Después de tres décadas de guerras irregulares que han recibido todo tipo de nombres, tal vez guerras híbridas es el que más se ha repetido, nos volvemos a encontrar a las puertas de un enfrentamiento tradicional entre países por el control de territorios fronterizos. Las fuerzas armadas de Siria y Turquía van ganando protagonismo por encima de sus proxies y el choque directo parece inevitable en el norte de Siria: Turquía no piensa ceder el territorio kurdo de Siria que ha ocupado mientras Siria se desangraba en su propia guerra civil.

Durante un encuentro con los medios de comunicación acreditados ante la Organización, António Guterres destacó que, de continuar las actuales dinámicas, con una devastadora situación humanitaria y militar, la situación puede escalar hasta alcanzar límites insospechados.

“Durante casi un año hemos visto una serie de ofensivas terrestres del Gobierno sirio apoyadas por bombardeos aéreos rusos. Este mes se han repetido los enfrentamientos mortales entre las fuerzas turcas y sirias. Todo esto significa que, además de una situación humanitaria dramática y deteriorada, nos enfrentamos al riesgo de una confrontación cada vez más grave con consecuencias cada vez más impredecibles”, destacó.

Guterres recordó que la zona de distensión de Idlib se estableció en 2017 y fue objeto de un nuevo acuerdo entre la Federación de Rusia y Turquía en septiembre de 2018, a través del memorando de Sochi.

“Sin embargo, a finales de febrero de 2019 el acuerdo comenzó a tambalearse, a pesar de varias prórrogas del cese al fuego en los meses siguientes, la más reciente el 12 de enero”, clarificó.

Tras recordar sus reiteradas peticiones a actores clave, pública y directamente, solicitando un alto el fuego inmediato en Idlib “para poner fin a la catástrofe humanitaria y ahora también para evitar una escalada incontrolable”, reiteró una vez más que no hay una solución militar al conflicto en Siria. “La única solución posible es política”, añadió.

Se precisa mayor ayuda de los donantes internacionales

El titular de la ONU recordó que, desde el 1 de diciembre del año pasado, el conflicto ha forzado el desplazamiento de unas 900.000 personas, la mayoría de ellas mujeres y niños, y que los combates se dirigen hacia zonas que concentran un gran número de población, entre ellos muchos desplazados.

“A medida que se reducen los espacios seguros, se incrementan las posibilidades de sufrimiento humano”, destacó.

Refugiados en Siria

Estimó en 2,8 millones el número de personas que necesitan asistencia humanitaria en el noroeste de Siria y que sus cálculos para ayuda de emergencia se han quedado ostensiblemente cortos debido a la magnitud de la crisis.

“A principios de mes pensamos que tendríamos que atender a 800.000 personas desplazadas por la reciente y continua violencia.  Ahora, necesitamos algo mucho mayor. Estamos revisando nuestros planes y lanzaremos un llamado urgente a los donantes a fin de que aporten 500 millones de dólares adicionales para cubrir las necesidades de los nuevos desplazados durante los próximos seis meses”, declaró.

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