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Published On: Dom, Ene 30th, 2005

Poderoso caballero

Es bien conocido el dicho que reza “el dinero no hace la felicidad…la compra hecha”. Lo mismo podríamos decir acerca de la libertad. El dinero la compra. A la vista saltan ejemplos que insultan el sentido natural de justicia que todos poseemos. Sin ir más lejos, tenemos a mano los recientes casos de un violador en Córdoba y del bailaor “Farruquito” en Sevilla.

El día 27 el Tribunal Supremo de Córdoba rebajó en tres años la pena correspondiente al violador de una niña porque éste había entregado a la familia de la pequeña 7.000 euros antes del juicio. Lo más repugnante aquí no es la actuación del tribunal, que ya lleva lo suyo, sino la actitud de esos padres que se dan por satisfechos con un fajo de billetes, como si éstos fueran suficientes para borrar los daños físicos, morales y psicológicos que ha sufrido la pequeña. ¿Cuánto vale la protección de la integridad de una niña? Para estos… no sé si llamarles padres, parece que 7.000 euros son un buen precio.

Juan Fernández Montoya, bailaor apodado “Farruquito”, iba ebrio al volantede un coche sin seguro el 30 de septiembre de 2003, sin carné de conducir, cuando atropelló y mató a un peatón en Sevilla. Huyó abandonando a la víctima. La policía rastreó el coche y a través del vehículo llegó hasta el responsable. Él llegó a inculpar del crimen a su hermano, menor de edad. Desde el primer día el bailaor goza de libertad obtenida por medio de una fianza de 140.000 euros. El 20 de enero, la Audiencia de Sevilla decidió que la Dirección de Tráfico le entregue el carné de conducir que el artista, muy cumplidor, se ocupó de obtener un año después del crimen. La acusación particular pide ocho años de cárcel para el culpable, pero se sospecha que, aprovechando oscuros rincones de la ley, no cumplirá ni uno. Farruquito sigue suelto. ¿Por qué? ¿Por haber bailado en Broadway? ¿Por tener, como ha dicho la revista People, “uno de los rostros más bellos del mundo? Tal vez. Pero por sobre todo, sigue libre por tener dinero suficiente para comprar su libertad.

El dinero compra la libertad, no hay duda. También ha comprado la libertad de viejos jerarcas nazis que salvaron el pellejo en Sudamérica gracias a suculentos sobornos otorgados a algunos gobiernos del continente. Ha comprado cómodas prisiones domiciliarias para los militares genocidas de Chile y Argentina, derecho de entrar y salir del país al ex-presidente Menem después de haber acabado de arrasar el exangúe tesoro argentino, impunidad para los narcos de Colombia, honor y gratitud para jefes de gobierno capaces de enviar al matadero a su gente.

Así que, si usted ha decidido convertirse en un completo gamberro, saltarse las leyes a diestra y siniestra, olvidar lo que significan los términos “justicia” y “respeto”, hágalo. Pero asegúrese antes de que sus arcas estén bien provistas. Así podrá sentirse intocable. Pues como bien dijera Don Francisco de Quevedo: “Que pues doblón o sencillo/ Hace todo cuanto quiero, / Poderoso caballero/ Es don Dinero”.

Inés Álvarez



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