La primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas parece ahondar la caída de los partidos tradicionales en Francia

La cómoda ventaja del actual presidente, Emmanuel Macron, sobre Marine Le Pen, prácticamente se ha desvanecido antes de la seguna vuelta el 10 de abril. Inicialmente, la idea generalizada era que iban a ser unas elecciones muy aburridas y que Macron iba a ganar con facilidad pero ahora todo esto parece haber cambiado de repente.

Las elecciones francesas se dividen en dos rondas: en la primera se elige a los dos favoritos, y en la segunda se elige al ganador, que tiene un mandato de cinco años para gobernar.  La idea del sistema es que se vote con convicción en la primera vuelta, y luego se vote estratégicamente en la segunda pero en la práctica esto se traduce en que los votantes franceses suelen votar por el candidato que realmente quieren en la primera ronda y contra el candidato que no quieren en la segunda.

El problema para los votantes de izquierdas es que el centro, derecha y extrema derecha sí tienen candidatos con posibilidades de hacer algo pero ningún candidato de la izquierda tradicional (socialistas, comunistas o verdes) tenía posibilidades reales de obtener un buen resultado así que ya se han visto obligados en esta primera ronda a elegir al único candidato de izquierdas con alguna posibilidad de quedar segundo y llegar a la segunda vuelta de las elecciones, el populista de extrema izquierda Jean Luc Melenchon.

Peor todavía se les presenta a esos mismos votantes el panorama para la segunda vuelta. Mientras el candidato de extrema derecha que quedó fuera de esta segunda ronda pide decididamente el voto para Marine Le Pen y su Rally Nacional, los partidos de izquierdas no acaban de ver claro que quieran pedir el voto para el centrista Macron.

Estas elecciones consolidan el hundimiento de los partidos tradicionales en Francia

Lo que estas elecciones pueden decirnos, sin embargo, es mucho más sobre los cambios en las tendencias y valores políticos del país, así como sobre la forma en que el público francés ve el fracaso de la clase dirigente en general.

Macron, el joven ex banquero que prometió un cambio en la política francesa, ha demostrado ser un político centrista bastante tradicional con su partido La République En Marche y aunque su gestión de la pandemia de Covid-19 se ha ganado los elogios del público francés, es en gran medida impopular entre la población más izquierdista del país.

Macron ha estado lidiando con la pandemia de Covid-19 durante los últimos dos años y tratando de afirmar el lugar de Francia en el orden global del siglo XXI – últimamente, a través de esfuerzos diplomáticos relacionados con la guerra de Ucrania. Los críticos afirman que parece demasiado centrado en los problemas internacionales y ciego a los asuntos que más afectan a los franceses.

El partido de derechas Rally Nacional de Marine Le Pen (antes llamado Frente Nacional) fue fundado por su padre, Jean-Marie Le Pen. Por tanto, se la considera una líder de derechas de alto nivel que, como su padre, se ha presentado a anteriores elecciones presidenciales. Ha ido ganando adeptos desde su primera participación en 2012, quedando en segundo lugar tras Macron en la primera ronda de las elecciones de 2017, con un 20,75% de los votos. Le Pen fracasó en la segunda vuelta, tras una desastrosa actuación en un debate televisado con Macron y un escándalo de plagio que hundió sus cifras en las encuestas.

Para estas elecciones Le Pen se ha centrado en cuestiones económicas internas. Ha estado hablando del poder adquisitivo, centrándose en la gente de la periferia de Francia, la gente que tiene que pagar más por la gasolina. Ese tipo de mensaje económico resuena también fuera de Francia, debido al aumento de los precios tanto por la inflación mundial como, en el caso del gas y otros combustibles fósiles, por los intentos de desprenderse del petróleo ruso debido a su invasión de Ucrania.

Mientras tanto, la candidata del otrora poderoso partido socialista obtenía un 1,9% de los votos, los comunistas el 2,3% y el partido republicano de De Gaulle y Chirac, un 4,8%.

Solo el populismo de extrema izquierda de Jean Luc Melenchon (algo parecido al Podemos español) obtuvo un notable 22% de los sufragios, posiblemente como resultado del voto útil de los electores de izquierdas que sentían que votar a candidatos de otros partidos era «tirar el voto».

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