" />
Published On: Jue, Mar 10th, 2005

El remedio y la enfermedad

Hace pocos días un grupo de científicos españoles anunció el descubrimiento más esperanzador de los últimos tiempos: se logró identificar una molécula generada por el propio sistema inmunológico de los enfermos de cáncer que impide al cuerpo humano combatir los tumores. Las implicancias del hallazgo son alentadoras: manipulando la molécula (una proteína, para ser más exactos), se podría “silenciar” el gen que la codifica y lograr así que el sistema inmune pueda defender al organismo contra distintos tipos de carcinomas.

El grupo de investigación, liderado por el doctor Eduardo López-Collazo, está compuesto por científicos de Madrid, Alcalá de Henares, Barcelona, y Milán (Italia). Los resultados de la técnica de desactivación de la molécula nociva se han estudiado en un grupo de pacientes con distintos tipos de cáncer, obteniendo resultados prometedores. Aún así, el equipo aclara que el procedimiento se encuentra en etapa experimental y que requerirá tiempo para confirmar su efectividad. Lo que sorprende es la edad de los profesionales involucrados en esta hazaña: en promedio no superan los treinta años. Un grupo de jóvenes brillantes que nos hace sentir orgullosos y emocionados.

Es debido a su juventud y sin duda a mi cinismo que les atribuyo, sin embargo, una leve falta de criterio. Asumo que mi observación puede ser excesiva, innecesaria, pero no deja de molestarme y la tengo que soltar. No me gusta el nombre que estos doctores le han puesto a la molécula destructiva. La han bautizado “IRAK-M”. Y me incomoda.

Tal vez les haya parecido una humorada, de mal gusto por cierto. Quizás estén convencidos de que están haciendo una especie de acto de justicia. Pero la denominación no es cómica, y se me antoja producto de una lamentable falta de reflexión o de un deseo de lucrar haciendo leña del árbol caído. ¿Por qué “Irak”? ¿Les parecerá que es el símbolo de la destrucción? Disiento con ellos: Irak no es el destructor sino el destruido. ¿Por qué no llamar a la proteína fatal “ETA”, por ejemplo, si quieren darle el nombre de un ente que mata porque sí? ¿Por qué no llamarla “USA”, el nombre del organismo más parecido a la molécula descubierta, puesto que es el más dañino que existe en el mundo actual y se alimenta de la destrucción de otros cuerpos?

¡Ah, claro! Los científicos del doctor López-Collazo se quejan de que no tienen financiación para continuar sus estudios. Por cierto, si bautizaran la molécula con el nombre de USA se perderían el auspicio de quienes son los candidatos más probables para aportar dinero a este proyecto (no tanto por su amor al género humano como por su deseo de poseer los últimos avances en todos los campos), y mucho más si se les hace la pelota bautizando la moleculilla venenosa con el nombre de uno de sus blancos de guerra.

Pues no lo sé, muchachos. A mi juicio, habéis meado fuera del tarro. Por favor, decidme que me equivoco. Escribidme para aclarar mi error. Contadme que IRAK-M son las siglas de los aminoácidos que componen la proteína fatal. Desengañadme y me declararé verdaderamente feliz. Ya estoy cansada de sentir vergúenza ajena. No quiero seguir pensando que aún los cerebros más privilegiados son capaces de albergar las moléculas más corrosivas que existen: la estupidez y el oportunismo, más difíciles de erradicar que el mismo cáncer.

Inés Álvarez



Leave a comment

XHTML: You can use these html tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>