Los atacantes mataron a 88 personas en el estado nigeriano de Kebbi el jueves, lo que llevó a su gobernador a prometer un mayor despliegue de fuerzas de seguridad el domingo, mientras la inseguridad se extiende sin control por el noroeste del país.
Los autores de los atentados arrasaron con ocho aldeas, asesinando indiscriminadamente y haciendo huir a los residentes, según la policía, que cifró en 88 el número de muertos. Los detalles comenzaron a conocerse el sábado.
Un portavoz del gobernador de Kebbi, Abubakar Bagudu, afirnó ayer domingo que los atacantes habían llegado desde los estados vecinos de Níger y Zamfara, robando ganado y destruyendo cultivos.

Los pistoleros han intensificado los ataques contra las comunidades de la región en los últimos años, obligando a miles de personas a huir a través de la frontera norte de Nigeria hacia Níger. Los atacantes se han hecho mundialmente conocidos por los secuestros masivos en las escuelas, con más de 800 estudiantes secuestrados desde diciembre.
Son integristas musulmanes que se oponen a todo lo occidental y atacan escuelas y centros de salud como símbolos del progreso. Estos ataques se enmarcan dentro de una estrategia para aterrorizar a las poblaciones que acepten enseñanza o atención médica distinta de la enseñanza del Corán o de los curanderos tradicionales.

La violencia desenfrenada ha provocado una profunda crisis humanitaria, según declaró el jueves el grupo de ayuda internacional Médicos Sin Fronteras.
El domingo, el gobernador prometió ayuda financiera y «pidió a las comunidades de la zona que fueran tolerantes, complacientes, amistosas y pacíficas», dijo su portavoz en un comunicado.

Por supuesto, ante la dificultad de sacar rédito político y donaciones, la organización Black Lives Matter ni está ni se la espera en todo este asunto.

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