La invasión rusa de Ucrania termina con décadas de cooperación en el espacio

  • La Estación Espacial Internacional es un puzle de módulos estadounidenses y rusos.

Aquí abajo, en la Tierra, el presidente ruso Vladimir Putin afirma que Estados Unidos colabora con los nazis en Ucrania, mientras que el presidente Joe Biden llama a Putin «criminal de guerra».

Allí arriba, a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS), controlada conjuntamente, el tono es muy diferente: los astronautas estadounidenses viven codo con codo con los cosmonautas rusos; se comunican regularmente con los centros de control de la misión en ambos países; y los suministros llegan a bordo de las naves espaciales rusas y estadounidenses por igual.

Pero a medida que la estación, que ya tiene décadas de antigüedad, se acerca al final de su vida física, algunos expertos temen que la larga época de cooperación ruso-americana esté llegando a su fin.

Durante 23 años, la estación espacial ha flotado por encima de la política del planeta Tierra como símbolo de unidad entre varias naciones del mundo. Se lanzó en gran medida como un proyecto ruso-estadounidense en 1998, cuando parecía posible que los dos archienemigos pudieran empezar desde cero tras la guerra fria. La estación se diseñó de forma que cada parte necesitara literalmente a la otra para sobrevivir: Estados Unidos proporciona la energía, mientras que Rusia mantiene la estación a la altitud y orientación correctas; al depender exclusivamente de los probados sistemas rusos para ciertas funciones, la NASA pudo ahorrar bastante dinero.

En 2011, la interdependencia se hizo aún más fuerte porque, tras dos espectaculares accidentes, la NASA canceló el programa del transbordador espacial, que llevaba regularmente astronautas y suministros a la estación. Sin el transbordador, la agencia espacial dependía del programa espacial ruso para llevar los suministros y a sus astronautas a la estación.

Durante casi una década, Estados Unidos confió en los cohetes Soyuz de Rusia para llevar a sus astronautas a la estación espacial porque necesitaba un transporte, pero también tenía lo que la agencia espacial rusa necesitaba desesperadamente: dinero. La NASA pagó miles de millones de dólares a lo largo de los años por sus asientos a bordo del cohete Soyuz, ayudando a mantener a flote financieramente el decadente programa espacial ruso.

Esta relación simbiótica ha perdurado incluso cuando las cosas en la Tierra se han deteriorado: las guerras, los intentos de asesinato y las acusaciones de intromisión política no han sido suficientes para desviar el rumbo de la estación espacial pero una mezcla de factores geopolíticos y técnicos está provocando ahora un rápido cambio en la colaboración.

Todo empezó a cambiar en 2020, cuando SpaceX comenzó oficialmente a transportar astronautas de la NASA a la estación, poniendo fin a la dependencia de Estados Unidos de los cohetes rusos.

Pero la decisión de Rusia de invadir Ucrania ha tensado casi todos los aspectos de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia y ya ha roto el espíritu de colaboración de Rusia con la NASA y la Agencia Espacial Europea.

¿Podría Rusia abandonar la estación espacial?

En respuesta a las sanciones europeas, el país suspendió los lanzamientos de Soyuz desde el puerto espacial de la ESA en la Guayana Francesa y a finales del mes pasado, el jefe de la agencia espacial rusa, un amiguete de Putin con escasos concimientos científicos y modales de matón del KGB, Dimitry Rogozin, insinuó que Rusia podría anunciar pronto su retirada de la estación espacial aunque cumplirán rigurosamente lo pactado, incluyendo la obligación de avisar con un año de antelación la no aceptación de la prórroga del programa a partir de 2024.

A la NASA le gustaría mantener la estación en funcionamiento hasta 2030, pero los componentes rusos se encuentran entre las partes más antiguas y sólo están certificados para operar hasta 2024. Más allá de esa fecha, Rusia tendrá que hacer algunas inversiones adicionales y parece difícil que tenga la voluntad y los fondos necesarios para llevarlas a cabo.

El problema para Rusia es que éste es el único programa que mantiene activos a sus cosmonautas y, como la actuación del ejército ruso en Ucrania ha puesto de manifiesto, la Rusia de hoy día está lejos de ser una potencia tecnológica capaz de afrontar un programa espacial por sí sola. Baste recordar que, aunque tengan todavía algunos científicos capacitados, el PIB de Rusia es similar al español. ¿Se podría plantear España una estación espacial propia?

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