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El Senado de EE.UU. vota a favor de hacer permanente el horario de verano

ActualidadEl Senado de EE.UU. vota a favor de hacer permanente el horario de verano

Si se prolonga el horario de verano durante todo el año, los amaneceres y atardeceres se producirán más tarde durante todo el año aunque los argumentos en contra del cambio de hora no tienen tanto que ver con la prolongación de los atardeceres durante todo el año como con la coherencia.

Por fin ha ocurrido: ayer martes, el Senado de EE.UU. votó por unanimidad hacer permanente el horario de verano a partir de 2023. Tal vez en los resultados haya influido el hecho de que allí acaban de adelantar los relojes el domingo pasado y todo el mundo ha dormido una hora menos.

Aunque en los últimos años varios estados han aprobado leyes para ampliar el horario de verano, esta votación del Senado estadounidense es la más importante hasta ahora. Si la legislación pasa a la Cámara de Representantes y luego al presidente, los estadounidenses ya no tendrán que cambiar sus relojes dos veces al año pero por el momento no está claro que la Cámara de Representantes vaya a abordar este tema.

Las ventajas de prolongar el horario de verano durante todo el año -o simplemente mantener la hora estándar durante todo el año- son más amplias que las de evitar la molestia de reajustar los relojes (aunque hoy en día muchos relojes lo hacen automáticamente).

Como mucho, también podría mejorar nuestra salud colectiva y, posiblemente, evitar algunos accidentes de tráfico. Al menos evitaría algunas protestas y molestias cuando la gente pierda una hora de sueño al comenzar el horario de verano en primavera.

El horario de verano en Estados Unidos se impuso como un sistema de ahorro de energía durante la Primera Guerra Mundial y se convirtió en una norma nacional en la década de 1960. En Europa se impuso de manera uniforme en 1974, en medio de una importante crisis energética.

A grosso modo, si el horario de verano estuviera siempre en vigor, la hora del amanecer sería peor para la mayoría de la gente (incluso mucha gente entraría a trabajar todavía de noche) pero todo el mundo disfrutaría de la luz después del trabajo.

La idea es que, en los meses de verano, se desplaza el número de horas de luz al atardecer. Así, si el sol se pone a las 8 de la tarde en lugar de a las 7, presumiblemente pasaremos menos tiempo con las luces encendidas en nuestras casas por la noche, ahorrando electricidad.

También significa que es menos probable que se duerma durante las horas de luz de la mañana, ya que éstas se desplazan también una hora más tarde. De ahí que se «guarden» las horas de luz para el momento más productivo del día.

Pero esta premisa nunca ha podido ser demostrada con contundencia. El supuesto ahorro de electricidad que supone aprovechar más la luz del día por la tarde resulta ser poco claro o escasoo en comparación las molestias que acarrea.

Y es que hay que tener en cuenta el efecto de este cambio sobre las personas. Los científicos especializados en el sueño recomiendan continuamente que, para gozar de una salud óptima, las personas deben mantener el mismo horario de sueño todas las noches, acostándose y despertándose a las mismas horas cada día. Cuando se adelantan los relojes una hora en primavera, perderemos esa hora de sueño. En los días posteriores al inicio del horario de verano, nuestros relojes biológicos están un poco desfasados. Es como si todo el país padeciese una hora de jet lag.

Una hora de sueño perdido parece poca cosa, pero los humanos somos animales frágiles y sensibles. Cuando nuestros relojes biológicos se desajustan, todo en nosotros se desajusta. Nuestro cuerpo tiene un horario muy adaptado para intentar seguir el ritmo de nuestra actividad diaria. Como solemos comer después de despertarnos, producimos la mayor cantidad de insulina por la mañana. Estamos preparados para metabolizar el desayuno incluso antes de tomar un bocado. Así es más eficiente.

Estar una hora fuera del horario significa que nuestro cuerpo no está preparado para nuestras acciones durante unos días hasta que se readapta al nuevo horario.

Y para muestra, un botón. En 1999, investigadores de las universidades Johns Hopkins y Stanford quisieron averiguar qué ocurre en la carretera cuando millones de conductores ven recortadas sus horas habituales de sueño.
Analizando 21 años de datos de accidentes de tráfico mortales de la Administración Nacional de Seguridad en el Transporte por Carretera de EE.UU., descubrieron un aumento muy pequeño pero significativo de las muertes en carretera el lunes siguiente al cambio de hora en primavera: El número de accidentes mortales se disparó hasta una media de 83,5 en el lunes «adelantado», frente a una media de 78,2 en un lunes normal.

Y parece que no se trata sólo de accidentes de tráfico. También hay pruebas de que aumentan los accidentes laborales y los infartos en los días posteriores al adelanto de la primavera.

Es posible que muchos estadounidenses no vean con buenos ojos la ampliación del horario de verano durante todo el año. Hubo un año en la década de 1970 en el que el horario de verano duró 16 meses y no todo el mundo estaba contento. Las encuestas de la época revelaron que sólo el 30% de los estadounidenses aprobaban la eliminación del horario de invierno. Según el Washington Post, «los padres se vieron enviando a sus hijos a la escuela en el frío y la oscuridad de la mañana durante meses», lo que favoreció la vuelta al sistema de cambio de hora.

Veremos cómo se desarrolla todo esto en Estados Unidos porque a los europeos, pese a algunos tímidos intentos de la Comisión y del Parlamento Europeo, nos tocará ir a remolque.

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