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Published On: Vie, Nov 27th, 2009

Exito contra ETA

Las cartas enviadas por presos de ETA en las que se pide que cese el terrorismo son un último indicio de que el fin de la banda mafioso/terrorista se acerca a pasos agigantados.

La división cada vez más patente entre quienes quieren hacer política (después veremos eso) y quienes están en la lucha armada (más abajo lo vemos) demuestra que la política de mano dura está surtiendo los efectos oportunos en ETA. Que nadie piense que todo esos movimientos son fruto de una “profunda reflexión en el movimiento nacionalista” ni otras pamplinas de esas, llenas de frases grandilocuentes que tanto gustan a los nacionalistas. Es mucho más sencillo: la cárcel es muy dura. Entre los presos etarras se ha instalado una profunda desesperanza al ver cómo se cumplen inexorablemente sus condenas de 10, 20, 30 ó 40 años y cómo se apaga la vida para ellos sin que anda de eso sirva para los pomposos fines esos de derrotar al Estado o recuperar la patria vasca independiente que existió en el pasado (¿prerromano?).

Por un lado están quienes quieren hacer política, porque se han dado cuenta que una cargo de concejal o un sueldo de diputado autonómico es mejor que seis años de prisión por pertenencia a banda armada. Que disponer de locales de reuniones, mesas llenas de micrófonos y todo eso es muuuucho más guay que ir esposado de Alcalá-Meco a la Audiencia Nacional cada quince días para el siguiente sumario, por mucho que todo forme parte de la liberación de la patria vasca. Quién ha probado un coche con chófer ya no quiere que el siguiente sea un furgón penitenciario.

Por el otro lado están los de la lucha armada, los mafiosos de tomo y lomo, esos doscientos a los que hace referencia Otegui que componen ahora ETA y que en realidad son muchos menos. ETA son cuarenta o cincuenta personas que viven miserablemente en pisos de baja estofa (donde no te piden los papeles para alquilar) o durmiendo en sacos de dormir en los montes franceses y desplazándose en bicicleta. Para eso hay que tener muy pocos años porque al pasar de los treinta, cualquier día después de dormir al raso en un bosque te levantas con lumbago y te ves en el médico y esposado en dos minutos. Son gente joven que está ahí porque no hay nadie más, todos los veteranos dan apoyo moral, aportan conocimiento a la dirección, ofrecen su experiencia y todo eso pero no quieren ni oír hablar de tener que robar un coche para poner un paquete bomba en Benidorm. ¿Cómo van a hacer semejante disparate si tienen un hijo que alimentar? ¿No ves que pueden ir a la cárcel?
Por todo esto, ETA hoy sólo es una banda de descerebrados, unos niñatos con un poder que ni ellos mismos saben manejar y que usan con la certeza, esos sí, de que van a acabar en la cárcel. Y eso duele.

Y saben que duele porque se lo oyen constantemente a los presos que cuando hacen esa pregunta tan española del ¿Qué hay de lo mío? sólo obtienen por respuesta que aguanten que hay que resistir y si hace falta, veinte años más que todo es por el bien de la patria vasca y patatín y patatán y después de doce años oyendo la misma canción y viendo que ahora gobiernan socialistas y populares en Vitoria y que la cosa no avanza, se comprende que estén desmoralizados y que la descomposición interna se extienda como un cáncer por ETA.

Y es terminal.



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