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Published On: Jue, Ene 27th, 2005

Sospechosos habituales

¿Quiénes son los que al inicio de una manifestación contra ETA insultan a un gobierno que desde el primer día ha demostrado su voluntad de acabar con el terrorismo? ¿Quiénes son esos que parecen olvidar que el máximo dirigente etarra fue encarcelado por Zapatero? Los Sospechosos Habituales.

¿Quiénes son aquellos que en el mismo acto vitorean a políticos que lanzaron a España al fuego irakí y la convirtieron en blanco perfecto para la revancha islamista? Los Sospechosos Habituales.
¿Quiénes son los que en una marcha silenciosa contra los asesinos de ETA aprovechan su minuto de protagonismo para berrear consignas inconexas como “No musulmana, España cristiana”, o “No a Zapatero el 20 de febrero”? Los Sospechosos Habituales.

Los Sospechosos Habituales son una raza de señoritos de látigo en mano y crucifijo al cuello, residuos de una época negra en que España era un terruño de cuatro ricos y cuatro millones de hambrientos. Son unos aspirantes a toreros que creen llevar con garbo el traje de luces y no ven que en cambio se van pisando la capa del inquisidor. Son aquellos que juegan a ser próceres fingiendo un gesto de horror cuando se menciona al nacionalismo vasco mientras que ellos mismos son los embajadores de otro nacionalismo no menos fanático y destructivo, el nacionalismo de la edad aciaga que no se resigna a morir y cuyos crímenes aún hoy no se acaban de revelar. El nacionalismo rabioso que nuestro país está procurando, dificultosamente, sacudirse de las espaldas.

Los Sospechosos, los señoritos, los sicarios, en su acérrima ignorancia se hacen dueños de lemas tan distantes a su ideología como “el pueblo unido jamás será vencido” y en un alarde de ingenio los convierten en “España unida jamás será vencida”. ¿A qué España se refieren? ¿A una España que no es más que la tapadera de su hambre de dinero y poder?

Cuidado con los viejos Sospechosos. No permitamos que nos confundan. A ellos no les importan nuestros muertos. Las víctimas de la violencia son apenas un arma que disparan contra los que quieren buscar soluciones nuevas a problemas antiguos. Son los amos del statu quo y los pescadores que más se aprovechan del río revuelto. Son, como el ministro Bono ha dicho, “gente que no ama la libertad”.

Inés Álvarez



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