©ACNUR/ D.Díaz. El proyecto FLORENCIA, Colombia, 3 de mayo de 2013 (ACNUR/UNHCR) – Vivir en unas pocas casas en el barrio Malvinas en Florencia, Caquetá, durante los últimos 8 años ha significado la pérdida de las tradiciones y costumbres de 167 personas de la comunidad indígena Embera Chamí, quienes han sido desplazadas en tres ocasiones desde los años 60. “Hemos recorrido el país buscando nuevos horizontes y nuevos territorios… hemos sido despojados de nuestro territorio una y otra vez”, comenta un líder indígena de la comunidad Emberá Chami.

“Los foráneos nos han obligado a salir de nuestras tierras con amenazas y asesinatos de nuestros líderes”, cuenta con tristeza Delfa Aisama otra mujer indígena desplazada, quien perdió a su tío, el cacique de su comunidad, pues fue asesinado por un grupo armado ilegal tiempo atrás.

Debido a conflictos internos dentro de la comunidad Embera Chamí en el departamento del Valle, en el Cañón de Garrapatas, un grupo se desplazó hacia el Caquetá, en el sur del país, conformando así el resguardo Honduras, en 1960. Tras 28 años de calma y tranquilidad, esta comunidad indígena se vio obligada a abandonar por primera vez su resguardo para enfrentarse a los riesgos en la ciudad de Florencia, la capital del departamento del Caquetá. “Nosotros no nos adaptamos en la ciudad, nos tocaba mendigar y no estamos acostumbrados a eso”, comenta Delfa. “Volvimos a nuestro resguardo sin pensar en las advertencias de nuestros compañeros que se quedaron en Florencia”, continúa. Con precavida calma vivieron en el resguardo de Honduras hasta 2005, año en el cual una amenaza de masacre los obligó a abandonar su refugio sin saber si algún día recuperarían su tierra.

Obligados a dejar atrás sus cultivos, animales, casas y todo lo que tenían en el resguardo de Honduras, mujeres, hombres, niños, niñas, adolescentes y jóvenes de la etnia indígena Emberá Chami llegaron al barrio Malvinas, despectivamente llamado por los florencianos como “la calle de los indios” a causa de la gran llegada de indígenas en los años 80. “Vivíamos hasta 40 personas en una casa, hacinados, en pobreza extrema. Aquí no nos reconocieron nuestros derechos fundamentales ni nuestros derechos colectivos”, comenta otro líder de la comunidad.

Discriminados, agotados y conscientes de la imposibilidad de regresar a su resguardo Honduras, la comunidad liderada por su Gobernador solicitó la ayuda de la Defensoría del Pueblo y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), quienes asesoraron a la comunidad en la presentación de una Acción de Tutela para exigir a las instituciones responsables atención y una respuesta a su situación: “queremos salvaguardar la vida de nuestro pueblo indígena”, comenta Albeiro Guasiruma, docente de la comunidad. Esto permitió que en 2009 la sentencia N°0125 ordenara a las instituciones responsables tomar acción y agilizar el proceso de reubicación de la comunidad Emberá Chami.

Un año después, el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural (Incoder) adquirió un terreno de 294 hectáreas en la vereda San José Canelo, a aproximadamente 30 minutos de Florencia, con el fin de que se convirtiera en el nuevo territorio de la comunidad. “Sin territorio no somos nada”, agrega Delfa.

Sin embargo, a pesar de la disposición de la comunidad y las instituciones, la falta de coordinación impidió durante casi 3 años que se llevara a cabo la gestión de la reubicación digna de estas 45 familias en su nuevo territorio.

En 2012, el Programa interagencial de ACNUR y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) “Construyendo Soluciones Sostenibles” (TSI – Colombia), inició la planificación e implementación de una metodología innovadora que dio a lugar al diseño participativo de esta reubicación indígena, liderada por las autoridades locales junto con la comunidad, la Fundación Yapawayra y ACNUR. Dicho proceso incluyó una metodología participativa que aseguró un proceso de escucha y diálogo a través de herramientas como el diagnóstico participativo, el Plan de Vida y el diseño respetuoso de sus casas con base en su cultura. “Nosotros en primer lugar estuvimos de acuerdo con construir las casas como nos dijeran, ya estábamos cansados de no tener donde vivir; pero luego nos permitieron formar parte del proceso y nosotros, tanto los hombres como las mujeres, pudimos diseñar lo que serían nuestros nuevos hogares”, comenta Albeiro Guasiruma.

Gracias al acompañamiento de ACNUR y Yapawayra, que aceleró la construcción de sus casas, el acueducto y el alcantarillado, se conformó el Comité de Impulso al proceso de reubicación en el marco del Comité Departamental de Justicia Transicional. “Las instituciones revisaron sus compromisos en la primera reunión y firmaron un acuerdo para lograr la reubicación a inicios del 2013”, resalta Jovanny Salazar, jefe de la oficina de ACNUR en Neiva.

Sin la participación de las instituciones locales este proceso no hubiese sido posible pues “son las instituciones quienes deben garantizar la sostenibilidad de TSI a futuro y su debida réplica para diferentes experiencias”, continúa Jovanny.

Después de 8 meses de arduo trabajo y tras el inicio de la construcción del Plan de Vida Indígena, la comunidad Embera Chami habita ya en San José Canelo, territorio del que se han apropiado y han denominado CHAMI PURU o Pueblo Embera. Los retos a futuro son múltiples, sin embargo las instituciones y comunidad que participan del Programa conjunto Construyendo Soluciones Sostenibles han reafirmado su compromiso para seguir apoyando el proceso de rescate cultural, fortalecimiento comunitario y sostenibilidad de esta comunidad. “Para mí esta iniciativa de ACNUR y de todas las demás organizaciones es espectacular, muy importante para nuestra comunidad indígena, es nuestra vida. Ahora este sueño se ha hecho realidad”, comenta con alegría Delfa Aisama.

Por Diana Díaz Rodríguez en Chami Puru, Florencia, Caquetá, Colombia.

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