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Valor de la bioenergía

Europa Press
La agricultura y la silvicultura podrían convertirse en fuentes principales de bioenergía (uso de combustibles biológicos), un elemento clave para lograr dos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio; erradicar la pobreza y el hambre y garantizar la sostenibilidad del Medio Ambiente, según afirma la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en un informe presentado estos días en la reunión de su Comité de Agricultura que se está celebrando desde ayer y que concluirá el sábado.

En este documento la FAO recuerda que alrededor de 2.000 millones de personas, que en su mayoría viven en las zonas rurales de los países en desarrollo, carecen todavía de electricidad o de otros servicios modernos de energía.

De esta forma, el incremento en el uso de la bioenergía redundaría en beneficio de la diversificación de las actividades agrícolas y forestales, de la seguridad alimentaria, y del desarrollo sostenible, según explica el documento.

Esta bioenergía se obtiene a partir de biocombustibles sólidos, biogás, combustibles líquidos como el bioalcohol etílico o el biodiésel, procedentes de cultivos como la caña de azúcar, la remolacha, el maíz, y plantas herbáceas energéticas o de la madera, el carbón vegetal, los desechos agrícolas y productos derivados, los residuos forestales, el estiércol y otros.

Según recuerda el informe de la FAO, también la biomasa es una fuente de energía disponible a nivel local y capaz de generar calor y electricidad. Contribuye además a sustituir los combustibles fósiles importados y a reforzar la seguridad energética nacional, reduciendo el coste total de las importaciones de productos petrolíferos y mitigando la pobreza.

"Es necesario ordenar adecuadamente la producción y el uso de los biocombustibles para facilitar servicios de energía a las personas más pobres de las zonas rurales, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y al desarrollo sostenible", según explica el experto de la FAO, Gustavo Best.

En África subsahariana, donde más del 90% de la población rural vive sin tener acceso a la electricidad, la bioenergía, con sus dos componentes principales, la dendroenergía (energía procedente de la madera) y la agroenergía (derivada de cultivos agrículas), "repercutiría significativamente en mejorar las condiciones de vida", apunta Best.

INVERSIONES Y EMPLEO

En opinión de este experto, incrementar el uso de la biomasa para producir energía "beneficiaría el desarrollo económico, especialmente en las zonas rurales", ya que suscitaría en las pequeñas y medianas empresas el interés por invertir en las nuevas oportunidades derivadas de la producción, la preparación, el transporte, el comercio y el uso de biocombustibles.

Asimismo, el uso de la biomasa para producir energía genera también ingresos y empleos para los campesinos. "Efectivamente, la producción de bioelectricidad tiene un potencial de creación de empleo superior al de cualquier otra opción de energía renovable", señala el experto. "Puede multiplicar la creación de empleos directos con respecto a los generados por la producción de electricidad usando fuentes convencionales de energía, y con menores costes de inversión por cada nuevo empleo", coincide el informe.

En el caso de Estados Unidos o la Unión Europea, la sustitución de hasta un 13% de combustibles derivados del petróleo con combustibles líquidos (bioalcohol etílico y biodiesel) "podría ser un objetivo factible a corto plazo teniendo en cuenta los terrenos cultivables disponibles", apunta la FAO.

Según recuerda, el petróleo representa más del 35% por ciento del consumo comercial total de energía primaria en el mundo. El carbón se sitúa en segundo lugar con el 23% y el gas natural en tercero con el 21%. El biocombustible apenas alcanza el 10%.

Estos combustibles fósiles "son las principales fuentes de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento mundial y en consecuencia el cambio climático", subraya el informe.

Durante este siglo, el informe pronostica "un cambio significativo" en la economía que podría pasar de la basada en los combustibles fósiles a la centrada en la bioenergía. "De este cambio se beneficiarían no solamente los campesinos más pobres sino todo el Paneta, ya que los biocombustibles contribuyen a mitigar los efectos del cambio climático", en opinión de la FAO.


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