La directora del Centro de Nuevos Creadores, Cristina Rota, dirige en este espacio escénico de Madrid la obra 'Haberos quedado en casa, capullos', del provocador dramaturgo Rodrigo García, un texto que critica ácidamente el sistema y que "ataca la mentira y la hipocresía".
Así se explicó hoy la responsable de este montaje que se estrenará el jueves y que estará en cartel en la capital hasta el 19 de diciembre. Rota se enfrentó con la lectura de esta obra hace un par de años y ya entonces se sintió "impresionada". "Me gustó porque parecía un escaparate en donde todo se mezcla y me recordaba mucho a frases muy reconocibles para los que somos argentinos y que nos trasladaban a tiempos de la Dictadura", señaló.
Esta obra de Rodrigo García, que se mantiene en la línea de toda su dramaturgia, empeñada en violentar e impresionar al espectador, es una "denuncia muy clara de la corrupción y de la violencia pero desde dentro de ellas mismas", dijo Cristina Rota, por cierto, la primera que ha dirigido en España una obra de este autor, acostumbrado a hacerse cargo en persona de sus textos.
LA DANZA Y LA PALABRA
Para la ocasión Rota ha contado con la colaboración de Chevy Muraday y Nur al Levy, responsables de la coreografía del espectáculo, y con el trabajo actoral de Juan Carlos Vellido.
Muraday, uno de los jóvenes coreógrafos más relevantes de la danza contemporánea española, calificó su trabajo en este montaje de "muy físico" y aseguró que le ha permitido buscar "recursos y registros nuevos". "Lo que más nos ha interesado es movilizar y no dejar al público impasible", afirmó el bailarín y coreógrafo.
En este mismo sentido se manifestó Cristina Rota, quien señaló que buena parte del teatro que se hace hoy día "está anquilosado" y dijo preferir un teatro que invite al público a cambiar las cosas. Aún así, a sus 60 años confesó que no pretende hacer un teatro transgresor o ser "niña rebelde" aunque aseguró que seguirá "usando el marxismo como enganche de la realidad".
Respecto a la palabra que surge de este texto de Rodrigo García, la directora de escena señaló que es una "feroz crítica al sistema que vivimos y más particularmente ataca la mentira y la hipocresía, a políticos con nombre y apellidos, a los seres humanos que se conforman con vivir en la comodidad". La escenografía elegida invita a reflexionar sobre ello y se mueve entre una gran pared llena de ropas que recuerdan un campo de concentración, un ring de boxeo y una gran pecera en la que se zambullen los intérpretes.
Para Juan Carlos Vellido el texto de García "está lleno de lucidez y nos enseña cómo reírnos de nuestras propias contradicciones". "Es fácil verse reflejado en esta obra porque aunque nadie quiere reconocerlo todos tenemos algo de violentos, egoístas o esclavos", añadió.
A pesar de todo ello, la obra tiene, sin embargo, "algo de poético y optimista" que invita al público a abandonar su inmovilidad frente a la situación que está viviendo, dijo finalmente Cristina Rota.
|