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Published On: Dom, Nov 14th, 2004

Nunca mais

La catástrofe del Prestige cumple dos años. Ayer se inició el segundo aniversario de uno de los mayores desastres ecológicos vividos por Europa. Cuatro comunidades españolas quedaron marcadas por las despiadadas manchas de un fuel que ha dejado señales imborrables en el suelo y en la memoria de las regiones del norte y noroeste del país.

Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi asistían dos años atrás a un espectáculo dantesco que se representó a lo largo de una semana y de cuyas consecuencias aún quedan numerosos vestigios. ¿Se podía haber evitado la desgracia? Quizás. Algunos opinan que el Gobierno podría haber actuado con más premura; otros afirman que el Prestige nunca debería haber salido de puerto; los más aseguran que si se hubieran seguido las disposiciones reglamentarias desde un principio, nada de esto habría ocurrido. Ahora son sólo conjeturas.

Quienes hayan visitado las costas del norte alguna vez, sabrán del valor ecológico y paisajístico de esos lugares únicos. Imaginar las playas y acantilados cubiertos de crudo, las aves muriendo con su plumaje pegoteado de combustible, el daño, en suma, producido en áreas de incalculable valor biológico, llena el corazón de pena. Calcular los perjuicios económicos ocasionados por la marea negra es un ejercicio amargo. Pensar que en muchos otros puntos del océano se siguen vertiendo, accidental o intencionalmente, cientos de miles de toneladas de hidrocarburos por año, hace brotar la indignación.

Lo que debemos rescatar es que la falta de conciencia de unos fue valientemente combatida por la voluntad y el esfuerzo de otros. Un verdadero ejército de voluntarios se reunió para enfrentar una amarga labor: hundidos en el chapapote y soportando el frío en el cuerpo y el alma, salvar la mayor extensión de costa en el menor tiempo posible. Cerca de cien mil toneladas de residuos recogidos hasta ahora nos hablan de la magnitud del problema y de la labor de toda esta gente. A ellos hay que honrar cuando al hablar de esta historia se pretenda un homenaje. La gente que llegada de lejos o venida de las cercanías se unió para darle a la naturaleza otra oportunidad: ellos son los que merecerán siempre el recuerdo y la intención de que el “nunca mais” sea escuchado al fin por aquellos que pueden hacerlo realidad.

Inés Álvarez



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