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Published On: Vie, Ago 10th, 2007

Festivales de verano

Llegó el verano y con él las vacaciones. Se despliegan las innumerables ofertas con las que ocupar ese preciado tiempo libre que hemos aguardado durante todo el año y que, algunos más que otros se merecerán.

Podemos optar por los maravillosos dias de playa rodeado de domingueros profesionales entre los cuales, hacerse un hueco en la arena se convierte en una más que ardua tarea. O, podemos decantarnos por una opción más cultural y zambullirnos de lleno en la historia de algún país extranjero.

Pero si eres un poco más intrépido (o menos, depende de cómo se mire) y original puedes elegir deambular de festival en festival por toda la geografía española, con lo que, además de visitar lugares inexplorados de nuestro país, que de otra forma no conocerías, tendrás la posibilidad de ver y escuchar conciertos cada vez más numerosos.

Así es, nuestro país es famoso por muchas cosas, entre ellas su clima, lo que nos proporciona el privilegio de disfrutar de festivales de verano en los que se conjuga la música, los talleres y la convivencia entre seres de comunes de intereses e iguales inquietudes. Apenas hay un fin de semana o lugar que se libre de un acontecimiento como estos, cada uno de ellos con su estilo, personalidad y tipo de música, con lo que el abanico de posibilidades se abre para que nos quedemos con la que más nos satisfaga.

Es una opción interesante, original, barata, respetable y cada vez más solicitada, no sólo dentro del panorama nacional, sino también del internacional, ya que cada año son más los turistas que elijen un festival como destino vacacional, lo que promociona dicho evento, y sirve de reclamo. De igual manera contribuye a mejorar el cartel y que cada vez sean mejores los artistas que se unan a esta propuesta. Parece que así nadie sale perdiendo. Aunque cada año haya festivales que puedan pasar por vacaciones de lujo si tenemos en cuenta el precio de sus entradas.

Pero, ¿y si la vida de un tranquilo pueblo de la España profunda se ve invadido por esta nueva clase social que podríamos bautizar como “festivaleros”?. Hay quien puede pensar que no hay nada mejor para dar a conocer un lugar que un acontecimiento que lo promocione, pero, y si sus habitantes sencillamente no quieren promoción, no quieren ver sus calles llenas de gente que no conocen y que, en ocasiones según ellos, se comportan de manera poco civilizada. Y si no consideran la música como tal sino como ruido que altera su tranquila existencia.

Bueno, quizá el dinero que trae esa marabunta al pueblo sirva para arreglar sus calles en las que suelen sentarse a conversar, arreglar la iluminación y que la plaza se vea más bonita, atraer todo tipo de turismo más allá del festival y contribuir a que su estilo de vida sea un poquito mejor.

Podemos esforzarnos en ver el lado negativo de todo, que como es natural e inevitable lo tendrá, pero de vez en cuando debemos echar un ojo también al positivo, una voluntad de innovar, y una posiblidad de interculturalidad, que nunca viene mal.



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