PALMA DE MALLORCA, 4 (EUROPA PRESS)
Investigadores del grupo de seguridad en redes telemáticas de la UIB ha desarrollado un protocolo criptográfico que permite el desarrollo de sistemas que favorecen el voto electrónico anónimo y ofrece ventajas a los ciudadanos desplazados a la hora de votar, lo que podría convertirse con el tiempo en una herramienta muy útil para fomentar la participación en los procesos electorales.
Según informó hoy la UIB, los investigadores, entre los que se encuentran el actual presidente de Sa Nostra, Llorenç Huguet, proponen, a través del desarrollo de la criptografía, un modelo de votación en el que todo el mundo pudiera comprobar si su voto ha sido contabilizado y sin perder el anonimato.
Ahora dejan en manos de la voluntad de la industria tecnológica estas soluciones, que permiten además pagar puntualmente por el producto que consumimos por Internet (por ejemplo, un artículo de un periódico sin necesidad de estar suscritos a la publicación) y preservar la privacidad en las operaciones efectuadas en la red.
En las votaciones por Internet, el grupo de investigadores ha conseguido combinar el anonimato del votante con la seguridad que el voto ha sido contabilizado. En este sentido, proponen que el votante se desplace hasta un colegio electoral y allí, en lugar de depositar el sobre en una urna, votar electrónicamente a través de un ordenador situado en la cabina.
Esta solución tiene positivas aplicaciones en el caso de ciudadanos desplazados y puede llegar a sustituir al voto por correo, según los investigadores, que proponen además que los ciudadanos podrían votar desde cualquier colegio, lo que redundaría en mayor participación, ya que favorecería el voto de los desplazados el fin de semana, por ejemplo.
Asimismo, el sistema ideado permitirá que cualquier ciudadano pudiera verificar a posteriori, desde el mismo ordenador donde ha votado o a través de una tarjeta inteligente, si su voto se ha contabilizado.
Así, los investigadores creen que el sistema tiene dos grandes ventajas: la rapidez en el recuento, ya que prácticamente en el mismo momento de cerrar los colegios electorales se podrían saber los resultados de las elecciones; y en segundo lugar, una muestra aleatoria de votantes podría realizar una verificación sobre la existencia de fraude en el recuento, simplemente accdiendo al ordenador y comprobando que su voto ha sido contabilizado. Según estiman, este sistema de control descartaría en un 99,9 por ciento la posibilidad de manipulación fraudulenta.
El desarrollo de estas soluciones se ha realizado a través de la criptografía, aplicación que ha permitido posibilitar que elctrónicamente se puedan conseguir con las máximas garantías de seguridad todo tipo de operaciones que son comunes en el mundo del papel.
Uno de los ejemplos más conocidos de aplicación criptográfica lo protagonizaron los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la Alemania de Hitler confió sus secretos a un sistema que consideró impenetrable. Sin embargo, en 1942, la inteligencia aliada logró descubrir la clave, lo que fue decisivo para que la guerra diera un giro de 180 grados.
PRIVACIDAD EN OPERACIONES VIRTUALES.
Otra de las aplicaciones encontradas por este grupo de trabajo de la UIB ha sido encontrar la plena equivalencia entre el pago real y el virtual, de tal manera que con los protocolos criptográficos ideados se pudiera conseguir preservar la privacidad de las operaciones realizadas en el mundo virtual.
El grupo ya ha publicado en revistas especializadas internacionales las soluciones aportadas para que este tipo de pagos anónimos, que pueden afectar a cantidades considerables, se puedan realizar con todo tipo de garantía de manera electrónica, a través de protocolos criptográficos.
Además, han ideado un sistema que garantiza el anonimato en el pago de pequeñas cantidades sin que sea excesivamente costoso, que hasta ahora lo era. La novedad que han aportado ha sio desarrollar un protocolo criptográfico que, sin incrementar en exceso el coste computacional, mantiene el anonimato del pagador o consumidor.
La propuesta consiste en "crear" monedas específicas para cada vendedor o comprador. El usuario puede obtener monedas electrónicas que debe adaptar para pagar a cada vendedor concreto. Cada moneda está compuesta por fracciones o cupones. El usuario obtiene de la entidad bancaria una moneda en una sola operación, pero esta moneda, como está dividida en fracciones, permite al usuario gastarla también fraccionadamente.
El hecho de obtener una moneda grande del banco hace que el coste computacional de generar el cifraje se reparte de forma proporcional a las fracciones. Un ejemplo de este tipo de caso de pagos menores es pagar por leer ciertos artículos de un diario. Hasta este momento, hacerlo estaba ligado a una suscripción y, por tanto, a perder el anonimato. El objetivo del grupo de la UIB es conseguir acceder al diario y poder pagar puntualmente y de manera anónima por los servicios que se emplean.
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