La campaña electoral en México es como las de cualquier otro lugar: mítines, pegatinas, candidatos haciendo promesas, etc. El lado oscuro -las amenazas, los asaltos, los asesinatos- son muy particulares.

La violencia política empaña cada campaña electoral en México y el período previo a las elecciones de mitad de período del 6 de junio no ha sido diferente. Pero este año ha sido especialmente espantoso, incluso para un país más acostumbrado a la violencia de lo que la mayoría de los países considerarían aceptable.

Al menos 88 políticos o candidatos a cargos públicos han sido asesinados desde el pasado septiembre, según la consultora mexicana Etellekt Consultores. Así de simple y abrumador. El gobierno de México afirma que las elecciones intermedias de este año serán las más concurridas de la historia pero cuando se cierren las urnas el 6 de junio, podrían haber sido también las más mortíferas.

Hace dos semanas, Abel Murrieta estaba repartiendo folletos de campaña a plena luz del día, en una calle muy transitada de Cajeme, el municipio donde se presentaba como candidato a un cargo en el Ayuntamiento. El ex fiscal del norteño estado de Sonora estaba con sus partidarios cuando, según la policía, dos hombres desde un vehículo lo acribillaron, disparándole 10 veces.
Como candidato, siempre dijo que la lucha contra la delincuencia era su tema número uno.
«Basta de drogas que nos roban los niños y destruyen nuestras familias. Soy un hombre de ley. Impondré la ley. No me tiembla la mano. No tengo miedo», dijo Murrieta en su último anuncio de campaña, grabado sólo un día antes de su asesinato.
Las imágenes de las redes sociales mostraban a Murrieta inmóvil tras el tiroteo, con una camisa blanca de botones ensangrentada, mientras una simpatizante agitaba la bandera de su partido cerca de él, con una mano en su pecho agitado. Un segundo vídeo grabado más tarde mostraba cómo lo ponían en una camilla y lo metían en una ambulancia.
Murietta era una figura de alto perfil, conocida por sus opiniones francas sobre la delincuencia. Como abogado privado, también representaba a la familia LeBaron, una familia con doble nacionalidad estadounidense y mexicana que perdió a nueve de sus miembros cuando fueron asesinados por presuntos miembros del cártel a finales de 2019.

El martes, otra aspirante fue asesinada a tiros durante un acto de campaña. Alma Rosa Barragán era candidata a la alcaldía de la ciudad de Moroleón, en el estado de Guanajuato, una de las regiones más violentas del país.
«Si quieres acompañarme, ven para que escuches mis propuestas, ven para que convivamos un momento. Juntos podemos hacerlo mejor», dijo una alegre Barragán durante un Facebook Live que transmitió momentos antes de su muerte.
La Procuraduría General de Justicia de Guanajuato condenó el asesinato y ahora se está investigando.

Los motivos de los asesinatos de tantos candidatos en todo el país no están claros, pero se sospecha que son el crimen organizado y la lucha por el control territorial.
En muchos casos los grupos criminales más pequeños o los grandes cárteles de la droga tienen como objetivo a los candidatos que no les gustan y, a la vez, apoyan a un candidato que les ea menos molesto. Y para estos grupos y cárteles, el control territorial es clave.

Tampoco es extraño que los políticos o candidatos asesinados estén vinculados con el propio crimen organizado.
Estos grupos financian o promueven a los candidatos y amenazan, intimidan y matan a quienes quieren sacar del juego, agregó.
Estas organizaciones criminales finalmente entendieron que tener el control de los partidos políticos o de las estructuras políticas de su región les permite utilizarlo para traficar y ejercer el control territorial con mucha más facilidad.

Desde que asumió el cargo, López Obrador ha adoptado un enfoque diferente en la lucha contra el crimen organizado, evitando las estrategias anteriores de ir a la guerra con los cárteles. Es partidario de abordar las causas profundas de la pobreza a largo plazo como forma de ofrecer alternativas a la pertenencia a los cárteles, lo que se conoce como «abrazos, no balas».
Hay quien piensa que esta estrategia es en parte culpable de las matanzas, ya que dice que permite subsistir a los grupos criminales con menos presión policial.
El gobierno de López Obrador ha dicho muchas veces que su estrategia necesita más tiempo para dar frutos pero los hechos parecen ir en la dirección contraria.

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