Japón planea abandonar la Comisión Ballenera Internacional a partir del próximo año y   notificará su decisión a la comisión antes del 1 de enero.

El Gobierno japonés estaría estudiando que la caza comercial de cetáceos, que afectaría a ciertas especies como la ballena minke (rorcual aliblanco), de la que estima que hay un número de ejemplares relativamente abundante, se realice solo en los mares cercanos al país y su zona económica exclusiva.

Tokio firmó la moratoria total de caza de esos animales con fines comerciales establecida en 1986 para tratar de conservar la especie, pero se sirve de un fallo del texto que autoriza programas de capturas para estudios pero todo el mundo sabe que la carne de los especímenes analizados es posteriormente vendida.

La comunidad internacional y organizaciones ambientalistas condenan la actividad ballenera nipona, pues consideran se trata de pesca comercial encubierta.

Los funcionarios del gobierno han indicado que Japón explicará su postura y buscará comprensión de otros países. ”Hay pescadores en Japón que se ganan la vida cazando ballenas y no podemos simplemente acabar con eso”, dijo uno de los funcionarios.

Japón también sugirió en 2007 que podría retirarse de la CBI, en protesta por la prohibición de la caza comercial de ballenas, pero luego Estados Unidos y otros países lo persuadieron para que permaneciera en la organización.

Aunque esta vez parece más en serio que nunca,  Japón se abstendría de cazar «en aguas de la Antártida o en el hemisferio Sur», según precisó el representante del ejecutivo, Yoshihide Suga, en una rueda de prensa. La caza estará «limitada a las aguas territoriales y a la zona económica exclusiva» de Japón, «conforme a las cuotas de capturas calculadas según el método de la CBI para no agotar los recursos», aseguró el portavoz del gobierno japonés

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