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Published On: Sab, Feb 5th, 2005

Submarino amarillo

A los ingleses les encanta España, especialmente el sur. Casi todos los buenos parajes de nuestras costas mediterráneas cuentan con una respetable cantidad de habitantes ingleses. No es novedad que los pueblecitos de la Alpujarra granadina se han ido poblando poco a poco de ciudadanos británicos que eligen las bellezas del paisaje, el clima privilegiado, la buena comida, la amabilidad de los pobladores y los precios convenientes de esta región para pasar una vida regalada. Los españoles también son vistos por los nativos de Albión como personajes simpáticos y curiosos. No es extraño que alguna turista española, paseando por los tradicionales mercadillos callejeros de Londres, oiga de algún caballero vernáculo que ha reconocido su procedencia un sonoro “Seniowithaaa!” (“señorita”, si hace falta traducción).

Podríamos decir que España e Inglaterra, Armadas Invencibles y Trafalgares casi olvidados, se llevan de rechupete. Han estado unidos codo a codo respaldando al Texano Justiciero en Oriente, han hecho buenas migas en los últimos vaivenes europeos, y con las discusiones sobre Gibraltar reabiertas, daba la sensación de que ya eran como de la familia.

Y sólo en el seno de las disputas familiares se podría encuadrar una gamberrada como la que nos obsequia ahora el gobierno inglés. Porque a un amigo, éso no se le hace. Quizás por revanchismo al ver que España retiraba sus tropas de Irak, quizás por esa frialdad de que Gran Bretaña hace gala cuando de negocios se trata, la cuestión es que nos han endosado otro submarino nuclear agujereado para que Gibraltar lo repare.

Los ingleses que tanto aprecian a España tienen un Primer Ministro que no duda en usarnos de vertedero. Y no me digan que Gibraltar no es España, porque ahora lo es más que nunca. Ahora que el peligro de un escape radiactivo amenaza entrar por las costas andaluzas, no cabe hacer divisiones geográficas. El HMS Sceptre está allí. El sceptre (cetro) de Su Majestad se ha clavado en la punta gibraltareña para señalar a su marina dónde puede tirar la basura.

Dicen que el problema no es grave. Dicen que la avería no afecta al área del reactor y por lo tanto no reviste peligro de emisiones. Dicen. Caruana, ministro de Gibraltar, funcionario británico, protesta porque a él su gobierno le dio menos información sobre el asunto que a Madrid. A Caruana se le dijo que el desperfecto del Sceptre era un problemilla en el casco. ¿Les creemos o no cuando nos aseguren que el fallo no reviste peligro?

Más allá de mentiras y verdades, tenemos que dejar de recibir la basura internacional. Ya es suficiente. Basta de Prestiges, de Tireless y la mar en coche. Los buques inservibles deben ser desmantelados en el momento justo, por y en su territorio de origen. Es inadmisible que las naciones más poderosas o más astutas se tomen por costumbre vaciar sus intestinos en el país que elijan oportunamente como excusado. Que cada uno se haga cargo de su propia porquería. El dinero que Inglaterra emplea para reparar navíos en decadencia podría mejor destinarse a becas para que los españoles aprendamos bien el inglés. Que a juzgar por la pronunciación de las azafatas en los congresos… ésa sí es una obra impostergable.

Inés Álvarez



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