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Published On: Mie, Feb 21st, 2007

Las urnas vacias (II)

Creo que es hora de que nos vayamos replanteando algunas de las bases de la democracia y es que el que no vota también existe y es demócrata, no podemos pensar simplemente que más del 60% de la población somos unos irresponsables. El que no vota lo hace porque no sabe qué votar, ni siquiera el voto en blanco le satisface, no se puede adscribir a la opción de la mayoría pues cualquiera de las dos opciones resultaba insatisfactoría, por un lado, cómo decir “no” a un estatuto tan social y con tantas ventajas, sobre el papel. Por otro, decir “si” supone inclinarnos hacia una configuración de la realidad nacional que el andalúz no se había planteado y que no le importa.

Asi pues, la opción es no votar y desde aqui pediría que la voz de los no votantes sea también escuchada, que no se anden con quimeras y le den el valor que merece, que se tenga en cuenta que un 30% de ciudadanos no pueden legitimar nada y que hagan la lectura de los que han tomado también una opción, la de no votar, que nos hablan de un mal planteamiento de las elecciones, de que no se tenía que haber pasado por las urnas en esta ocasión.

Por favor, señores, seamos serios en cuanto a las elecciones se refiere porque por este camino los ciudadanos nos sentimos cada vez más desvinculados de una política y unos políticos que viven en un mundo distinto del nuestro, que se inventan lo que pensamos y que idean lo que necesitamos desde sus despachos, sin contacto con la realidad ciudadana. ¿Qué ocurriría si se diese el caso que sólo votasen el 20%? ¿también legitimarían la votación? ¿nos representan a todos ?

La pregunta que nos hemos de formular es dónde esta el límite de no votantes para que los partidos políticos se planteen que algo no va bien en lugar de sentirse tan pletóricos como lo hacen hoy con los resultados. Supongamos que un día, no tan utópico, en unas elecciones generales tan sólo acude a las urnas el 10% de la población censada con derecho a voto, la clase política tendría que plantearse que algo hace mal (me pregunto si bastaría con el 20% o precisarían el grito unánime de la población para ser autocríticos).

Mientras la mayoría de los votantes depositen su elección no hace falta escuchar a una minoría que es probablemente más representativa y que clama por un cambio. En lugar de escuchar a esa minoría, de preguntarse por qué no votamos se limitan a “invitarnos” a votar (como si el mero hecho de que cualquiera de nuestros políticos nos invite a votar fuese suficiente aliciente para una población desencantada y desvinculada, carente de alternativas.



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