Un reciente estudio del grupo de investigación Applied Economics & Management, con sede en la Universidad de Sevilla, ha analizado de forma sistemática los determinantes de los errores en las encuestas electorales previas a las dos últimas elecciones generales, es decir, la de 20 de diciembre de 2015 y la de 26 de junio de 2016.

Para este análisis se han aplicado modelos econométricos a una amplia base de datos de 226 encuestas y sondeos electorales realizados entre el 6 de enero de 2015 y el 26 de junio de 2016. Los resultados de la investigación se han publicado en la Revista de Economía Aplicada.

Según José Ignacio Castillo, catedrático de Economía y coautor del trabajo, a partir de las estimaciones realizadas “hemos concluido que, de media, los errores que cometieron las encuestas con los partidos políticos que se presentaban por primera vez a las elecciones generales, Ciudadanos y Podemos, fueron muy superiores a las de los partidos tradicionales, PP y PSOE. En concreto –agrega– en las dos elecciones generales la media de error en la predicción de las dos formaciones debutantes fue casi un 60% superior a la de los partidos tradicionales”.

Además, los investigadores señalan la ausencia de estrategias exitosas para disminuir esos mayores márgenes de error en un contexto tan volátil. Las conclusiones muestran que los errores de predicción de los nuevos partidos son insensibles a las estrategias clásicas para aumentar la fiabilidad de las encuestas electorales, como el tamaño de la muestra, el método de muestreo o la experiencia de la empresa encuestadora, así como la periodicidad con la que se realiza la misma encuesta.

Ni siquiera la proximidad de la cita electoral sirvió para disminuir el error en las predicciones sobre los nuevos partidos, cuando sí resultó útil para mejorar las predicciones de los partidos tradicionales. Sólo cuando dichos partidos dejaron de ser ‘nuevos’, tras las elecciones del 20-D, se consiguió disminuir los errores de cara a las elecciones del 26-J.

El caso de VOX

“Por ello, en el contexto actual, con un nuevo partido como VOX, que además multiplica las posibles combinaciones de trasvase de votos, no parece que haya incentivos claros para que los medios de comunicación o las administraciones públicas financien costosas encuestas electorales con grandes muestras”, destacan los autores.

Para Castillo, la incertidumbre política que ha estado sufriendo la sociedad española, primero por los efectos de la crisis y después por la emergencia de nuevos partidos y la cuestión territorial, ha aumentado la demanda social de encuestas electorales, que ha sido satisfecha, de forma generosa por los medios de comunicación con múltiples encuestas y sondeos, cuyos resultados podían cambiar significativamente a corto plazo. Además, “cuanto mayor fuera dicho cambio, más probabilidad había de que se convirtieran en titulares de primera página, sobre todo, cuando se han anunciado supuestos vuelcos electorales, que generalmente no llegaban a materializarse”, subraya.

El coautor opina que todo esto “podría acabar erosionando la confianza no sólo en las propias encuestas y sondeos, sino también en la transparencia del propio sistema electoral y en nuestras instituciones, desde los medios de comunicación hasta, en el caso del CIS, el propio Gobierno central”.

Aversión al riesgo

Otra conclusión del trabajo es que las estimaciones muestran que los errores de predicción que comete una encuesta guardan una significativa similitud con los de las encuestas publicadas en los días previos. Ello podría implicar cierta aversión al riesgo por parte de la empresa encuestadora que así evita equivocarse en solitario. Aunque, el gran éxito del sondeo de GAD3 en las recientes elecciones andaluzas nos mostraría el reverso de la moneda. Es decir, la gran oportunidad que supondría para una firma de estudios de mercado llevarse el prestigio de ser la única que consigue acertar.

De cara al futuro, los investigadores recomiendan una prudencia extrema a la hora de presentar los resultados, resaltando siempre en la noticia todas las limitaciones de la encuesta. Esta exigencia sería mayor para el CIS, al ser un organismo público.

De esta forma, Castillo termina formulando la siguiente pregunta: “¿Era lo más apropiado que el CIS presentara unas previsiones el 5 de diciembre, en el que atribuye una intención de voto a VOX del 1,7% en España y de un 2,4% en Andalucía, cuando sólo dos días antes dicho partido había obtenido un 11% en las elecciones andaluzas?”.

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