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La tecnología y el arte de enfrentar los desastres

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Los desastres naturales se presentan en muchas formas. Desde el tremendo tsunami del Índico en diciembre de 2004 hasta tornados e inundaciones, pasando por huracanes y tifones, nuestro mundo se las ve con el horror del desastre como parte de nuestra vida. Agreguemos la parte que aportamos los humanos en cuanto a terrorismo y la amenaza de las armas de destrucción masiva, y la lucha contra la calamidad se convierte en una rutina.

Mirar la CNN y los canales de noticias nos da un panorama real de los desastres. Mientras para algunos ésto puede ser algo macabro, también muestra nuestra capacidad de responder a grandes problemas en una escala global. Las mismas tecnologías que nos permiten contemplar las consecuencias de un tsunami también nos permiten reunir datos sobre su magnitud, y usarlos para futura prevención y respuesta.

Organizaciones tales como el Centro de Desastres del Pacífico y la Red del Área del Pacífico Asiático tratan de asistir a las naciones de la zona a desarrollar mejores planes y modelos de respuesta contra desastres, a través del entrenamiento y la divulgación de información esencial. Las organizaciones militares regionales participan en colaboración mutua en la planificación de medidas contra desastres (que no sean desastres de guerra) para organizar sus recursos en respuesta a calamidades regionales, y poder así responder ante los problemas a la mayor brevedad.

Aunque que la carnicería a gran escala causada por el tsunami en el Océano Índico no puede ser controlada en uno o dos días, las comunicaciones y la información a tiempo real sobre el desastre puede reducir el nivel de sufrimiento experimentado por las víctimas a una escala imposible hace 40 años. Los aviones y la ayuda lejana instantánea (a través de teléfonos satelitales u otros medios de comunicación poderosos) reúnen información sobre las áreas de Sumatra, Tailandia y otras zonas afectadas. La información se carga inmediatamente, se evalúa, se distribuye y se prioriza entre gran cantidad de centros de respuesta de emergencia operados por los gobiernos regionales junto a agencias internacionales de ayuda.

De los centros de respuesta regional e internacional, frecuentemente surge la coordinación entre miembros de organizaciones tales como el Equipo Multinacional de Planificación de Crecimiento. Éste organiza frecuentes ejercicios de respuesta ante catástrofes entre naciones miembro para asegurar que las líneas de coordinación y respuestas pre-planeadas se ejecuten rápidamente. Todos los miembros del EMPC tienen acceso a las bases de datos de planificación centrales, los recursos disponibles y un "centro de comandos" movilizado cuando ocurre un desastre regional.

La telecomunicaciones y la tecnología de la información son componentes claves en nuestra capacidad de respuesta ante los desastres. Permiten recolectar información a tiempo real y ponerla de inmediato a disposición de todos los participantes en las campañas de asistencia. Otras formas de tecnología (particularmente la tecnología militar) sirven a un propósito dual en una catástrofe. Los mismos vehículos que transportan la tropa a la guerra pueden rescatar a los refugiados de un desastre. Los mismos aviones de reconocimiento fotográfico usados para espiar al enemigo pueden dar una visión clara de la extensión del daño. La misma tecnología usada para acumular inteligencia artificial puede localizar llamados de móviles, radios e incluso señales de audio de las víctimas atrapadas en áreas remotas. El escáner infrarrojo usado para identificar a los soldados enemigos en un búnker o edificio, también puede localizar a una familia perdida en la jungla.

Comparemos la respuesta actual ante el tsunami del Índico con los efectos de la erupción del Krakatoa en 1883. Por falta de desarrollo tecnológico en aquella época, la extensión de los daños provocados por aquel desastre no fueron conocidos sino hasta décadas más tarde.

En la mayoría de los casos, los desastres no se pueden predecir. Estamos progresando en la predicción de terremotos, huracanes y erupciones volcánicas, pero la ciencia no está ni por asomo tan cerca de predecir los desastres naturales como de conocer el genoma humano. A través del uso de medios de comunicación efectivos, tecnología de la información y tecnología civil/militar de uso dual, estamos más cerca de poder reducir el daño producido por una catástrofe natural.


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