Boris Johnson consigue superar la moción de censura dentro de su propio partido con un futuro difícil en el Gobierno británico

Después de varios meses de escándalos por el comportamiento de Johnson durante la pandemia, convirtiéndose en el primer primer ministro británico en ser multado por infringir la ley, algunos de sus compañeros conservadores del Parlamento finalmente se armaron de valor para instar un voto formal de confianza sobre su liderazgo del partido.

Si hubiera perdido, aunque fuera por un solo voto, el proceso para sustituirle como líder del partido -y primer ministro- habría comenzado inmediatamente, culminando con un nuevo nombramiento en cuestión de semanas. Sería el sexto líder británico en el espacio de sólo 15 años, un período asombroso de inestabilidad para lo que es habitual en la política inglesa.

Sin embargo, una vez más, este mago entre bambalinas (o charlatán de la Corte, según se prefiera) se las arregló para escapar con vida, con 211 votos contra 148.

Sin embargo, esta «victoria» no es más que el comienzo de la lucha de Johnson por la supervivencia. Todos los jefes de gobierno tories que fueron desafiados a un voto de confianza perdieron el poder poco después, muchos de ellos de forma espectacular. Aunque pudieran aguantar la primra embestida, para Margaret Thatcher, John Major y Theresa May, el mero hecho de ser desafiados desde dentro de su propio partido marcó el principio del fin.

El problema fundamental para Johnson es que ahora es un populista que ya no es popular. Las revelaciones de fiestas de borrachera en el 10 de Downing Street durante los confinamientos han hecho que se extienda la opinión de que no volverá a ganar unas elecciones y el Partido Conservador intentará librarse por todos los medios de este caballo perdedor.

Si para cualquier primer ministro esto es un aprieto mortal, para Johnson, que solo llegó al poder  porque su partido llegó a la conclusión de que era el instrumento necesario para «conseguir el Brexit», es una sentencia de muerte política.

Una de las imágenes que definieron su futuro fue el abucheo al Primer Ministro mientras subía las escaleras de la Catedral de San Pablo para asistir a un servicio de acción de gracias en honor de la Reina, prueba de que había perdido a la gente corriente. Y un populista no puede sobrevivir sin populacho que le apoye.

Es verdad que Johnson no es ni mucho menos el único político que es odiado por los ingleses. Es casi habitual que los residentes del 10 de Downing Street acaben con su prestigio por los suelos. Tony Blair sigue siendo un paria político hasta el día de hoy, David Cameron es una figura a la que todo el mundo puede escupir públicamente y Thatcher una estatua atacada con huevos por los manifestantes de todos los colores. Es una extraña peculiaridad que los peores primeros ministros de Gran Bretaña sean ahora los más populares: Major, May y Gordon Brown. Sin embargo, todos ellos fueron expulsados de su cargo por una ola de desprecio público que empezó cuando ganaron su moción de confianza, justo como acaba de hacer ahora Boris Johnson.

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