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Piense con libertad

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"He tenido que cambiar mi dirección de correo electrónico a xxxxxxx, pues usa.net no ofrece más sus servicios en forma gratuita, otro indicador de que el negocio de Internet ya no es lo que era".

Éste es un fragmento de un e-mail de "cambio de dirección" que recibí hace un par de semanas de un suscriptor. No, ciertamente el entorno de Internet ya NO es lo que era. Se espera cada vez más que paguemos por el acceso a servicios que hasta hace poco podíamos conseguir gratis.

¿Por qué esperamos tanto de tan poco? Porque así es como evolucionó Internet. Originariamente, una red de ordenadores diseñada para facilitar un intercambio de información y recursos entre estudiosos, el hecho de que la pura persecución de fines académicos fuera su objetivo, significa que era perfectamente apropiado para que las instituciones educativas implicadas pusieran dicha infraestructura en su sitio, sin esperar que los usuarios finales pagaran directamente por su contenido.

Como la historia reciente ha evolucionado, por supuesto, Internet se ha expandido MUCHO más allá de sus humildes comienzos académicos hasta su actual jerarquía como medio primario de intercambio de información, productos y servicios para casi cualquier sector de la economía. ¿Cuántas veces encuentra usted un anuncio, ya sea impreso, de radio o televisión, que no incluya la dirección web como dato habitual?

Aunque los negocios se han convertido en la rama de explotación predominante de este medio, la fascinación con la tecnología ha mantenido, hasta hoy, el foco de los negocios en su estado básico... ya sabe, todas esas cuestiones menores como generar beneficios económicos y detalles sin importancia como espere-un-momento-cómo voy-a-pagar-todo-ésto?

Como consumidores, estábamos tan enamorados del poder y el brillo de acceder, con unos pocos golpes de tecla, a toda la información sobre casi cualquier tema en el universo que nos sorprendió, junto con la idea de los orígenes sin fines de lucro de Internet, que alguien, en algún lugar, pudiera pretender pasarnos factura por algo que no es más que una cosa abstracta de la que no debíamos preocuparnos. Era problema de otro. Alguien más se beneficiaba de ésto y otro alguien debía pagar. Nunca se nos había ocurrido que éramos nosotros quienes nos estábamos beneficiando en realidad.

Esta mentalidad "gratuita" fue la causante del fracaso de la primera ola de e-comercio. Capitalistas arriesgados, probablemente más atraídos por la promesa de esta brillante nueva tecnología que ningún otro, estaban preparados para tirar su dinero en ésto con una fe ciega en que en algún lugar, de algún modo, este nuevo campo de acción sería una fuente de riquezas jamás soñadas. Así que, céntimo tras céntimo, año tras año, imperturbables ante el goteo de tinta roja que caía como sangre desde sus balances, Los capitalistas siguieron echando más y más dinero en el agujero negro, agarrándose con uñas y dientes a esa fe irracional de que en algún lugar de este loco mundo había una reserva enorme de riqueza incontable que podrían atrapar si escarbaban lo suficientemente hondo y durante el suficiente tiempo como para hallar el oro negro.

Los recipientesde esta riqueza de libre curso, por supuesto, debían hallar la forma de hacer dinero, así podrían, al final, pagar por lo recibido. Se crearon modelos de negocios que proporcionaban contenidos gratis (porque Internet, después de todo, era un medio "gratuito") y cobraban a los anunciantes un precio exorbitante por el privilegio de mostrar sus anuncios al enorme número de visitantes entrando y saliendo de sus páginas cada pocos segundos. ¡Perfecto! Los visitantes recibían su "derecho" a la información gratuita y nosotros hacíamos dinero con los beneficios de la publicidad, habían decidido los dueños de esos sitios.

Lo que no tuvieron en cuenta, sin embargo, fue la mentalidad "gratuita" de los consumidores online, basada en una firme resistencia a pagar por cualquier cosa que se ofreciera a través de la web. Y éso incluía los productos y servicios ofrecidos por esos anunciantes que pagaban caro. Desilusionados con los pobres dividendos de sus anuncios online, los anunciantes comenzaron a cortar sus apariciones publicitarias y, aún peor, los propietarios de los sitios web experimentaron una mengua en sus beneficios. Esa mengua significó que ya no pudieran cubrir los exorbitantes costes financieros asociados a sus oh-tan-generosos préstamos de capital. Los capitalistas finalmente despertaron a la realidad de que el dinero online debía generarse exactamente del mismo modo que fuera de la web (pago por productos y servicios) y decidieron cubrir sus pérdidas pidiendo préstamos. Las megaempresas basadas en la web abandonaron sus negocios a mansalva, causando finalmente la gran debacle del e-comercio en el año 2000.

Así, para todos aquellos con sitios web de información que esperan beneficios de los anuncios publicitarios, el estrujón (temporal) de la publicidad online ha planteado un verdadero desafío. Si no reciben nada a cambio de sus inversiones desde la publicidad, ¿qué ocurre? Sí, empiezan a buscar fuentes de ingresos alternativas... y éso significa cobrarle al usuario final. ¡Qué sacrilegio!

Bien, estoy aquí para decir que no hay tal. Por supuesto que debemos pagar por lo que usamos. Los países occidentales son sociedades capitalistas con consumidores capitalistas. ¿Por qué deberíamos esperar que alguien ponga su tiempo y esfuerzo en darnos un servicio o producto valioso sin esperar una compensación monetaria?¿Realmente creemos que todos esos grandes sitios web que están allí no son más que un pasatiempo para sus laboriosos propietarios? Algunos de ellos lo son, admitámoslo, pero muchos pertenecen a gente que trabaja duro, esperando brindar un producto o servicio de valor, pero recibiendo algo a cambio de sus esfuerzos. De parte de otros. Si no tienen publicidad, todo lo que les queda son los usuarios finales... esos que, en último término, se benefician directamente del servicio.

Entonces, ¿qué significa esta gran contrarrevolución para usted y sus negocios? Bien, para usted, significa que deberá hacerse a la idea de pagar por lo que usa en la web, igual que lo hace fuera de ella. Para su negocio basado en la información, si usted no genera suficientes ingresos por publicidad, tendrá que pensar en cobrar por sus contenidos. Y no se disculpe. Usted trabaja duro y tiene el derecho de que se le pague por ello.

Vídeos sobre Pagar servicios Internet


Hay un comentario
odette – guadalajara
16 De Junio De 2009 - 01:49
Título: quiero pagar el internet antes de que me lo corten

todos quieren pagar porque no quieren ir porque no lo pagamos aqui heeeeeeee

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