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Published On: Vie, Ene 14th, 2005

Especulaciones sobre el tablero

Con los primeros días del año llegan a los servicios informativos cantidad de datos estadísticos frescos sobre la más diversas actividades de nuestra especie. Es una gran ocasión para conocer datos muy curiosos que, aún siendo las más de las veces completamente inútiles para los afanes diarios, no dejan de asombrarnos y alimentar nuestra imaginación.

Entre otros informes, tengo ahora mismo a la vista la hoja de ránkings 2005 de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez), donde se informa que el maestro ruso Garri Kasparov permanece en primer lugar, es decir, como campeón mundial, desde hace veinte años. Veinte años, nada menos. No es moco de pavo. El ajedrecista subió al número uno del mundo cuando era un jovenzuelo de veintidós y aún nadie ha podido con él.

¿Y a mí, qué?, diréis. Bueno, nada. Sólo que como siempre se tiene a los ajedrecistas por personas de inteligencia netamente superior, me preguntaba cómo se podrían aprovechar las dotes de semejantes cerebros para el bien común. A ver si encamino las ideas: tengo varios amigos que juegan al ajedrez, entre ellos un Gran Maestro (sí, suena como el jefe de una logia), y estoy un pelín harta de oírles decir que el ajedrez es “el juego de la vida”; que “enseña cómo resolver, a través de la lógica, la estrategia y la psicología los conflictos que derivan de las relaciones humanas”, que “uno vive como juega y juega como vive”, y otras muchas loas a este “deporte de los reyes”.

¿No suena maravilloso? Pues bien, si ésto es cierto, ¿no sería buena idea, por ejemplo, proponer a los ajedrecistas como jefes de gobierno? Si estas mentes son capaces de vislumbrar de una mirada el “desarrollo político” que representa este juego, si estos expertos pueden predecir los movimientos del adversario, defenderse de sus ataques, ganar posiciones y revertir con mesura y elegancia las maniobras peligrosas del oponente, ¿no serían los presidentes y los diplomáticos ideales?. “Porque en la idea del Ajedrez y en el desarrollo de la mente ajedrecística tenemos un cuadro de la lucha intelectual de la humanidad”, dijo R. Reti. Según estas palabras, no deberíamos dudar en convocar a Grandes Maestros para dirigir los destinos de las naciones.

Lástima que ésta apenas sea una fantasía de mi mente ociosa. Porque si voy a los hechos y de acuerdo a mi humilde capacidad de observación, dudo que los maestros del ajedrez puedan resolver los problemas del mundo porque no viven en el mundo. No pueden componer la realidad porque habitan en una realidad propia, fuera del alcance de los vaivenes cotidianos. No pueden solucionar los conflictos de la vida porque muchos, muchos de ellos ignoran qué es la vida y la confunden con los cuarenta centímetros cuadrados donde concentran su existencia. Y aún más, piensan que las inviolables reglas de su juego son también las del día a día, lo que los transforma, hasta cierto punto, en “discapacitados vitales” para esta sopa caótica, irrespetuosa y sorprendente que suele ser el universo humano. Casi lo mismo que les pasa a los políticos de verdad.

Lectores: no protestéis por esta digresión mía puesto que no tiene otro fin que el de una amena especulación sin ánimo de herir susceptibilidades. Probablemente, lo mejor sea que los grandes ajedrecistas sigan asombrando al mundo en su especialidad y que los políticos se dediquen con seriedad y vocación a la suya, aunque no estaría mal que aprendieran un poco de ajedrez para ejercitar sus anquilosadas neuronas. Jaque mate.

Inés Álvarez



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