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Published On: Lun, Ene 10th, 2005

Historias del tsunami

Dos semanas después del terrible seísmo desatado al sur de Asia, que ha dejado, según las últimas cifras obtenidas, alrededor de ciento cincuenta mil muertos, las “historias del tsunami” siguen asombrando al mundo. La mayor parte de ellas son descorazonadoras: ciudades destruidas, miles de desaparecidos, heridos, enfermos, huérfanos, vastos territorios sepultadosbajo el agua. Pero en medio de tanta desolación aparecen pequeños relatos que parecen escritos para devolvernos la esperanza; reportes de pequeños milagros o historias de solidaridad en las que vale la pena detenerse a pensar.

La ruta de la serpiente
Una joven india que había sido lanzada mar adentro por las olas, consiguió aferrarse a una superficie flotante y buscaba la forma de alcanzar tierra, cuando oyó los gritos desesperados de una mujer que sostenía un bebé en brazos. La mujer estaba a punto de hundirse y sólo rogaba que salvaran a su bebé. La joven se lanzó de nuevo al agua y logró alcanzar al bebé mientras la madre se hundía en las aguas, pero ahora estaba completamente desorientada y no sabía en qué dirección debía nadar. En ese momento vio una serpiente que pasaba a su lado. Consciente de que el reptil buscaría tierra firme, nadó detrás de él. En efecto, la serpiente la guió hacia la costa, donde ella y la huérfana consiguieron ponerse a salvo.

Viejos y sabios
Los aborígenes del archipiélago de Andaman y Nicobar, cuyas tribus datan del paleolítico y el mesolítico, percibieron gracias a sus ancestrales conocimientos que el desastre se avecinaba. Notaron las señales en el canto de los pájaros y la conducta de los animales marinos, y escaparon a tiempo adentrándose en los terrenos más altos y boscosos de sus islas. Así, aldeas enteras lograron salvarse.

La puerta del destino
Una joven de trece años, hija de un oficial de la armada india, fue arrastrada por las olas de la base de Car Nicobar junto con su padre. La joven permaneció dos días flotando, sostenida de una puerta, y aunque gritó pidiendo ayuda a los helicópteros que pasaban, nadie la vio. Ya se había abandonado a su suerte cuando notó que las olas la empujaban lentamente hacia la orilla. El mar había sepultado a sus padres. A ella le devolvía la vida. Cuarenta y ocho horas después del inicio de la catástrofe, fue encontrada en una playa caminando desorientada, pero a salvo.

Una lección vital
Tilly, una niña inglesa que pasaba unas vacaciones con su familia en Phuket, advirtió fenómenos extraños en la playa. En la escuela, su profesor de geografía les había hablado de los tsunamis y de cómo reconocerlos. La pequeña notó las coincidencias con lo que estaba presenciando y alertó a sus padres. Cien personas que se encontraban en la misma playa pudieron salvarse gracias a ella.

El árbol de la vida
Un turista inglés y su familia, que se encontraban disfrutando de unos días en las Islas Maldivas, fueron “aspirados” por la marea. Consiguieron alcanzar una palmera a cuyas ramas el hombre ató a sus hijos y esposa usando unas toallas. Sosteniéndose de las ramas pudieron resistir las cinco horas de espera hasta que fueron rescatados.
También un pescador indonesio se salvó gracias a una palmera, de cuyo tronco se sostuvo a la deriva durante siete días, al cabo de los cuales fue hallado por el carguero que lo rescató.
Otra palmera salvó a Melawati, indonesia de veintitrés años, quien permaneció asida al tronco flotante por cinco días hasta que fue encontrada por un barco atunero.

La balsa de plumas
Wira fue atrapado por la ola cuando jugaba en una playa de Sumatra, cerca de su casa. Pudo montarse en un colchón y permaneció flotando en él cerca de dos días. Unos pescadores lo recogieron en alta mar y lo llevaron junto a su familia que se encontraba en un campo de refugiados después del seísmo.

El rey pescador
Tengku, joven pescador indonesio, se hallaba en el mar cuando la ola lo golpeó el 26 de diciembre. Fue arrojado a una playa con su bote y quedó atrapado debajo de él durante una semana sin posibilidad de beber ni alimentarse. Un equipo de rescate lo encontró y lo trasladó al hospital donde intenta recuperarse, más que de sus daños físicos, del impacto psicológico que nunca olvidará.
Otros cuatro pescadores de Indonesia fueron recuperados del mar tras permanecer nueve días aislados en su bote de madera. Un helicóptero de rescate los avistó en Año Nuevo y la guardia costera los trasladó con premura a un embarcadero. Para ellos, nunca más cierto el dicho de que “año nuevo, vida nueva”.

En el nombre del hijo
Le faltaba un mes para el parto. El 26 de diciembre, ella, su esposo y su primer hijito vieron alzarse el mar como una garra gigantesca sobre su pequeña isla de Hut Bay. Corrieron para salvarse, pero ella se cayó y se desmayó. Su esposo la arrastró quinientos metros hasta un sitio más seguro. El bebé que esperaban nació allí mismo, en su improvisado refugio. Le llamaron Tsunami, probablemente para agradecer a la ola furiosa que les perdonara la vida. A la misma ola, quizás, le están pidiendo que les ayude a encontrar a su otro hijito, que está perdido.

A vuestro prójimo como a vosotros mismos
“Los Topos” son un grupo de mexicanos que se unieron tras el tremendo terremoto que sacudió la capital de su país en 1985. Se especializaron en el rescate de personas y han ayudado a salvar muchas vidas desde entonces, acudiendo a distintos lugares de América Latina castigados por desastres naturales. Ahora se han para echar una mano en Indonesia, donde los necesitan. La Alcaldía de México DC paga los gastos.

Radio solidaria
Una pequeña radio de Port Blair, capital de las Andamán, no para de trabajar. Transmite dieciséis horas al día, y gracias a sus servicios se ha podido ayudar a muchas personas en peligro. Reemplazando a las destruidas líneas telefónicas, actúa como único medio de comunicación para las personas que buscan familiares extraviados en la región. Gracias a esta emisora, muchas familias vuelven a sonreír.

Derribando los muros
Estaban pasando su luna de miel en Phuket. Regresaban de un paseo cuando, al entrar en su hotel, el tsunami los sorprendió. Lograron huir, pero lo habían perdido todo. Ya no tenían documentos ni dinero para volver a su Israel natal. Entonces ocurrió el pequeño milagro: un matrimonio de palestinos que se habían alojado en el mismo hotel les dieron el dinero que necesitaban para regresar a casa. Sanos y salvos en su casa cerca de Tel Aviv, Yosi e Inbar saben ahora que la solidaridad puede derribar todos los muros.

Estas son apenas unas cuantas historias. Muchas de ellas, aunque sencillas, pueden parecer imposibles. Algunas, por lo extraordinario de sus circunstancias. Otras, porque demuestran que el ser humano aún alberga en su interior mucha bondad. Ojalá nunca vuelvan a hacer falta tantos miles de muertos para que la solidaridad de nuestra especie se anime a salir de su encierro.

Inés Álvarez



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