" />
Published On: Vie, Nov 5th, 2004

El crepúsculo de los dioses

La decadencia de ciertos líderes políticos suele estar rodeada de especulación y crueldad por parte de su entorno. Es verdad que muchos de ellos han actuado en el pasado como dioses sin piedad en un mundo de tristes mortales. Sin embargo, más allá de que estos líderes puedan tener o haber tenido una trayectoria plagada de hechos condenables, la burla, la especulación o el ensañamiento sobre el derrotado o el moribundo no son gestos dignos de sus oponentes y menos de sus partidarios.

Recordemos la derrota de Sadam Hussein: no bastó anunciar que el tirano había sido apresado; había que humillarlo todo lo posible ante los ojos del mundo. Los vencedores se jactaron de mostrarlo ante las cámaras y la prensa como un mendigo piojoso y atontado; exhibieron los exámenes que como a un caballo viejo le hacían a sus dientes; se divirtieron a costa de su apariencia avejentada, acobardada y maloliente, como si en esas circunstancias fuera posible aparecer como un señorito inglés.

Hace pocos días, cuando Fidel Castro sufrió su estrepitosa caída al acabar un discurso, numerosas figuras de la política occidental sonrieron con sorna, se entretuvieron haciendo chistes de mal gusto acerca del accidente y no faltó quien le deseara un pronto viaje al otro barrio.

Ahora estamos frente al asunto Arafat. Y como éste recibiera alguna vez el Nobel, ya no se hacen bromillas en público sobre su deceso, pero vemos que amigos y enemigos se vienen agolpando desde hace rato a sus puertas esperando que ocurra, como buitres aguardando su parte de carroña. Desde el primer momento, israelíes y palestinos por igual barajan sus cartas en el juego del poder que Yasser dejará vacante, y Sharon, por si alguien lo creía capaz de un gesto humanitario, se ha apresurado a aclarar que no dejará que Arafat sea sepultado en su querida Jerusalén. Y esto lo ha dicho, claro, cuando el palestino aún se encontraba en pleno uso de razón.

Sin duda la actuación de estos líderes puede ser en muchos casos discutible y en otros execrable. Las previsiones no están de más cuando se trata de atajar las crisis que pueden suceder a la desaparición de una de estas figuras. Tampoco es anormal sentir alivio cuando alguno de ellos deja de existir. Pero creo que en el campo de la política no está de más mantener la elegancia. Hay que saber hacer amigos, pero también hay que saber ser enemigos con clase. Hacer leña del árbol caído no enaltece al que lleva el hacha, aunque el árbol sea una mala hierba. Dejando de lado por un segundo los juicios de valor, el crepúsculo de un dios es una imagen melancólica, sobre todo cuando el dios es derrotado por la simple condición humana.

Inés Álvarez



Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>