Webcams: los ojos de la red
Dentro de la naturaleza humana luchan dos sentimientos encontrados: el miedo y la presión de sentirse constantemente observado y vigilado y, por otro lado, el ansia de controlar a los demás o de exibirse públicamente ante la gente.
No es un planteamiento nuevo, desde el Dios todopoderoso que todo lo ve (sobre todo nuestros pecados) hasta el
Gran Hermano de George Orwell que, en su novela
1984 controla a todos los ciudadanos del mundo hasta en sus momentos tan Ãntimos.
No es difÃcil deducir que el tÃtulo de esta novela es el que da nombre al programa de televisión que ha hecho pfuror en España y que consiste en encerrar a nueve infelices en una casa durante tres meses para que la audiencia pueda decidir, después de ver todo lo que hace durante ese tiempo (excepto las escenas de masturbación, sexo o violencia
debidamente censuradas). Este programa es, a fin de cuentas, una superwebcam.
Sobre este tema, Hollywood también ha realizado una pelÃcula de bastante éxito comercial
El show de Truman en el que se monta un pueblo entero alrededor de un personaje que es el único que no sabe que es protagonista de una enorme comedia televisiva.
Internet ha facilitado la aparición de múltiples
granhermanos o de infinitos shows de cada uno. Básicamente se pueden dividir en tres categorÃas:
a) las webcams que muestran lugares, una plaza, el vestÃbulo de un museo, una pecera, etc. Buscando seguramente se podrán encontrar cámaras enfocando los puntos más recónditos y absurdos del mundo o los objetos más inusitados.
b) Cámaras personales que muestran aspectos más o menos Ãntimos de las personas; desde cómo trabaja Juan en el ordenador hasta qué hacen los niños en la guarderÃa (algunas guarderÃas norteamericanas dan este servicio a los padres que quieran controlar a sus hijos). También las hay que vigilan distintas habitaciones de una casa, a modo del famoso programa de televisión, para poder seguir la vida cotidiana de una o varias personas.
c) las cámaras de sexo que, inevitablemente, son de pago y a través de las cuales se pueden ver shows sexuales de todo tipo, desde parejas copulando hasta videoconferencia con chicas que hacen en una remota habitación lo que se les pida desde el teclado o por voz.
Y ahora que ha salido la palabra vÃdeoconferencia, ¿en qué se distingue de las webcams? ¿son lo mismo? ¿qué aparatos se usan?
Para ver webcams lo único que necesitamos es nuestro ordenador y una conexión a Internet. Lógicamente, si nuestra conexión no es buena o navegamos en horas punta (alrededor de las siete/ocho de la tarde, la cantidad de datos que recibamos será menor y las imágenes tardarán más en llegar o se actualizarán mucho menos o, simplemente, no llegarán. Los navegadores ya traen incorporadas capacidades multimedia para poder acceder a la mayorÃa de ellas. Aunque a los usuarios nos resulte gratuito existe una querra soterrada entre dos estándares principalmente para dominar el mercado de la producción multimedia en Internet. De un lado, la omnipresente Microsoft y su reproductor multimedia y de otro lado Real Media, que dispone de su Real Player. Se puede optar por uno o por otro pero, desde el lado del usuario, lo mejor es tenerlos los dos, que no cuesta nada.
Si lo que quiere es simplemente darse un paseo por el mundo o ver algunas escenas eróticas o pseudoeróticas o simplemente charlar con alguien que tenga cámara para hacerse una idea de qué va la cosa, puede visitar estas dos direcciones:
es.webcamworld.com o
www.elojo.net.
En cuanto a la diferencia entre webcams y vÃdeoconferencia, no es tal, al menos técnicamente. La única diferencia es de concepto: mientras por videoconferencia se suele entender un intercambio de imágnes y voz entre dos usuarios, por webcam se entiende que los receptores son tantos como puedan conectar a esa página (y el servidor de las imágenes las pueda facilitar sin colapsarse). Este es otro punto de suma importancia y que conviene tener claro antes de adentrarse en el mundo de las webcams y del multimedia en general: Internet no está preparado para transmitir imágenes, ni siquiera sonidos naturales en buenas condiciones; para eso están la televisión y la radio.
Si una vez leÃdo todo lo anterior, ha decidido que le interesa poner una webcam en su vida bien para poder chatear con imagen, bien para dar una instantánea de algún lugar que quiera dar a conocer (una imagen cada pocos minutos de la plaza principal de su pueblo, por ejemplo) tiene varias opciones:
a) la opción más económica y la más fácil es una cámara plug&play. Las venden en cualquier tienda de informática y su precio oscila alrededor de las 10/15.000 ptas. (60/100 euros). Su instalación es bastante sencialla normalmente y traen todo el software necesario para hacerlas funcionar y para poder emitir imágenes. Su calidad es aceptable si no se tienen grandes pretensiones y son ideales para poner en cualquier sitio por su pequeño tamaño. Uno de los sitios más comunes es encima del monitor, enfocando la cara de quien chatea.
b) las cámaras de vÃdeo son la opción profesional pero tiene dos inconvenientes. De un lado, su alto precio, desde 80.000 ptas. (500 euros) en adelante y , de otro lado, que necesitan una tarjeta capturadorea de vÃdeo que pueda asimilar toda la información que la cámara envÃa. En realidad es necesaria una conexión buenÃsima, de banda ancha, para poder transmitir algo que merezca la pena capturado con una simple cámara doméstica de vÃdeo.
c) las cámaras de red son dispositvos preparados ex profeso para captar imágenes y volcarlos en la red. Al ser dispositivos especializados son los más caros.
El modelo a elegir resultará de nuestra capacidad económica y de nuestras pretensiones pero, teniendo en cuenta que el Internet de hoy en dÃa tampoco permite muchas alegrÃas, lo aconsejable es comprarse una pequeña y económica webcam plug&play para hacer los primeros pinitos. Si la cosa progresa (o pensamos cobrar por exhibir nuestro cuerpo serrano en la red) habrá que dar un paso más.
Pero esa ya es otra historia...