¿Es posible que estemos viendo cómo Ucrania le está ganando esta guerra a Rusia y no nos estemos dando cuenta?

Cuando ya llevamos casi cuatro desde que comenzó la «operación especial» rusa en Ucrania, que todos pensábamos que acabaría rápidamente por aplastamiento, los analistas y comentaristas han empezado a admitir a regañadientes que la invasión rusa ha sido bloqueada y que la guerra está estancada. La verdad más probable es que los ucranianos están ganando.

Entonces, ¿por qué los analistas occidentales no pueden admitirlo? La mayoría de los estudiosos profesionales del ejército ruso primero predijeron una rápida y decisiva victoria rusa; luego argumentaron que los rusos harían una pausa, aprenderían de sus errores y se reagruparían; después concluyeron que los rusos habrían actuado en realidad mucho mejor si hubieran seguido su doctrina; y ahora tienden a murmurar que todo puede cambiar, que la guerra no ha terminado y que el peso de los números todavía favorece a Rusia. El fracaso de todos estos analistas probablemente será uno de los elementos de esta guerra dignos de estudio en el futuro.

Además, hay pocos estudiosos del ejército ucraniano y, por lo tanto, son poco conocidos los progresos que ha hecho Ucrania desde 2014, gracias a la experiencia duramente ganada en los enfrentamientos en Lugansk y Donetsk y al amplio entrenamiento de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá. El ejército ucraniano ha demostrado no solo estar motivado y bien dirigido, sino también ser operativamente hábil, integrando la infantería ligera con armas antitanque, drones y fuego de artillería para derrotar repetidamente a formaciones militares rusas mucho más grandes. Los ucranianos no se limitan a defender sus puntos fuertes en las zonas urbanas, sino que maniobran desde y entre ellas, siguiendo el dictado clausewitziano de que la mejor defensa es un buen ataque. Por eso vemos contantemente noticias sobre columnas de abastecimiento o uniadades de combate rusas caídas en emboscadas.

Sin embargo, el mayor obstáculo de Occidente para aceptar el éxito es que nos hemos acostumbrado en los últimos 20 años a pensar que nuestro bando está bloqueado, es ineficaz o incompetente. Tal vez sea hora de pararse a pensar que si nuestro nivel de vida como sociedad es el mejor del mundo, también es posible que lo sean nuestras fuerzas armadas.

Las pruebas de que Ucrania está ganando esta guerra son abundantes, si uno se limita a mirar de cerca los datos disponibles. La ausencia de avances rusos en el frente es sólo la mitad de la imagen, oscurecida por los mapas que muestran grandes manchas rojas, que no reflejan lo que los rusos controlan sino las zonas por las que han pasado. El fracaso de casi todos los asaltos aéreos rusos, su incapacidad para destruir la fuerza aérea y el sistema de defensa aérea ucranianos y la paralización durante semanas de la columna de suministros de 65 kilómetros al norte de Kiev son sugerentes. Las pérdidas rusas son tremendas: entre 10.000 (reconocidos) y 18.000 soldados muertos (estimados), dependiendo de la fuente, lo que implica un mínimo de más de 30.000 retirados del campo de batalla por heridas, captura o desaparición. Este total representaría al menos el 15 por ciento de toda la fuerza invasora, lo suficiente para que la mayoría de las unidades de primera línea queden sin fuerza de combate. Y no hay ninguna razón para pensar que el ritmo de pérdidas esté disminuyendo; de hecho, las agencias de inteligencia occidentales están informando de que el número de bajas rusas en la última semana es insostenible, de casi mil al día.

A esto hay que añadir las repetidas torpezas tácticas de las unidades rusas, apreciables includo en los vídeos virales en redes sociales: vehículos amontonados en las carreteras, ausencia de infantería que cubra los flancos, ausencia de fuego de artillería estrechamente coordinado, ausencia de apoyo aéreo de los helicópteros y reacciones de pánico ante las emboscadas. La relación de 1 a 1 entre los vehículos destruidos y los capturados o abandonados revela un ejército que no está dispuesto a luchar. La incapacidad de Rusia para concentrar sus fuerzas en uno o dos ejes de ataque o para tomar una ciudad importante, es sorprendente. También lo son sus enormes problemas de logística y mantenimiento, cuidadosamente analizados por profesionales cualificados y ampliamente divulgados en las redes sociales; la gran cantidad de imágenes de vehículos con neumáticos destrozados llamaba la atención hasta que se supo que eran copias chinas de neumáticos franceses.

Ucrania, en cambio, tienen detrás a las industrias militares de países como Estados Unidos, Suecia, Turquía y la República Checa. Cada día llegan a Ucrania miles de armas avanzadas: los mejores misiles antitanque y antiaéreos del mundo, además de drones, rifles de francotirador y todo tipo de material de guerra de última generación. Además, hay que tener en cuenta que Estados Unidos ha contado con una exquisita información de inteligencia no sólo sobre los despliegues de Rusia, sino sobre sus intenciones y operaciones reales. Los servicios de inteligencia estadounidense serían tontos si no compartieran esta información en tiempo real con los ucranianos. A juzgar por la destreza de las defensas aéreas y los despliegues ucranianos, cabe suponer que no son, por lo visto, nada torpes.

Por ahora no hay pruebas disponibles públicamente de que los rusos sean capaces de reagruparse y reabastecerse a gran escala; más bien hay muchas pruebas de lo contrario. Si los ucranianos siguen ganando, podríamos ver más colapsos visibles de las unidades rusas y quizás rendiciones y deserciones masivas. Desgraciadamente, los militares rusos también duplicarán frenéticamente lo único que saben hacer bien: bombardear ciudades y matar civiles.

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