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Published On: Dom, Dic 12th, 2004

Bon apetit

Cuando leemos Yo, Claudio, de Robert Graves, o El príncipe de los zorros, de Samuel Shellabarger, o recordamos los cuentos de nuestra infancia como Blancanieves y los siete enanos, pensamos que ciertas medidas drásticas descritas en esos relatos eran un producto de la fantasía o bien procedimientos comunes en el pasado, ya impensables para nuestros días.

Pero hete aquí que hoy nos sale al paso una noticia digna de las novelas sobre los Borgia: los médicos austríacos que atienden a Víctor Yúschenko, candidato opositor a la presidencia de Ucrania, confirman que el político ha sido envenenado. A diferencia de las novelas, afortunadamente en este caso el desenlace no ha sido fatal.

La sucesión de hechos que llevan al diagnóstico de hoy es realmente de película: entre el 5 y el 10 de septiembre Yúschenco cenó con altos funcionarios de los Servicios Secretos ucranianos. La noche de la cena su esposa, al besarlo, percibió en los labios un extraño sabor metálico. Poco después de aquella cena el político empezó a sufrir serias afecciones en el sistema digestivo, terribles dolores de pecho y espalda y una alarmante desfiguración del rostro, cuya piel se cubrió de pústulas.

Los médicos que lo atendieron en Viena desde el comienzo del problema no daban con la solución hasta que ayer confirmaron el hallazgo: Víctor Yúschenko había sufrido una grave intoxicación con dioxina, que sin duda había ingresado a su organismo por vía oral. La dioxina, que mencionamos días pasados en otro artículo de esta sección, es una sustancia altamente tóxica usada, por ejemplo, en la fabricación del Napalm o “gas naranja”, la terrible arma química estrenada por los americanos en Vietnam. La dioxina se diluye fácilmente en grasas, por lo que pudo ser introducida sin problemas en los alimentos.

En Ucrania, como era de esperar, se discute la validez de este diagnóstico, tratando de minimizar el descubrimiento de los vieneses. Mientras tanto, Yúschenko vivirá, y se espera que su salud se restablezca poco a poco. Sin embargo, se teme que su rostro no recupere sus rasgos normales.

Las verdaderas causas del envenenamiento aún permanecen en el plano de la sospecha, aunque casi todos los indicios apuntan en una dirección. Como vemos, caer antipático a determinados sectores de la política ucraniana puede ser muy peligroso.

Y a vosotros, lectores, un consejo: aunque no cenéis en Ucrania, procurad limar asperezas con familiares y amigos cuanto antes. Tened en cuenta que las comidas de Navidad y Año Nuevo están cerca, y la dioxina va muy bien con la grasa del pavo.

Inés Álvarez



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