
Condonar la deuda de los países del tercer mundo significa cancelar un activo en las cuentas públicas o sea, anotar un impagado que hay que cubir con el dinero procedente de los impuestos pero, sugiera Ud. una subida de impuestos para financiar las políticas respecto al tercer mundo y verá cómo le llueven los palos (no son necesariamente palos, simplemente será excluído del escenario político hasta posiciones marginales).

Así se podría seguir desgranando los efectos prácticos de cada una de las intenciones propuestas por el Presidente del Gobierno y no parece que el voluntarismo sea una opción interesante en política internacional. En vez de eso ¿por qué no se hace una política exterior basada en la generación de riqueza compartida? ¿Por qué no favorecer la existencia de flujos de comercio basados en la competitividad y no en la limosna?



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