Nadie deja de preguntarse cómo un funcionario ruso convertido en espía británico y su hija terminaron desplomados sobre un banco de un centro comercial en el sur de Inglaterra el domingo después de una posible “exposición a una sustancia desconocida”, como dice la policía.
Seregi Skripal, de 66 años, y su hija, Yulia Skripal, de 33, se encuentran en estado crítico, y aunque las autoridades han dado pocos detalles de lo que les sucedió, su caso es un llamativo recordatorio de una serie de misteriosas muertes relacionadas con Rusia en suelo británico durante la ultima década. ¿Casualidad o tal vez podría estar implicado el régimen de Putin?

Alexander Litvinenko

Una investigación británica descubrió que dos agentes rusos envenenaron a Alexander Litvinenko en un bar de un hotel de Londres en 2006 al agregar el altamente radiactivo polonio-210 su té verde.
Litvinenko tuvo una muerte lenta y dolorosa durante semanas  tras el envenenamiento y siempre insistió en que el presidente ruso, Vladimir Putin, y el Kremlin fueron responsables de lo que le sucedió.
En una declaración desde su lecho de muerte, dijo: “Puede lograr silenciar a un hombre, pero el aullido de protesta de todo el mundo reverberará, señor Putin, en sus oídos por el resto de su vida”.

Boris Berezovsky

El poderoso oligarca ruso  fue encontrado muerto en 2013 en el piso del baño de su casa en Berkshire, en las afueras de Londres.
La policía británica dijo que en ese momento no encontraron signos de violencia, sugiriendo que el oligarca se había quitado la vida.
Berezovsky tenía sus enemigos. Culpó al Kremlin por la muerte de Litvinenko y se había enfrentado al gobierno ruso, tras lo que optó por exiliarse en el Reino Unido.

Alexander Perepilichnyy

Alexander Perepilichnyy era un ejecutivo de banca que proporcionó pruebas de fraude contra los funcionarios de hacienda rusos. Murió repentinamente en 2012 a la edad de 44 años mientras hacía deporte de regreso a su casa en Surrey, al suroeste de Londres.
Primero se informó de que el delator había muerto por causas naturales, pero en los últimos años han surgido evidencias  que sugieren que pudo haber sido envenenado.
En 2015, expertos en toxicología del Royal Botanic Gardens en Kew declararon ante un tribunal forense que encontraron rastros de un raro veneno para plantas, gelsemium, en su estómago.

En todos estos casos, el Kremlin ha negado absolutamente su implicación, atribuyendo tales muertes a causas naturales o suicidios; nunca a venganzas del FSB, el otrora poderoso KGB de la Guerra Fría. Al parecer, Putin y su equipo de gobierno, no han acabado de superar aquella etapa.

 

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