Las «cuchareras», como se conoce vulgarmente a las plataformas de pesca que operan ilegalmente en la zona, atentan gravemente contra la biodiversidad y la productividad piscícola del río Guadalquivir y en 2010 se aprobó una moratoria pesquera para capturar las angulas.

Para hacerse una idea del enorme daño que provocan las «cucharas», baste decir que por cada kilo de angulas capturada se pueden matar hasta 100 kilogramos de alevines de boquerones, sardinas, lubinas… y larvas e inmaduros de langostinos y cigalas. Especies que son la base de la pesquería del golfo de Cádiz, que ve mermada de forma ostensible sus capturas por esta práctica tan destructiva en el estuario.

Debido a la importancia como criadero de peces y marisco, los últimos 30 kilómetros del río se declararon en 2004 reserva pesquera, prohibiéndose todo tipo de pesca. En 2015 todo el estuario hasta Sevilla se declaró por la Unión Europea como Zona de Especial Conservación. A pesar de esta protección legal, el Guadalquivir ha sido un río sin Ley.

En 2010, se dictó sentencia firme para desmantelar más de una cincuentena de  plataformas flotantes ilegales, ha pasado más de una década y todos los ayuntamientos de la zona y las distintas administraciones responsables han hecho la vista gorda y nadie daba el paso por erradicarlas hasta la operación que ha acometido la Guardia Civil, aunque llegue con retraso.

A los 120 efectivos de la Guardia Civil, Junta de Andalucía y de la Capitanía de Sevilla (a cuyo puerto corresponde el control del Guadalquivir) les han hecho falta dos días para desmantelar las redes y los brazos metálicos que usan los furtivos a bordo de las 54 estructuras. En cada una, los ilegales colocaban de dos a cuatro copos con redes con una luz de malla de menos de un milímetro, prácticamente como una tela. Con la marea creciente, en cada uno de estos copos quedaban atrapados 1.700.000 individuos alevines de 134 especies por cada 3.000 angulas –aproximadamente un kilo–. No existe una estimación de cuántos kilos de crías de angulas llegaban a coger, ya que su esquilmada presencia en el río depende de las fases de la luna, la salinidad y la temperatura.

El barco en el que científicos de la Universidad de Córdoba y de otras instituciones estudian el ecosistema del estuario del Guadalquivir ha sido incendiado, poco después de esta operación de la Guardia Civil para desmantelar las estructuras de pesca ilegal de angula de la zona. Evidentemente se trata de una venganza de corte mafioso de los pescadores ilegales de la zona contra los investigadores que han generado la evidencia del inmenso daño ecológico que estas prácticas ilegales estaban causando a la pesquería del Golfo de Cádiz.

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