Los confinamientos han cerrado a cal y canto algunas de las mayores ciudades de China a medida que aumentan los contagios, perjudicando a una economía que ya no crece tanto como antes

Los mandatarios del Partido Comunista Chino siguen con la estrategia de cero contagios pese a que las nuevas variantes del virus, siendo más contagiosas, son incomparablemente menos dañinas para la población vacunada.

Los confinamientos ponen en evidencia la rígida estrategia contra el virus del Partido Comunista, justo el año que el presidente Xi Jinping piensa aprovechar para romper con la tradición de renovación de cargos y perpetuarse en el poder. Por ahora desde Pekín se insiste en mantener la política de infecciones cero manteniendo todo tipo de restricciones (de esas que le encanta imponer a los dictadores) aunque el riesgo de que China caiga en la recesión está aumentando.

Solo en Shaghai hubo 27.719 casos en los últimos 7 días, de los cuales 2.573 presentaban síntomas severos o graves pero más de 6 millones de personas fueron autorizadas a salir de sus casas en las zonas en las que no hubo nuevos casos durante al menos una semana. Otros 15 millones siguen teniendo prohibido salir a la calle.

Shanghái está suavizando el confinamiento de sus 25 millones de habitantes tras las quejas de que había problemas para conseguir alimentos pero la mayoría de los negocios siguen cerrados. Otras ciudades están cortando los accesos y cerrando fábricas y escuelas.

El problema ahora ya no es solo que la fábrica del mundo cierre sus puertas, con lo que saltará (otra vez) por los aires toda la cadena de suministros sino que esta vez los confinamientos también pueden afectar a la campaña de siembra de los agricultores chinos, reduciendo notablemente la producción de alimentos, lo que acarrea inevitables subidas de precios y más competencia por las materias primas en los mercados internacionales.

La mayoría de la gente ha obedecido pacientemente a pesar de las protestas por la escasez de alimentos y medicinas pero en las redes sociales circulan vídeos de protestas (caceroladas) y enfrentamientos entre ciudadanos y el personal encargado de asegurar los confinamientos.

Las consecuencias económicas se van a notar pronto. El volumen de mercancía que maneja el puerto de Shanghai, el más activo del mundo, ha caído un 40%, según una estimación de la Cámara de Comercio de la Unión Europea en China.

Las restricciones en las zonas de producción de teléfonos inteligentes y electrónica de consumo están llevando a a recortar las expectativas de crecimiento económico de este año hasta un 5%, lo que supone un fuerte descenso respecto a la expansión del 8,1% del año pasado. Los fabricantes de automóviles han suspendido totalmente la producción debido a la interrupción de las entregas de suministros.

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