El panorama económico que ha aparecido tras el levantamiento de las restricciones frente al coronavirus no es muy esperanzador. Hay empresas que ni siquiera van a volver a abrir.

Esas dificultados no son sólo aplicables a pequeños empresarios que se han visto envueltos en una crisis de liquidez temporal; también hay, por ejemplo, aerolíneas internacionales que ya estaban en una situación delicada antes de la pandemia y que se han visto ahogadas por las deudas ante la imposibilidad de mover sus aviones.

Al nivel de las pequeñas empresas, hay miles de negocios que están en una situación similar. No se trata sólo de agencias de viajes sino que afecta a muchos timpos de pequeñas empresas que ahora se plantean si volver a abrir porque su nicho de negocio está todavía restringido o poque sus clientes o la zona en la que ofertan sus servicios o productos están en serios problemas económicos que, aunque seguramente se venían gestando desde años atrás, han aparecido con esta crisis.

Incluso muchos de los valientes que ya han reabierto sus negocios se han encontrado con que la actitud de los cientes es distinta y parece más difícil volver a tener un benecifio digno por el trabajo realizado (estos no son tiempos para pensar en enriquecerse).

La receta para volver a la rentabilidad es tan fácil de enunciar como difícil de llevar a la práctica: hay que aumentar el beneficio reduciendo costes y expandiendo las ventas.

Este artículo trata sobre una de las soluciones que se ofrecen en todos los sitios web a cualquier negocio para aumentar sus ventas: crear una página web o una app. ¿Es realmente la panacea de todos los males y tener una app nos permitirá levantar el negocio y volver a ganar dinero? La respuesta es la misma que tienen todas las preguntas importantes: depende.

Depende de muchos factores: del producto o servicio que se venda, de la capacitación de los empleados (si los hay), de la posibilidad de vender más lejos o en mayores cantidades, de la receptividad de la clientela… hay tantas respuestas como negocios.

¿Cuándo NO vale la pena?

Antes que nada, no hay que olvidar que cuando se habla de páginas web o aplicaciones no solo se debe contar el coste inicial sino que tienen unos gastos de mantenimiento y de actualización que tendremos que incluir en el balance a la hora de determinar si es rentable mantenerlas.

Entrando ya en materia, no vale la pena esforzarse para que todos nuestros clientes se registren en nuestra página Web o instalen nuestra aplicación si nuestro comercio sólo funciona en un barrio.

En este caso en concreto no funcionaría porque siempre sería mucho más fácil que nuestra clientela comprobarse nuestros nuevos precios o servicios directamente en el escaparate de nuestro comercio.

Tampoco sería desdeñable pensar que los clientes no tuviesen especial interés en utilizar aplicaciones o páginas web cuando pueden por ellos mismos comprobar si nuestra oferta se ajusta a sus necesidades.

Pongamos por ejemplo una panadería de barrio. seguramente le sería mucho más rentable crear una cuenta de Twitter para avisar a sus potenciales clientes de que la última hornada acaba de salir. De ese modo podría tener, desde el propio teléfono móvil del panadero, una comunicación inmediata con sus clientes potenciales sin incurrir en los gastos de gestión y de creación y de mantenimiento que implica una aplicación o una página web.

Incluso, teniendo en cuenta que hoy día todo el mundo usa Internet para buscar el teléfono de contacto de cuaqluier negocio del barrio, con un poquito de esfuerzo, cuqluiera puede crear unos cuantos perfiles en redes sociales y directorios gratuitos para incluir su teléfono y dirección sin necesidad de tener el dominio/hosting/desarrollo/mantenimiento de una página web.

¿Cuándo SÍ vale la pena?

Tener una página Web o disponer de una aplicación va a ser imprescindible para las empresas que no tengan restricciones geográficas y que quieran o puedan vender sus productos o servicios en todo el país o ¿por qué no? en todo el mundo.

Es también imprescindible para profesionales que necesitan una tarjeta de visita virtual para darse a conocer en su entorno profesional o para acceder a sus clientes en ciudades medianas o grandes.

Es decir, la página web es imprescindible, aunque sea como simple tarjeta de visita.

Ahora bien, plantearse tener una aplicación, aparte de ser algo muy chulo, tiene que partir de un análisis bastante riguroso sobre qué queremos hacer con la aplicación, a qué clientes queremos llegar, que queremos que hagan los clientes, qué queremos nosotros a hacer a través de la aplicación para facilitar el negocio con los clientes y un montón de factores más qué será necesario analizar detenidamente con el analista de la empresa desarrolladora.

Pensemos, por ejemplo, en una empresa de pinturas. Seguramente ya tiene una página web pero no ha conseguido vender nada a través de la página porque es posible que no hayan encontrado una fórmula apra vender online. Una aplicación, en cambio, podría permitirle no solo tener su catálogo disponible en la aplicación sino que podría incluir un apartado para contactar en vivo con los comerciales de la empresa o podría incluir un apartado de elaboración de pinturas con colores personalizados tomando como muestra una fotografía enviada por el cliente o podría incluir un apartado con un directorio de pintores de distintas zonas del país, de manera que estuviesen interesados en la app no sólo los clientes finales sino los pintores, que, a su vez, también se pueden convertir en clientes/distribuidores.

 

Como se ve no existe una única solución ni una respuesta global que responda a todos los problemas de todas las empresas. Para saber si es necesario gastar un poco, o mucho, en el desarrollo de una página web o de una aplicación será necesario sentarse junto a un consultor para ver qué posibilidades de negocio nos va a ofrecer la nueva herramienta y, valorando el coste presente y futuro. calcular los ingresos qué podemos obtener con nuestro nuevo juguete.

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