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Published On: Vie, Oct 29th, 2004

La mentira tiene patas cortas

El dicho de que la realidad supera a la ficción puede parecer un lugar común, pero de cuando en cuando se nos presentan hechos que lo confirman . Un buen ejemplo de ello es el llamado “Caso Paquitina” ocurrido en Granada, calificado por los entendidos como único en la historia de los tribunales de España y digno de las películas de Tom Cruise.

Francisca, “La Paquitina” y su amiguete Juan, dos narcotraficantes de cuidado que ventilaban sus negocios por Almanjáyar, murieron en oscuras circunstancias. La Paquitina, de un infarto, y don Juan… pues no lo sé. Tampoco importa mucho, porque resultó que los narcos no estaban muertos y andaban de parranda. Sus abogados habían fraguado su muerte para ayudarlos a eludir la condena a prisión a que los había sentenciado la Audiencia de Granada, y eludir una multa de más de 200.000 euros. La tajada obtenida por los leguleyos habrá sido, indudablemente, jugosa, y la felicidad de los paquitinos mucha, pensando en que irían a retomar el negocio con premura.

Al mejor estilo Hollywood, el defensor de Francisca, compinchado con el de Juan, otro colega y un hermano de éste que trabajaba en su bufete, concibieron el plan de hacer pasar por muertos a sus clientes. Se procuraron sendos certificados de defunción que presentaron ante el Registro Civil donde, haciéndose pasar por familiares de los occisos, rellenaron los formularios pertinentes.

Hasta aquí parecía que la cosa iba a colar. Pero la mentira tiene patas cortas, y ocurrió que La Paquitina fue sorprendida en su hogar por la Policía Nacional, que ignoraba la muerte de la pobrecilla. De aquí a descubrir el falso fallecimiento de su socio sólo hubo un paso. Resultado: vuelta a empezar. Otra vez a Tribunales, y ahora con un cortejo de asesores que deberían dar muchas explicaciones.

La Sección Primera de la Audiencia de Granada se acaba de expedir sobre el caso: prisión y multa para todos, falsos muertos, abogados, idearios y cómplices. Algún cabo suelto quedará por allí, pero en términos generales, el caso acaba como las películas que más nos gustan: esta vez pierden los malos. Para que no perdamos la ilusión de creer que la justicia es ciega, pero no tonta.

Inés Álvarez



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