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Published On: Vie, Sep 21st, 2007

¿La castración química como solución?

Cada día tengo más claro que, en este mundo que nos ha tocado vivir, vamos hacia atrás en vez de hacia adelante. La última muestra de ello es el debate que se ha abierto en torno a la castración química. En Francia, un pedófilo reincidente ha abusado de un niño de cinco años. La reacción del presidente francés no ha tardado en llegar y ya se habla de frenar químicamente los impulsos sexuales de estos delincuentes.

Los delincuentes sexuales son los más difíciles de tratar y, si echamos un vistazo a las estadísticas comprobamos que, en su gran mayoría reinciden y no cumplen la totalidad de las condenas. Estoy totalmente de acuerdo en algo tiene que cambiar legalmente hablando, incluso la medida presentada por Sarkozy de crear hospitales especiales en los cuales sean los médicos los que evalúen la peligrosidad del individuo, me parece más que acertada.

Sin embargo, consentir la castración química sería permitir una pena muerte a pequeña escala. Prohibido está por la Constitución el atentar contar la integridad física de las personas, aunque sea con el consentimiento del recluso. Mucho se está hablando de los efectos positivos que tendría el tratamiento, pero la castración química, que busca reducir los niveles de testosterona (hormona que regula el deseo sexual) mediante la administración de una serie de compuestos químicos que se le entregan al paciente, también provoca náuseas, pérdidas del cabello, insomnio y dificultades para respirar. Entiendo que para las personas que han sufrido alguna agresión sexual, ésto no sea muy preocupante, pero si consentimos atentar así contra una persona, nos estaremos convirtiendo precisamente en lo que son ellos.

Pero es que si además, escuchamos todas las opiniones de los científicos, comprobaremos que tampoco nos aseguraría garantías de éxito ya que en algunos delincuentes, además de la tendencia biológica, que es lo que solucionaría la castración, destaca un carácter violento. ¿Cuál sería la solución entonces, matarlos directamente?. Si un agresor no quiere curarse, no se rehabilitará nunca; puedes frenar su impulso sexual pero seguirá siendo una amenaza.

No comprendo cómo podemos denunciar que se sigan aplicando penas de muerte en algunos países o que nos escandalicemos cuando oímos que soldados han maltratado a presos en cárceles de Irak. Pues en mi opinión, esto no difiere mucho y considero que es la opción más fácil que hace que sigamos sin afrontar los problemas desde el origen.



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