El miedo ha invadido la ciudad fronteriza mexicana de Reynosa después de que hombres armados en vehículos mataran aleatoriamente a 14 personas, entre ellas taxistas, ancianos, trabajadores y una estudiante de enfermería y las fuerzas de seguridad respondieran con operaciones que dejaron cuatro sospechosos muertos.

Aunque esta ciudad, situada al otro lado de la frontera con McAllen (Texas), está acostumbrada a la violencia de los cárteles por ser un punto clave de tráfico, las 14 víctimas de los ataques del sábado parecían ser lo que el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, denominó «ciudadanos inocentes» y no miembros de una banda asesinados por un rival.

Muchos negocios cerraron el sábado temprano después de los ataques y que la gente estaba muy asustada mientras los helicópteros sobrevolaban la zona. El domingo, la gente estaba tranquila como si no hubiera pasado nada, pero con un sentimiento de rabia porque ahora las víctimas eran gente inocente.

Los ataques tuvieron lugar en varios barrios del este de Reynosa, según la agencia estatal de Tamaulipas que coordina las fuerzas de seguridad y desencadenaron un despliegue del ejército, la Guardia Nacional y la policía estatal en toda la ciudad.

Pero la actividad delictiva de la zona ha estado dominada durante mucho tiempo por el Cártel del Golfo y ha habido fracturas dentro de ese grupo. Los expertos explican que ha habido una lucha interna dentro del grupo desde 2017 para controlar territorios clave para el tráfico de drogas y personas. Al parecer, una célula de una ciudad cercana podría haber entrado en Reynosa para llevar a cabo los ataques.

El sábado, las autoridades detuvieron a una persona que transportaba a dos mujeres aparentemente secuestradas en el maletero de un coche.

La seguridad es uno de los grandes retos del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien asegura a los mexicanos que está combatiendo las causas profundas de la violencia y desde el inicio de su administración, en diciembre de 2018, ha abogado por «abrazos, no balas» para enfrentar a los delincuentes sin mucho éxito hasta el momento. También asegura que está combatiendo la corrupción para detener la infiltración del crimen organizado entre las autoridades.

Tamaulipas -el estado donde surgió el cártel de los Zetas y donde sigue operando el cártel del Golfo- ha visto cómo varios de sus ex gobernadores del Partido Revolucionario Institucional han sido acusados de corrupción y vínculos con el crimen organizado. Un ex gobernador, Tomás Yarrington, fue extraditado a Estados Unidos desde Italia en 2018 por cargos de narcotráfico.

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