Indonesia, dada su ubicación geográfica a lo largo de la llamada región «Anillo de Fuego» en el Pacífico, una región propensa a los terremotos, con varios volcanes activos, se ha visto afectada por frecuentes terremotos y tsunamis.

El lecho del océano Pacífico reposa sobre varias placas tectónicas que están en permanente fricción y por ende, acumulan tensión. Cuando esa tensión se libera, origina terremotos en los países del cinturón. Además, la zona concentra actividad volcánica constante. En esta zona las placas de la corteza terrestre se hunden a gran velocidad (varios centímetros por año) y a la vez acumulan enormes tensiones que deben liberarse en forma de sismos.

Como la predicción de terremotos no es una posibilidad hoy en día, no se puede anticipar ningún escenario, es decir, no se puede saber lo que va a ocurrir en las próximas horas o en los próximos días en ninguna parte del mundo. Los terremotos van a seguir ocurriendo y lo más probable es que ocurran en las mismas áreas en donde han ocurrido siempre, por lo que son estas zonas las que deben estar siempre preparadas para la ocurrencia de un sismo.

La triste realidad es que esa preparación ante los desastres naturales cuesta mucho dinero: mientras un terremoto de intensidad 7 en Japón apenas causa algunas grietas, en zonas más pobres, como Indonesia, puede provocar cientos o miles de muertos.

Las fuertes precipitaciones que desde anoche registra la costa javanesa del estrecho indonesio de Sonda dificultan las tareas de búsqueda y rescate de los al menos 154 desaparecidos tras el tsunami del pasado sábado.

Los equipos de emergencia rastrean unos 100 kilómetros del litoral en busca de personas con vida atrapadas entre los escombros provocados por el maremoto, cuyo último balance se eleva a 429 las víctimas mortales y más de 1.450 heridos.

Hace solo tres meses, a fines de septiembre, más de 2000 personas murieron cuando un poderoso terremoto azotó la isla de Sulawesi, en el centro de Indonesia, y provocó un tsunami que destruyó la ciudad costera de Palu.

En uno de los peores desastres de la historia moderna, la región también fue golpeada por un devastador tsunami en diciembre de 2004, que se cobró más de 230.000 vidas en 14 países a lo largo del Océano Índico, principalmente en Indonesia.

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